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Durante años, sentí una doble presión a la hora de leer y estudiar la Biblia.

Por un lado, tenía un sentimiento de legalismo que me obligaba a leer la Palabra para ganar la aprobación y la bendición de Dios, y así demostrar que era un «buen cristiano». Por otro lado, una voz sutil me susurraba: «No es necesario; al fin y al cabo, Dios ya te salvó y leer la Biblia no cambiará nada».

Ambas presiones dejaron mi corazón apático y mi relación con Cristo se volvió fría. Leer la Biblia se sentía como una pesada carga. Solo cuando reconocí que llegaba a la Escritura con una mala disposición arraigada en una visión distorsionada de Dios pude iniciar un proceso de cambio. Desde entonces, he podido experimentar el deleite de acercarme a las Escrituras.

No leemos la Biblia como quien consulta una enciclopedia, sino para ver y encontrarnos con una persona: Jesús

Hay algo fundamental en la lectura y el estudio de la Escritura que no debemos dejar de lado: la disposición del corazón. A diferencia de cualquier otro libro, la actitud y la fe con la que nos acercamos a la Biblia influye profundamente en lo que recibimos de ella.

Estudiar la Biblia no se trata de marcar casilleros ni de tener los mejores recursos de apoyo, sino que es un asunto espiritual. Entender esto cambió mi forma de leer y estudiar la Palabra. Al meditar en esto, recogí ocho disposiciones del corazón que los cristianos debemos cultivar al abrir la Biblia.

1. Dependencia del Espíritu Santo

Para leer y estudiar la Biblia bien, necesitamos depender del Espíritu Santo, de modo que ilumine nuestra mente y nuestros corazones (Ef 1:17-18). Después de todo, fue Él quien la inspiró (2 P 1:21-22). Sin Su iluminación no hay verdadero conocimiento: «Leer la Biblia sin el Espíritu es como intentar leer un mapa en una cueva; sin alguna fuente de luz, el mapa puede estar justo delante de ti, pero nunca sabrás qué camino tomar» (T. P. Jones, How We Got the Bible, p. 20)

Por lo tanto, cualquier lectura o estudio bíblico debe comenzar por la dependencia de Dios en oración, pidiéndole que abra nuestros ojos y nos dé entendimiento (Sal 119:18, 27).

2. Búsqueda de Dios

En muchas ocasiones nos acercamos a la Biblia con nuestra propia agenda y objetivos. Nos preguntamos, ¿qué es lo que Dios tiene para mí? Queremos que nos dé recetas para conseguir trabajo y tomar buenas decisiones. Sin embargo, las Escrituras dan a conocer a Dios en primer lugar. La Biblia nos invita a «venir y ver» por la fe, a tener un encuentro con Dios en el Cristo revelado en sus páginas (cp. Jn 1:39).

Esto no quiere decir que Dios no vaya a responder nuestras inquietudes. Él se alegra cuando venimos a Él con honestidad y en busca de Su sabiduría para nuestras vidas. Pero a lo que me refiero es al motivo principal que moldea nuestro acercamiento a Su Palabra.

Entonces, una mejor pregunta al leer y estudiar la Biblia es: ¿Qué es lo que me enseña sobre Dios? No leemos la Biblia como quien consulta una enciclopedia, sino para ver y encontrarnos con una persona: Jesús.

3. Mentalidad de peregrino

En el Antiguo Testamento, Dios estableció que los israelitas celebraran festivales en Jerusalén al menos tres veces al año (Éx 23:14-17; Dt 16:16). Estas peregrinaciones reunían al pueblo para participar en las ceremonias religiosas que hacían memoria del pacto con el Señor. Eran expresiones de devoción y adoración a Él.

Cuando leemos y estudiamos la Biblia de manera correcta, no buscamos dominar el texto sino ser dominados por él

Sin embargo, las peregrinaciones no eran solo un recordatorio, sino también una imagen y metáfora de la vida espiritual de Israel. Ser peregrino no era simplemente viajar largas distancias, sino una actividad de fuerte compromiso espiritual, con un propósito y un destino final: encontrarse con Dios y adorarle.

Leer la Biblia como peregrino significa alejarse de la mentalidad de turista. Imagina una persona que está de vacaciones en una isla exótica. Recorre los lugares más bonitos, toma fotos y prueba la comida típica. Se interesa por algunos datos curiosos, pero no mucho más. Está más enfocado en disfrutar y regresar a casa con un recuerdo para poner en su refrigerador. Su visita es breve y quiere pasarla bien.

Esta mentalidad de turista en la lectura bíblica es la que busca una frase inspiradora, una «revelación» rápida o una solución fácil a sus problemas. Es una pena que muchos creyentes nos hemos acostumbrado y contentado con este acercamiento a la Palabra de Dios.

Nuestra lectura de la Escritura no debe ser liviana, como el paseo de un turista, sino comprometida como la búsqueda de un peregrino. Un lector turista mantiene distancia y se conforma con sentirse bien. Un lector peregrino está dispuesto a esforzarse para lograr su meta de adorar a Dios.1

4. Anhelo de ser como Cristo 

Cuando leemos y estudiamos la Biblia correctamente, no buscamos dominar el texto sino ser dominados por él, para que, de esa manera, Dios nos transforme a la imagen de Cristo.

Nuestra formación como discípulos se produce a través de la exposición continua a las Escrituras (Sal 119:9-16). No podemos pretender ser como Cristo sin alimentarnos continuamente de Él, de quien habla toda la Biblia (Lc 24:44-45; Jn 5:39; 1 P 1:10-12).

