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La soledad puede ser un tema vergonzoso del que no nos gusta hablar, ni siquiera admitir. Sin embargo, todos nosotros estamos familiarizados con ella, hasta cierto punto, porque la soledad es una consecuencia ineludible de la caída.

No me sorprende que los lectores soliciten más contenido sobre la soledad. Por esto, permítanme presentarles a Paul Matthies. Paul es cristiano, fue misionero en Asia, y es pastor en Texas. Él es también soltero y ha compartido abiertamente su lucha con la soledad a lo largo de los años. En el verano del 2006, mientras servía como pastor de la iglesia The Village, Matthies predicó una serie de sermones en cuatro partes titulado: “Solos los solitarios”. La serie ofrece una teología bíblica de la soledad que tanto se necesita, y está llena de pensamientos maduros sobre el problema, además de ​​sabias palabras de la esperanza del evangelio para aquellos que padecen su dolor.

Recientemente revisé los cuatro sermones y saqué veinte citas, para así compartir el sabor de la esperanza ofrecida en estos mensajes.

“La soledad es una experiencia humana común. Todos nosotros, ya sea solteros o casados, ya sea por un corto período de tiempo o por una larga temporada, lidiamos con la soledad. ¿Por qué es eso? Eso nos lleva a mi segundo objetivo: la soledad es, en su raíz, un asunto espiritual. Pero a menudo definimos la soledad en términos físicos o emocionales. Creemos que la soledad puede ser definida por la ausencia de personas, ya sea física o emocionalmente. Entonces pensamos: ‘Lo que tengo que hacer para arreglar mi problema de la soledad es tener más gente en mi vida’. Y cuando eso no funciona, pensamos: ‘Bueno, necesito gente más considerada en mi vida’. Por eso digo que definimos la soledad en lo emocional o físico. Pero eso no completa el cuadro, porque la soledad es también la presencia del dolor. La soledad no es solo la ausencia de personas; es la presencia del dolor, el dolor de la separación de Dios y de otros. Comenzó en el jardín del Edén cuando Adán decidió elegir los placeres del pecado y, al hacerlo, heredó el dolor de la soledad”.

“El peor tipo de soledad proviene de nuestro pecado y desobediencia. Lo hacemos nosotros mismos a través de los placeres del pecado… El segundo tipo de soledad es esa soledad que viene sobre nosotros a través de nuestras circunstancias. No toda soledad es culpa nuestra. A veces nos meten en ella… El tercer tipo de soledad viene sobre nosotros a través de nuestra obediencia y valor: la soledad que viene de ser discípulo de Cristo”.

“En Filipenses 3:10 Pablo usa la frase, ‘la participación en sus padecimientos’. A muchos de nosotros nos gusta entrar en la comunión de la alegría de Dios, pero la Escritura también nos llama a la participación en los padecimientos de Cristo. Y a veces no necesitamos evitar el dolor o adormecer el dolor; necesitamos ver ese dolor y pedirle a Dios un gozo más profundo”.

“Tenemos un problema del corazón. Podemos invitar a más personas a nuestras vidas, y podemos invitar a más personas de calidad a nuestras vidas, pero el problema es que eso no resuelve el dolor de raíz, la separación que está sucediendo allí. Tenemos un problema espiritual del corazón, y no necesitamos medicamento. Necesitamos un nuevo corazón, y eso hace necesario un doctor. De esa manera tenemos un fuerte deseo de estar en íntima comunión con Dios y con los demás, pero el problema es que tenemos, en nuestra raíz, un problema de pecado que nubla nuestros corazones”.

“En la raíz de tu problema de soledad no está simplemente la falta de personas en tu vida, o la falta de Dios en tu vida; es la presencia del pecado en nuestros corazones lo que nos separa de Dios y de los demás. Tienes un problema en el corazón, y ese problema es doloroso (mira 1 Jn 1:5-10)”.

“Debido a que Adán eligió los placeres del pecado, la humanidad ha heredado el dolor de la soledad, y el dolor de la separación de Dios y de los demás. En su raíz, la soledad comenzó en el jardín del Edén, y todos somos hijos del Edén”.

