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Los veinte siglos de historia de la Iglesia registran la redacción de incontables escritos sobre las doctrinas de nuestra fe. Frente a esto algunos podrían preguntarse si realmente necesitamos más publicaciones ante tanta literatura cristiana. Me atrevo a decir que sí, por eso te presento tres razones por las que creo que debemos seguir reflexionando y escribiendo sobre teología.

1) La riqueza de la Biblia es abundante

Sería un error pensar que teólogos como Agustín, Lutero, Calvino, Edwards, Sproul entre muchos más, dejaron escrito todo lo que la Palabra tiene que enseñar. La verdad es que la Biblia, por ser la palabra del Dios eterno, posee una riqueza incomparable e inagotable de instrucción y aplicación. Por esta razón, Pablo describe el origen, el papel y los beneficios del estudio profundo y consciente de la Biblia:

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra”, 2 Ti. 3:16-17.

En otras palabras, las Sagradas Escrituras son un mar profundo de enseñanza divina; su mensaje trasciende el tiempo y las culturas (1 P. 1:24-25). Esto nos invita a sumergirnos en ellas para la edificación del pueblo de Dios, ya que aún hay verdades que aprender y aplicar.

Sería un error pensar que los teólogos del pasado dejaron escrito todo lo que la Palabra tienen que enseñar

2) Los desafíos teológicos y culturales de cada generación

Otra razón por la que debemos continuar produciendo material teológico es por causa de los nuevos retos que enfrentamos. Hoy, como en tiempos de Pablo y Timoteo, las personas se apartan de la verdad; creen y enseñan conclusiones teológicas y éticas que no reflejan la verdad de las Escrituras. Pero así como en los tiempos bíblicos, hoy la solución es la correcta enseñanza de la palabra de Dios.

Esto significa que los líderes debemos enseñar a la Iglesia sobre los errores de aquellos que se apartan de la verdad para adoptar mitos actuales (Ef. 4:11-12). Así que, mientras haya filosofías o existan amenazas doctrinales, habrá necesidad de escribir bíblica y teológicamente al respecto. No hacerlo será desobedecer el mandato de Dios de enseñar la palabra.

Además, habría consecuencias trágicas si no aplicamos la Biblia a los desafíos culturales y doctrinales de hoy. Por ejemplo, ¿te imaginas si no hubiera literatura que evidenciara los errores de la teología de la prosperidad y de movimientos como el apostólico y profético?

¿Cómo sería si la Iglesia no hubiera condenado las herejías como el arrianismo en el Concilio de Nicea? ¿Qué pasaría si los líderes evangélicos de hoy no escribieran sobre la perspectiva bíblica de la familia y la sexualidad? Entonces, para evitar las terribles consecuencias de no hacer nuestro trabajo, debemos aplicar las verdades bíblicas a todos los retos culturales y doctrinales que surjan en nuestras ciudades.

Por errores en las enseñanzas de unos, otros reflexionaron para producir nuestras más grandes confesiones de fe

3) Seguiremos el ejemplo histórico de la Iglesia

Los registros históricos revelan que la Iglesia ha respondió bíblicamente a los desafíos que se le presentaron. Por ejemplo, durante el siglo II la Iglesia se vio atacada por falsas acusaciones, pero Dios levantó apologistas como Justino Mártir y Taciano que la defendieron con sabiduría y elocuencia.

También, surgieron movimientos heréticos como el gnosticismo, el pelagianismo, y el arrianismo ante los cuales la Iglesia no guardó silencio. Bajo la providencia de Dios grandes teólogos ayudaron a los creyentes a no desviarse de la verdad bíblica.

Por lo tanto, si dejamos de reflexionar y escribir sobre los diferentes movimientos antibíblicos de nuestros días, no solo desobedecemos al mandato de Dios y sufriremos terribles confusión doctrinal, sino que también romperemos el patrón o modelo que ha seguido la Iglesia durante siglos y que ha probado ser imprescindible.

Comentario final

No hay duda de que esta tarea es necesaria para la Iglesia. Sin embargo, también es importante entender las motivaciones por las que los pastores y teólogos deben reflexionar y escribir. Los líderes deberíamos escribir:

1) Por amor a Dios y a su verdad; 2) por amor a la Iglesia, para que crezca en conocimiento de Dios y sepa contender por la pureza doctrinal de la Biblia (Jud. 3); y 3) Debemos hacerlo con humildad, para exaltar el nombre Dios y la supremacía de su Palabra.

Después de todo, así como toda generación que llega se va, un día debemos pasar la estafeta. ¿Estamos preparando a la siguiente generación para que conozca íntimamente a Dios, y no suceda lo que en Jueces 2:10?

Por todo esto, unámonos a la oración del salmista, que dijo: “Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Señor, roca mía y redentor mío” (Sal. 19:14).

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