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Parece que muchos de los movimientos progresistas no son amistosos con el cristianismo histórico. Nos llaman retrógradas, dicen que nos oponemos a la ciencia, y sinceramente mucha de su retórica hacia los cristianos es agresiva.

Para comprender a qué se debe esto, necesitamos entender la filosofía detrás del progresismo, la idea de que la sociedad debe progresar hasta alcanzar un nivel de utopía. En el pasado, esto se pretendía lograr por medio de ideas económicas marxistas que buscaban que el hombre llegara a su máxima expresión al ser librado de presiones financieras. En el presente, esto se pretende por medio de ideas similares aplicadas principalmente a la sexualidad. Estas ideas deben mucho al filósofo Jean-Jacques Rousseau, quien declaró que el hombre es bueno por naturaleza y que los sistemas son los que lo corrompe.

La diferencia con el cristianismo

Según lo define James Lindsey en su libro Cynical Theories (Teorías cínicas) y Rob Dreher en Live Not By Lies (No vivas de mentiras), el progresismo actual considera que la mayor opresión al ser humano es la represión sexual que no permite que las personas se identifiquen como desean, y le dice que deben ajustarse a construcciones sociales sobre la sexualidad. Por tanto, la cosmovisión cristiana es el enemigo número uno de esta filosofía. La cosmovisión cristiana desea conservar valores morales y familiares, y tiene parámetros sobre la conducta, mientras el progresismo desea expandir ilimitadamente la “libertad” sexual de las personas.

El cristianismo es conservador en preservar las instituciones que permiten al ser humano someterse a los estatutos de Dios. No hablo de conservar instituciones de gobierno, porque al final del día los creyentes somos seres de otro reino. Pero todo cristiano debe estar de acuerdo en conservar la familia y la iglesia como están definidas por Dios en la Biblia. En cierta forma, el cristianismo es la última línea de defensa contra el progresismo moral. No todos los creyentes deben definirse como conservadores políticos, pero todos los creyentes deseamos conservar la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer, y deseamos conservar la institución de la iglesia sin intervención del estado.

El movimiento progresista ha elevado el valor de la sexualidad dándole identidad al ser humano por medio de su definición sexual. A fin de cuentas, todo ser humano en rebeldía a Dios puede determinar cómo definir su sexualidad y por ende definir su identidad. Por otro lado, los creyentes creemos que Dios define las normas de la sociedad y la sexualidad. No deseamos experimentar liberación por medio de la sexualidad; lo que nos da identidad es ser uno con Cristo y lo que anhelamos es ser liberados de los efectos del pecado.

Un llamado a los creyentes

Mis palabras de ánimo para los creyentes es que no nos alineemos con movimientos actuales simplemente por las políticas que desean implementar hoy, sino que más bien estudiemos hacia dónde se dirigen. Por ejemplo, los movimientos progresistas desean desestabilizar la familia y adoctrinar a nuestros hijos. Por eso insisten en incluir currículos de sexualidad progresista en las escuelas. Sin importar si estás de acuerdo con esa filosofía, si le entregas al estado la capacidad de decidir que aprenderán tus hijos hoy, ¿cómo vas a protegerlos mañana de que le enseñen algo que no deseas para ellos? 

Creyente, no apoyes ciegamente a alguien solo porque hoy te da algo que te interesa. Piensa lo que eso te puede costar mañana. Somos responsables de preservar la iglesia y la familia para que ambas instituciones puedan cumplir su función en la sociedad en paz. Pero sobre todo, recuerda que el Señor está en su trono. Él gobierna y protegerá a la verdadera iglesia. Puede intimidarnos el auge del movimiento progresista en el mundo, pero la realidad es que nada sale del control de nuestro Señor. Podemos estar tranquilos porque Jesús reina sobre todo y las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia (Mt. 16:18).

Pienso que este es un tiempo para que la iglesia pueda estudiar 1 Pedro. Las iglesia a las que Pedro escribía estaban experimentando persecución similar a la que la iglesia está a punto de enfrentar, un rechazo por nuestras convicciones del Reino de Dios. Al igual que ellos, somos llamados a no adoptar el comportamiento del mundo, sino más bien ganar por medio de nuestra conducta a quienes nos acusan:

“Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación”, 1 Pedro 2:12.

Que la esperanza de la herencia que tenemos nos anime a no rendirnos ante las presiones de la cultura, sabiendo que nuestro Rey gobierna.

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