“Si estás deprimido y tomas medicamentos, podrías darte cuenta de que tienes un desequilibrio químico que es biológico y te causa soledad. No estoy diciendo que, por el mero arrepentimiento, se arreglará el problema, sino que estoy diciendo que no podemos divorciar nuestras necesidades físicas de las realidades espirituales. Cada vez que nos percatamos que tenemos un cuerpo caído, también debemos reconocer que la razón por la que tenemos un cuerpo caído con un desequilibrio químico es porque heredamos el dolor de la caída”.

“La soledad, en su raíz, es un asunto espiritual. No necesitamos simplemente pasar el rato con más amigos. No necesitamos simplemente aprender a hablar los idiomas del amor. Necesitamos ayuda. Necesitamos un Salvador. Necesitamos un abogado cuyo nombre es Jesucristo. Y nuestro grito desde el corazón no debe ser meramente: ‘Hago cosas malas porque estoy solo, para que alguien venga a hacerme compañía y me haga sentir mejor’. Nuestro grito profundo del corazón debe ser: ‘Estoy solo porque soy un pecador en un mundo oscuro y caído. Dios, ayúdame’”.

“Podemos decir con Romanos 8:28 que Dios usa todas las cosas, incluso nuestra soledad, para el bien de aquellos que le aman, porque nuestra soledad nos lleva a nuestra más profunda necesidad espiritual, que es Cristo. Y también podemos decir con 1 Juan 3:20 que, aun cuando nos sentimos condenados, Dios es mayor que nuestros corazones, y que la soledad no puede separarnos del amor de Dios (Ro. 8:38-39). Tenemos una solución a nuestro problema espiritual, y si nos sometemos al Señor y aceptamos su solución a nuestro problema espiritual más profundo —la obra expiatoria de Cristo en la cruz—, Dios puede atacar la soledad en su raíz y vencer el dolor de la separación en nuestras vidas, el que nos conduce a la separación de Él, que nos conduce a la separación de otras personas”.

“Si estás solo, ¿has pensado alguna vez en venir a Dios y ofrecer esa soledad a Él como un regalo de adoración? Intenta decir: ‘He intentado todo para arreglarlo, y no puedo. He intentado llenarlo con el mundo. He intentado llenarlo con gente. He intentado buscarte. No sé qué hacer con esto. Así que voy a ofrecértelo a ti. ¿Puedes tomar esta cosa fea y hacer de ella algo hermoso?’”.

“La soledad es un desierto, pero al recibirla como un don, aceptándola de la mano de Dios, y ofreciéndosela de nuevo con acción de gracias, puede convertirse en un camino hacia la santidad, hacia la gloria, y hacia Dios mismo” (Elisabeth Elliot).

“El desierto es la estación de nuestras vidas donde Dios, a través de nuestra soledad, nos enseña que su voluntad es hacer algo en nosotros, no simplemente hacer algo por nosotros. Es decir, al caminar por fe y no por vista, Él moldea en nosotros una fe más fuerte que lleva a una adoración más profunda, que da lugar a una alegría más grande.”

“Al escuchar la música que nuestra cultura escucha, me doy cuenta de que todos nosotros oscilamos entre la soledad como nuestro problema, a la soledad como una solución a nuestro problema… Al principio vemos la soledad como un problema, pero luego pensamos que tal vez es una solución a nuestros problemas. Y estoy aquí para decirles que no somos las primeras personas en la historia de la humanidad en escoger la soledad”.

“Dios no solo viene y se sienta con nosotros; también nos permite disfrutar de los placeres de su presencia. No es que Él solamente venga con un mensaje; Él viene con un mensaje de esperanza, un mensaje de alegría, y dice: ‘Yo nunca te dejaré, ni te desampararé. Y voy a darte nuevos ojos, y voy a darte mucha fe, y te voy a dar un nuevo propósito. Te amo donde estás, pero no te voy a dejar donde estás. Yo estoy por ti, no contra ti, y te voy a dar lo que es el deseo más grande de tu corazón. Pensaste que estabas escondido, pero en realidad, te estaba preparando para que me encontraras. Eso es lo que necesitas. Necesitas un encuentro conmigo’. Y es en ese momento que descubrimos la alegría del lugar secreto. No es eliminar nuestros problemas; es el don de la presencia de Dios con nosotros. No es que escapemos de nuestras grandes pruebas y tribulaciones; es la gran alegría de saber que Él nos llama ‘amigo’”.