El desarrollo actual de la tecnología, la inteligencia artificial y el énfasis en la productividad han provocado que busquemos resultados instantáneos, atajos y verdades rápidas. Pero la transformación duradera no viene a través de tácticas y métodos sofisticados ni sucede de la noche a la mañana. Se trata de un proceso lento, como el agua que pasa sobre las rocas en un río. No podemos percibir la transformación, pero con los años las piedras terminan bien pulidas y sin asperezas.

Así es la santificación en nuestro caminar diario con Cristo, un proceso que se vive aferrado a la Palabra de Dios. Ella es poderosa para transformar y equipar a los creyentes para toda buena obra (2 Ti 3:14-17), a la imagen de Jesús.

5. Deleite 

Imagina un banquete preparado con los platos más exquisitos, con aromas y colores intensos, donde cada plato fue hecho con cuidado por manos expertas. Pero en vez de sentarte a la mesa, entras corriendo, tomas un bocado de pie y sigues de largo, apurado por la siguiente tarea del día. El banquete no falló, lo que falló fue tu capacidad de disfrutarlo.

Nos deleitamos al leer las Escrituras porque allí es donde tenemos un encuentro con Dios, nuestro mayor tesoro y deleite

Así tratamos muchas veces a la Biblia: un banquete preparado por Dios que devoramos de pie y a las carreras, sin saborear ni una sola frase. Debemos luchar contra esa inclinación de nuestro corazón natural a amar otras cosas y no lo que realmente importa.

Fuimos creados para Dios y solo tendremos completa satisfacción en Él (Sal 37:4; 16:11). Es a través de la lectura de las Escrituras, la oración y la obra del Espíritu Santo que Dios ordena nuestros deseos y afectos para amarlo por encima de todas las cosas y verlo como el fin último de nuestra vida. Nos deleitamos al leer las Escrituras porque allí es donde tenemos un encuentro con Dios, nuestro mayor tesoro y deleite.

6. Paciencia

Como dije, una de las principales razones por las que no disfrutamos el estudio bíblico es por nuestra prisa. Vivimos en una cultura que recompensa la gratificación instantánea y los resultados inmediatos. Pero una lectura apresurada nos impide escuchar todo lo que Dios tiene para nosotros.

Además de la prisa, este mundo también nos anima a depender mucho de nuestras emociones cambiantes. Pero si nuestros hábitos para leer y estudiar la Biblia están fundamentados en nuestras emociones y estados de ánimo, es probable que la mayoría de las veces prefiramos no hacerlo.

Lo que nos ayuda a leer y estudiar la Palabra en este mundo apresurado y en medio de nuestros vaivenes emocionales es construir un hábito con paciencia. Son los pequeños actos de obediencia y disciplina los que nos darán mucho fruto en el tiempo. Por eso, mi recomendación es que no te enfoques en «metas de lectura», sino en cultivar el hábito. Las metas se acaban, pero la disciplina se mantiene y orienta el corazón continuamente hacia Dios.

7. Seguridad en el evangelio

La forma en que leemos la Biblia está directamente relacionada con nuestra doctrina de Dios. Dependiendo de la perspectiva que tengamos de Él, así será nuestra aproximación a Su Palabra.

Por ejemplo, si vemos a Dios como un policía, reduciremos las Escrituras a instrucciones para modificar el comportamiento. Si vemos a Dios como un padre enojón, quizás utilicemos la Biblia para ganar Su favor y aceptación.

Leer y estudiar la Biblia a solas debe estar acompañado por la predicación de cada domingo y la vida congregacional

Cuando leemos y estudiamos la Biblia, debemos hacerlo con los ojos puestos en la obra redentora que Dios proveyó en Cristo. Descansamos en el sacrificio suficiente de Jesús y en la gracia abundante que obtenemos a través de la fe en Él. Gracias a Jesús, podemos tener comunión plena con Dios y disfrutar de Su amor.

Solo así podemos acercarnos a la Biblia para tener un encuentro con Él, sin sentir miedo, culpa ni condena por nuestra pequeñez e imperfección.

8. Comunión con otros

Por último, es vital recordar que la lectura y el estudio de las Escrituras no fueron concebidas como actividades solitarias y privadas.

Nuestra cultura actual nos empuja al individualismo incluso en nuestra vida cristiana. Por eso en muchos círculos evangélicos se enfatiza con exceso el «tiempo a solas con Dios», el «lugar secreto» o «yo y mi Biblia». Pero la devoción personal es tan importante como la comunión con la iglesia; leer y estudiar la Biblia a solas debe estar acompañado por la predicación de cada domingo y la vida congregacional (He 10:25).

Dios nos dio pastores y maestros, como otros hermanos y hermanas maduros, quienes nos ayudan a fortalecer nuestra fe. Ese es el diseño de Dios, que juntos podamos hablar y andar en la verdad y el amor.

¿Cuáles de estas disposiciones del corazón necesitas considerar en tu lectura y estudio de la Biblia? Espero que, al meditar en ellas, puedas recuperar el entusiasmo y el compromiso con la Palabra de Dios. La plenitud de vida se encuentra en conocer a Cristo, el verdadero gozo de leer y estudiar la Biblia.


1. Esta ilustración de leer la Biblia como peregrino viene de Jonathan Pennington, «Come and See: the journey of Knowing God through Scripture» (Wheaton, Illinois: Crossway, 2023). ↩
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