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El lazo que une a las «cinco solas» de la Reforma

Pudiera parecer que hay algo menos funcional en la frase soli Deo gloria, en comparación a las otras cuatro, como si fuera una frase que resume la teología de la Reforma. En un esfuerzo por ser justos y precisos, los maestros de la teología de la Reforma con frecuencia recuerdan a sus estudiantes que el cristianismo medieval y el catolicismo romano del siglo XVI no negaron la importancia de las Escrituras, la fe, la gracia y de Cristo.

Los teólogos hablaban de estas con frecuencia y hubieran afirmado con entusiasmo que no hay salvación sin estos cuatro elementos.

Pero si pudiéramos insistir más en el asunto y preguntarles a estos teólogos sobre la pequeña palabra «sola», pronto encontraríamos un desacuerdo genuino.

Mientras que los reformadores afirmaron que la Escritura sola es la autoridad para la fe y la vida, los católicos romanos profesaban reverencia por las Escrituras, pero insistían que la tradición de la iglesia y el papa tenían la misma autoridad que las Escrituras, ya que estos la interpretaban de forma infalible y aumentaban su enseñanza.

Cuando los reformadores afirmaron que la justificación viene por la sola fe, los católicos romanos respondieron que la justificación realmente viene por la fe, pero también por las obras junto con la fe. Tuvieron intercambios similares sobre la gracia y Cristo.

Glorioso pegamento

Las afirmaciones sobre la Escritura sola, la fe sola, la gracia sola y solo Cristo, se referían a los dos puntos principales de debate entre Roma y la Reforma: la autoridad religiosa y la doctrina de la salvación. Por lo tanto, soli Deo gloria parece ser un poco atípico. Cuando los reformadores proclamaron que la gloria pertenece a Dios solamente, ¿en realidad respondieron los católicos romanos que la gloria pertenece igualmente a Dios y a algo o alguien más? El principio de soli Deo gloria, por magnífico que sea, ¿tiene realmente algo que ver con la Reforma misma?

Soli Deo gloria puede entenderse como el pegamento que mantiene a las otras solas de la Reforma en su lugar

De hecho, sí tiene algo que ver, aun si Roma nunca denunciara de forma directa la idea de que la gloria pertenece solo a Dios, como denunció las ideas de solo a través de las Escrituras y solo por la fe. Soli Deo gloria puede entenderse como el pegamento que mantiene a las otras solas en su lugar, o el centro que atrae a las otras solas en un todo grandioso y unificado. Escritores recientes, incluyendo a John D. Hannah y muchos otros, sugieren la misma idea cuando hablan de soli Deo gloria como «la implicación lógica de los otros cuatro puntos» o como la frase que «subsume a todas las demás».

¿Cómo podemos justificar afirmaciones tan fuertes? En pocas palabras, el hecho de que la salvación sea por la fe sola, por la gracia sola y solo por Cristo, sin ninguna contribución meritoria de nuestra parte, asegura que toda la gloria sea de Dios y no nuestra. Asimismo, el hecho de que la Escritura es nuestra autoridad final, sin ninguna tradición eclesiástica, magisterio o papa que la complemente o anule, protege la gloria de Dios contra toda vanidad humana. Roma, por supuesto, nunca admitiría usurpar la gloria de Dios.

Roma dice que aun las obras humanas meritorias se realizan por la gracia divina infundida a través de los sacramentos. Las tradiciones de la Iglesia católica crecen orgánicamente a partir de la práctica de los apóstoles, agrega Roma, y ​​el papa es el siervo de los siervos. Pero los reformadores llegaron a comprender que tales afirmaciones, aunque siempre son atractivas, revelan el engaño del corazón humano.

La Palabra perfecta y la obra perfecta

Nos gusta pensar que hay algo que podemos agregar a la satisfacción y obediencia de Cristo o a la Palabra inspirada de los profetas y apóstoles, e incluso que Dios es honrado en gran manera por nuestra contribución. Pero los reformadores percibieron que la Palabra perfecta y la obra perfecta de Cristo, precisamente porque son perfectas, no necesitan nada que las complemente. Cualquier cosa que intente complementarlas, desafía su perfección y deshonra la Palabra de Dios y obra en Cristo.

La religión bíblica no se trata en última instancia de nosotros mismos, sino de Dios

Si las doctrinas católico-romanas de la autoridad y de la salvación son verdaderas, toda la gloria no le pertenece únicamente a Dios. Pero las Escrituras nos dicen que Dios no compartirá su gloria con nadie (Is 42:8).

Podríamos pensar en ello de otra manera. Al presentar soli Deo gloria como el elemento vital de las solas, nos recordamos que la religión bíblica recapturada por la Reforma no se trata en última instancia de nosotros mismos, sino de Dios. Nuestro enfoque se vuelve tan fácilmente egocéntrico, incluso cuando hacemos las mismas preguntas importantes que ocuparon a los reformadores: ¿Dónde puedo encontrar la revelación autorizada de Dios? ¿Cómo puedo escapar de la ira de Dios? ¿Qué debo hacer para ser salvo?

Las otras cuatro solas brindan respuestas necesarias y transformadoras a tales preguntas, pero soli Deo gloria las pone en la perspectiva adecuada: el propósito más alto del plan de salvación de Dios en Cristo, dado a conocer en las Escrituras, no es nuestra propia bienaventuranza, a pesar de que sea tan maravillosa. El propósito más elevado es la propia gloria de Dios. Dios se glorifica a sí mismo mediante las abundantes bendiciones que nos concede.

No a nosotros, sino solo a Él 

Los reformadores establecieron una trayectoria que podemos estar seguros que no nos desviará. En contra de la tentación perenne de elevar nuestras propias palabras por encima de las de Dios, y de buscar la vida eterna mediante nuestras propias obras, los reformadores llamaron a la iglesia de regreso a la Escritura sola, a la fe sola, a la gracia sola y solo a Cristo. Al hacerlo nos recordaron que toda la gloria pertenece a Dios y no a nosotros mismos.

Dios se glorifica a sí mismo mediante las abundantes bendiciones que nos concede

Acercarnos a este Dios y conocerlo en verdad requiere que nos humillemos y lo busquemos en la humildad de la cruz. Sin embargo, lejos de degradarnos, humillarnos por la fe en Cristo crucificado nos reconcilia con Dios y nos permite convertirnos en el tipo de criaturas que Dios nos hizo para que fuéramos. Dios nos concede el privilegio de reflejar su propia gloria a medida que crecemos en santidad y le atribuimos gloria en nuestra adoración y cuando nos unamos a Él en la gloria de la nueva creación, en lo que las Escrituras llaman tan maravillosamente como nuestra glorificación.

Dios atrae la gloria suprema para sí mismo, en parte, glorificándonos a nosotros. El tema de la Reforma de soli Deo gloria es un aspecto hermoso de las buenas nuevas del evangelio, uno que une a todos los demás gloriosos aspectos.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Nota del editor: 

Este es un extracto adaptado del libro de David VanDrunen, God’s Glory Alone: The Majestic Heart of Christian Faith and Life [Solo la gloria de Dios: El majestuoso corazón de la fe y la vida cristiana] (Zondervan, 2015).

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