“La soledad es tratar de huir de la presencia de las personas, y de las presiones de la vida, y de alejarse de la realidad, pero estar a solas es experimentar la realidad de la presencia de Dios, correr al lugar secreto no para escapar, sino para disfrutar de la presencia de Dios”.

“El lugar secreto puede ser ese lugar o estación en nuestras vidas en la que huimos de la gente y de las circunstancias, sentimos que el mundo está en contra de nosotros, y abrazamos la soledad solo para encontrarnos con Dios y aprender que Él está por nosotros, y entonces experimentar el estar a solas”.

“Aprende a luchar por tener comunidad. Dios quiere que te comuniques intencionalmente con Él, pero también te quiere en una comunidad intencional. No puedes simplemente quedarte con Él para siempre. No te está llamando a ser un monje. Te está llamando a salir y hacer discípulos, y a que regreses a tener comunidad”.

“Déjenme decir una palabra muy personal a los solteros. Para la mayoría de nosotros el mayor temor en el mundo es que, de cierta manera, siempre seremos la dama de honor y nunca la novia, y la esperanza que este pasaje nos da es que Dios es digno de adoración sin importar si morimos solos y en oscuridad (Jn 3:23-30). Él puede ser nuestra alegría plena. Puede llenarnos de alegría. ¿Por qué? Porque mientras que Jesús sea exaltado, tenemos la gran promesa de que el que está por encima de todo, puede llenarnos de gozo, y aunque podamos ser olvidados, mientras las obras del Señor no se olviden, nuestra alegría puede ser completa. Y Dios es digno de adoración, incluso si morimos en oscuridad”.

“Cuando me volví hacia Dios y le entregué mi soledad, empecé a sentir la presencia de Dios trabajando en mi vida otra vez. Empezó a hacerme preguntas como esta: ‘Si te pidiera que te mudes al extranjero, ¿irías? Si fueras soltero tu vida entera, ¿caminarías en pureza? Si a nadie le gustara una sola palabra que te pidiera que hablaras, ¿predicarías? Si tu trabajo siguiera siendo difícil, ¿me servirías? Si nunca solucionara tus problemas, ¿me adorarías? Si nunca te diera un amigo fiel de nuevo, ¿amarías a tu prójimo como a ti mismo? Si el evangelio fuera ofensivo para todos los incrédulos que conoces, ¿seguirías compartiendo tu fe?’. Y la pregunta subyacente detrás de todo lo que Dios me decía al corazón era esta: ‘¿Sigo siendo digno de adoración?’”.

“Dios se acercó a Adán en el huerto del Edén y dijo: ‘No es bueno que el hombre esté solo’ (Gn. 2:18), no porque Adán estuviera solo, sino porque hacía una declaración sobre sí mismo. Estaba diciendo: ‘No es bueno que el hombre esté solo, porque un hombre no puede glorificarme solo’. Dios crea una raza entera de personas para glorificarlo… La panoplia de dones es esencial para que la Iglesia funcione como Dios quiere. Los portadores de la imagen no son llaneros solitarios, y vemos la gran verdad bíblica de que Dios no nos ha dado gente para completarnos, sino para complementarnos, mientras buscamos glorificarlo juntos en comunidad”.

“A veces llamamos ‘soledad’ a lo que la Palabra de Dios llama un anhelo de intimidad sin obstáculos con Él y con los demás. Y empezamos a pensar que otras personas pueden darnos lo que solo Dios puede dar. Y me sorprende cuán a menudo llamo ‘soledad’ a lo que en realidad es un gemido por la redención. Y en vez de intentar adormecerlo, debería abrazarlo y tratar de darme cuenta de que es un buen regalo de Dios para mí el recordarme que este mundo no es mi hogar”.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Raúl Caban.
Imagen: Lightstock
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