¿Puede la mentira ser justificada en alguna ocasión?

Este es un fragmento adaptado de Vivir con integridad y sabiduría: Persigue los valores que la sociedad ha perdido. Miguel Núñez. B&H Publicaciones. Para más información sobre el autor y el libro, visite este enlace.

En algún momento de su vida, todo ser humano ha tenido que enfrentar un dilema ético relacionado con decir la verdad.

Aunque hay evidencia en las Escrituras de que el Señor desprecia y condena la mentira, lo cierto es que en la Biblia encontramos algunos casos particulares en los cuales Dios pasó por alto la mentira. Al leer estas historias bíblicas, muchos se preguntan si la mentira puede ser justificada en alguna ocasión.

Antes de poder dar respuesta a esa inquietud, necesitamos conocer y entender lo que Norman Geisler, teólogo y apologista cristiano, definió como absolutismo graduado en su libro Christian Ethics: Contemporary Issues and Options [Ética cristiana: asuntos contemporáneos y opciones].

Entendiendo el absolutismo graduado

El absolutismo graduado es un sistema ético que está arraigado en Dios y Su Palabra, y que se basa en tres premisas que explicaremos a continuación.

1. Existen leyes morales que pueden entrar en contradicción y, ante ese conflicto moral, algunas leyes toman preponderancia sobre otras.

Quizás Jesús mejor que cualquier otro explicó cómo leyes que regulan principios morales pueden entrar en contradicción, y en esos casos, debemos decidir honrar un principio de Dios sobre otro principio también de Dios, como vimos más arriba.

Él mismo ilustró este conflicto en Mateo 12:1-8. Allí, el principio del sostenimiento de la vida tomó preponderancia sobre la prohibición de comer el pan consagrado del templo.

También en Mateo 23:23 aprendemos que no tiene sentido diezmar con fidelidad para Dios mientras no expresamos misericordia hacia los demás. Si tuviera que dejar de diezmar en un momento para comprar un medicamento que va a salvar la vida de alguien, es obvio cuál de estos dos principios debería tomar el primer lugar: el principio de la dignidad de la vida.

Con esta enseñanza, Jesús nos deja ver que hay leyes morales que tienen mayor peso, es decir, que son superiores a otras (ver también Mateo 22:36-38).

2. En algún momento de nuestra vida, nos encontraremos con conflictos morales.

Durante el tiempo de la conquista, el Señor mandó a Josué a eliminar a todos los habitantes de la tierra prometida. Sin embargo, no mucho tiempo antes, Él le había dado al pueblo de Israel los diez mandamientos. Uno de ellos: No matarás.

Esta nueva ordenanza de parte de Dios debió representar un conflicto moral para Josué. ¿Cuál de estas dos ordenanzas debía cumplir Josué? ¿O acaso debía ignorar ambas? Pero si no cumplía cualquiera de ellas estaría desobedeciendo y, por consiguiente, pecando contra Dios.

Sin embargo, Josué entendió la necesidad de obedecer a Dios en la toma de Jericó. La ordenanza de «no matarás» es para el hombre, pero Dios que es dador, sustentador y dueño de la vida, puede ordenar hacer algo que viola este primer principio; en cambio, el hombre no lo puede hacer.

Cuando alguien miente para salvar vidas humanas, viola un absoluto menor para guardar uno mayor. Y un ejemplo de esto lo encontramos en Éxodo 1:16-21. Allí leemos que las parteras de las hebreas tenían temor de Dios y mintieron con el propósito de salvar vidas. Como resultado, Dios no solo las exoneró de culpa, sino que Él prosperó a sus familias.

De manera similar, en el Antiguo Testamento encontramos la historia de Rahab, una ramera que escondió en su casa a los dos espías que Josué había enviado para explorar la tierra de Jericó y a quienes luego envió por otro camino protegiendo así sus vidas de aquellos que los perseguían. De acuerdo al testimonio de las Escrituras, es gracias a esta acción que hoy su nombre se encuentra en la lista de los héroes de la fe que menciona el capítulo 11 del libro a los Hebreos.

Estos son ejemplos que podemos encontrar en la Palabra de un absoluto menor (el llamado a ser veraces) quebrantado para salvaguardar un absoluto mayor (el respeto a la vida humana). De igual manera, estos ejemplos que acabamos de mencionar también nos sirven para ilustrar cómo la misericordia puede prevalecer por encima de la veracidad en algunos casos, que ciertamente representan por mucho las excepciones y no las reglas.

3. Dios no culpa a la persona cuando viola una ley menor para guardar una mayor.

En Mateo 12:1-8, Cristo responde al cuestionamiento que le hicieron los fariseos de por qué sus discípulos recogían espigas en el día de reposo, algo que según ellos estaba prohibido por la ley.

Jesús les recuerda cómo el rey David había violado la ley al comer de los panes consagrados para el templo, y sin embargo Dios no se lo había tomado en cuenta; y cómo los sacerdotes que sirven en el templo también profanan el día de reposo, pues se la pasan trabajando y sirviendo durante todo el día, pero a pesar de ello dice la Palabra que están sin culpa (Mat. 12:5).

De esta manera, cuando quebrantamos una ley menor a expensas de cumplir una ley mayor, Dios nos exonera. Pero si quebrantamos cualquier ley de Dios para nuestros propios beneficios, ya no estamos hablando del mismo principio. Hago la aclaración para que el lector no vaya a creer que cada vez que él determine que un principio es mayor que el otro, él tiene licencia para justificar las excepciones.

Algunas observaciones sobre absolutismo graduado, el relativismo, y la ética situacional

El absolutismo graduado es la posición que acabamos de explicar; el relativismo es la posición filosófica que entiende que todas las ideas son igualmente válidas y que no existen valores absolutos, sino que la verdad es relativa a cada individuo y cultura. La ética situacional es la creencia filosófica popularizada en la década de los 70 por Joseph Fletcher cuando publicó su famoso libro Ética situacional, que plantea que la ley del amor es el único principio ético al cual está sujeto todo ser humano.

El absolutismo graduado cree en la existencia de valores absolutos, mientras que el relativismo y la ética situacional no creen en absolutos. El máximo valor en el absolutismo graduado es la Palabra de Dios, mientras que en el relativismo la fuente de la verdad es la opinión individual, y en la ética situacional es el amor.

Por otra parte, en el relativismo nos encontramos con que hay excepciones a las reglas, pues todo es relativo y no hay nadie que tenga la verdad absoluta. De la misma manera ocurre en la ética situacional, pues todo va a depender de lo que el amor determine en cada situación. En el absolutismo graduado no hay excepciones a la regla.

Cuando una persona miente para salvar una vida, no estamos hablando de que se hizo una excepción en ese caso en particular para considerar la mentira como buena. Lo que sí hubo fue una exoneración. Es decir, la mentira que se dijo para salvar una vida sigue siendo mentira, pues no se encuentra arraigada en el carácter veraz de Dios; pero como Él es soberano, puede exonerar a la persona que tomó una decisión en favor de un absoluto mayor por encima de uno menor. Se trata entonces de una exoneración de la culpa, no de una excepción a la regla. Por ejemplo, cuando se habla de que los sacerdotes profanan el día de reposo y están sin culpa, lo que Dios ha hecho en ese caso en particular es una exoneración, no una excepción.

Por otra parte, la única razón por la que Dios puede exonerar al pecador de las consecuencias en estos casos es justamente porque Cristo fue a la cruz y pagó por cada uno de esos pecados que luego permiten la exoneración de parte de Dios cuando estos absolutos entran en conflictos.

Imagen: Lightstock
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