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6 principios para compartir tu testimonio

Me encanta contarle a las personas sobre mi historia espiritual. Siempre es emocionante compartir el testimonio de cómo Cristo vino a mi vida y me convirtió en una persona diferente. Es bastante fácil de hacer porque se trata de la historia de mi relación restaurada con Dios que llegó sin ningún esfuerzo de mi parte, solo únicamente a través de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

En más de dos décadas trabajando como ministro a tiempo completo, he aprendido que los testimonios personales son una de las herramientas más influyentes que el Espíritu Santo usa para despertar el interés espiritual y apuntar a Cristo. No hay forma más conmovedora y poderosa de comunicar el evangelio que compartiendo nuestra historia, no porque nosotros seamos grandiosos, sino porque Jesús lo es.

Los testimonios personales son una de las herramientas más influyentes que el Espíritu Santo usa para despertar el interés espiritual y apuntar a Cristo

Tu historia te representa de una manera auténtica y exclusiva. Es versátil y se puede utilizar en una variedad de situaciones, desde compartirla de forma individual o en un grupo. No es un debate, no es agresivo, no es falso y no se siente como una propaganda religiosa, ya que proviene de tu corazón. Muy rara vez la gente discutirá contigo sobre tu historia. De hecho, es más probable que se involucren y hagan preguntas aclaratorias, lo que a su vez lleva el diálogo sobre Jesús a un nivel más personal.

Seis principios simples

Si nunca has pensado en preparar y comunicar tu historia, está bien (la mayoría de los cristianos no lo han hecho). Aquí hay seis principios simples para comenzar.

1. Sé breve

Comunicar demasiados detalles sobre tu vida puede distraer a los oyentes del punto central: cómo conociste a Cristo. Mantener la brevedad puede ayudarte con eso. Un buen objetivo es poder hacerlo en tres minutos. Recuerda que el propósito de contar tu historia no es para resaltarte a ti; se trata de Dios. Comunica de forma clara y sucinta lo que Él ha hecho en tu vida. Los oyentes de hoy tienen una tolerancia muy baja a los discursos largos. Ser conciso ayuda a mantener a las personas involucradas.

2. Tener un antes, un cómo y un después

Tu historia debe tener una línea de tiempo bastante clara y un flujo lógico. Habla sobre cómo era tu vida antes de Cristo, cómo lo conociste y cómo es tu vida ahora. Esta línea de tiempo es diferente para todos, por supuesto, pero aporta un sentido de estructura a lo que estás diciendo y ayuda a que tus oyentes puedan mantener el seguimiento.

Para aquellos que han sido cristianos desde la niñez, sean vulnerables sobre sus luchas como cristianos en crecimiento; el “cómo” puede ser un momento en el que el evangelio realmente caló y lo entendiste a un nivel más profundo. La historia de todos es única y hay flexibilidad en cómo compartirla, pero pensar en términos de una línea de tiempo puede ser muy útil.

3. Ten un tema

Un tema ayuda a las personas a alejarse de tu historia recordando una idea principal. Puede haber muchos temas en tu historia, pero trata de reducirlos a uno. Cargar tu testimonio con múltiples puntos principales hace que tu historia sea más confusa, no más conmovedora. Es mucho más probable que las personas se queden pensando en tu historia cuando hay un tema único y memorable.

4. Presenta el evangelio de manera clara

Quieres que las personas comprendan claramente la fuente de tu transformación: Jesucristo. Si las personas no son apuntadas hacia Cristo, serán apuntadas en otra dirección, lo que (por supuesto) finalmente les fallará. Queremos que la gente salga de nuestra historia pensando: “¿No es Jesús asombroso? Yo también quiero a Jesús en mi vida”.

Si no has compartido el evangelio en tu testimonio, realmente no has compartido tu testimonio

Tu testimonio debe mostrar a las personas que Dios los ama, que son pecadores, que Jesús es el pago por la pena de su pecado y que necesitan confiar en Cristo como el pago por la pena de sus pecados para tener una relación personal con Dios.

No caigas en la tentación de omitir esta parte de tu historia, es el elemento más importante. Es el mensaje que cambió todo sobre ti y te trajo a donde estás ahora. Si no has compartido el evangelio en tu testimonio, realmente no has compartido tu testimonio.

5. Evita hablar “cristiañol”

Evita la jerga cristiana, esas palabras que los creyentes usan todo el tiempo en los círculos cristianos cotidianos, pero que no tienen sentido para nadie más. Estamos tratando de ser claros sobre lo que estamos comunicando y necesitamos entender la importancia de hablar un idioma que se pueda entender con facilidad. Queremos que todo el mundo tenga acceso intelectual a lo que estamos diciendo, así que elimina el lenguaje alienante (o al menos debes estar dispuesto a definirlo rápidamente).

6. ¡Practica, practica, practica!

Debes conocer tu testimonio de memoria sin tener notas o bosquejos frente a ti. Si alguien te pregunta sobre tu vida en la piscina pública, no podrás sacar una hoja de papel como referencia, así que memoriza tu historia y tenla lista para cualquier momento. Una buena idea es escribirla o hacer un bosquejo y luego practicarla en voz alta por tu cuenta o con un amigo. Eventualmente la sabrás de memoria.

Tu historia como parte de la historia de Dios

Mientras te preparas, recuérdate a tí mismo que no se trata solo de cómo Dios y el evangelio encajan en tu historia, sino también de cómo tu historia encaja en la gran historia del evangelio. Dios usará tu testimonio para afectar a quienes te rodean si eres fiel en compartirlo. La historia de cómo Él te ha cambiado a ti puede cambiar a otra persona. ¿No es eso asombroso?

Recuerda que no se trata solo de cómo Dios y el evangelio encajan en tu historia, sino también de cómo tu historia encaja en la gran historia del evangelio

Tu testimonio es significativo porque es el milagro personal de cómo Dios transformó tu corazón de piedra en un corazón de carne y solo tú puedes dar testimonio de ese milagro de manera única. Él ha estado detrás de cada detalle de tu vida, aun usando las cosas feas y terribles para formarte y modelarte con el mayor cuidado y atención. Él aún está trabajando contigo en este momento. ¡Qué gozo contarles a otros de su obra milagrosa!


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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