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Cada domingo miles de iglesias se congregan para escuchar la predicación. Sin embargo, lo que escuchan varía en cada iglesia. En algunas, las predicaciones se centran en frases motivacionales que inspiran a vivir una vida mejor. En otras, el predicador narra alguna experiencia personal y extrae algunas moralejas. Algunos predicadores explican algún tema bíblico tomando varios pasajes de la Escritura. Otros predican sermones expositivos, explicando un texto bíblico. Entre tantos estilos de predicación, ¿cuál es el mejor? 

Aunque la predicación temática puede tener su lugar en la iglesia, siempre que se analice con cuidado el contexto y mensaje real de los pasajes bíblicos usados en el sermón, en este artículo quisiera defender la excelencia de la exposición consecutiva. Este estilo de predicación avanza secuencialmente a través de un libro de la Biblia, predicando una sección por semana. Aunque el tamaño de las secciones varía —desde unos versículos hasta varios capítulos—, se predica una sección literaria con un mensaje particular. 

Este estilo ha sido usado ampliamente en la historia de la iglesia. Juan Crisóstomo y Agustín usaron la lectio continua, como también se le conoce. Perdió popularidad durante la Edad Media, pero fue instituida de nuevo durante la Reforma Protestante por hombres como Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrico Zuinglio. Aunque volvió a perder popularidad en muchas iglesias, ha continuado en algunas desde entonces.

¿Por qué deberíamos practicar la exposición consecutiva? Aquí comparto siete argumentos, pero esta es la esencia de lo que quiero presentar: la naturaleza de la Biblia nos lleva de manera inexorable a la exposición consecutiva. Quiero proponer que la doctrina de la Biblia indica que esta forma de exposición debe ser la base regular de la predicación en la iglesia. 

1)  La exposición consecutiva refleja la doctrina de la inspiración verbal

El pueblo de Dios siempre ha creído que la Biblia es diferente a otros libros. Dios mismo la inspiró, y no solo los conceptos que están en ella, sino que también inspiró cada palabra. Esta es la postura histórica de la iglesia. Agustín, los reformadores y los teólogos evangélicos de hoy creen en una Biblia inerrante por su inspiración verbal. La inspiración verbal enfatiza el valor de cada palabra de las Escrituras. Esta creencia en la inspiración de las Escrituras resultó en un grito de batalla, Sola Scriptura, y motivó a los reformadores a practicar la exposición consecutiva.

Cuando se abandona la exposición fiel a la Biblia, la atención de la iglesia se centra en el predicador en vez del texto bíblico

Mientras muchos predicadores afirman la inspiración de toda la Biblia, tristemente tal creencia desaparece en los púlpitos de sus iglesias cada domingo. Muchos predicadores no dan importancia a las palabras que Dios inspiró, sino que predican sus experiencias u opiniones. Otros, buscando apegarse más a las Escrituras, predican sermones temáticos que citan diferentes pasajes sin tomar en cuenta el mensaje real de esos versículos.

En contraste, la exposición consecutiva refleja la doctrina de la inspiración verbal al prestar atención a las mismas palabras de la Biblia, avanzando progresivamente por el texto y tomando en cuenta su contexto.

2) La exposición consecutiva respeta la autoridad de las Escrituras

La historia está repleta de iglesias que defendieron la doctrina bíblica, pero cayeron en la herejía. ¿Cómo sucedió? La opinión de los hombres llegó a ser más importante que la Palabra de Dios. Al dar demasiada autoridad a la opinión humana en vez de a la Escritura, la marea sigilosa de la herejía arrastró a la iglesia lejos del muelle seguro de la Palabra. 

Cuando se abandona la exposición fiel a la Biblia, la atención de la iglesia se centra en el predicador en vez del texto bíblico. El carisma, la capacidad, el conocimiento y la creatividad del predicador acaparan la atención. Los oyentes se quedan admirados del predicador.

En contraste, la exposición consecutiva comunica claramente a la congregación —¡y al predicador!— que lo importante es lo que Dios dice. Nos ayuda a ver que la Palabra sea nuestra única regla de fe y práctica, siendo el ancla que amarra a la iglesia a la sana doctrina.

3) La exposición consecutiva reconoce la relevancia de toda la Escritura 

Cuando no se avanza de forma consecutiva por un libro bíblico, el predicador determina el enfoque de la predicación. Selecciona el pasaje o tema basado en sus experiencias, intereses o las necesidades que detecta en la congregación. Sin duda, los pastores sabios evalúan las necesidades de su congregación. No obstante, debemos preguntarnos: ¿cómo el predicador escoge el tema o pasaje del sermón? Por lo general busca algo que, según él, es relevante para la congregación.

La disciplina de la exposición consecutiva obliga al pastor a predicar a largo plazo sobre una variedad de pasajes y temas

Con el paso del tiempo, muchos pasajes y temas no son predicados porque el predicador no los considera relevantes. Esto contradice la enseñanza bíblica de que toda la Escritura es provechosa (2 Ti 3:16). Aun los pasajes “irrelevantes” fueron escritos para nuestra instrucción (1 Co 9:9-10). Al pasar por alto temas y pasajes que Dios consideró relevantes —porque los reveló, inspiró y preservó—, la congregación sufre.

Por otro lado, la exposición consecutiva permite que la Biblia determine lo que es relevante. De manera implícita, otros estilos de predicación socavan la suficiencia y relevancia de las Escrituras en la mente de la congregación. El pastor debe permitir que Dios defina lo que es relevante predicando consecutivamente.

4) La exposición consecutiva obliga a una predicación variada

Sin la exposición consecutiva, la predicación puede ser repetitiva. Cuando el predicador determina los temas o pasajes a predicar, sus intereses personales influyen en lo que se predica. La excesiva repetición de ciertos temas incluso se convierte en broma. Conozco iglesias donde los pastores predicaban una y otra vez sobre un grupo muy limitado de temas. Cuando alguien preguntaba “¿quién predicó hoy?”, y le decían el nombre, la respuesta era: “Ah, ¿predicó sobre _____?”. “Sí, jaja, otra vez”, contestaban. Estos temas pudieran ser bíblicos, pero la Biblia está llena de múltiples temas importantes.

Las preferencias limitadas del predicador no deberían determinar los temas y pasajes predicados. Esta forma de predicar ayuda a que el predicador y la congregación tengan lagunas grandes en su conocimiento bíblico y práctico. En consecuencia, están expuestos al sincretismo sigiloso y a ataques frontales de la herejía en áreas con falta de conocimiento.

La predicación consecutiva nos llama a lidiar profundamente con el texto en su contexto

En contraste, la disciplina de la exposición consecutiva obliga al pastor a predicar a largo plazo sobre una variedad de pasajes y temas, dando una dieta equilibrada a la congregación.

5) La exposición consecutiva promueve una sana hermenéutica

Una sana hermenéutica entiende que la intención del autor debe regir la interpretación de un pasaje. Nadie tiene la libertad de inventar su propio mensaje (2 Ti 4:1-4) ni adulterar el mensaje del texto bíblico (2 Co 4:2). Tristemente, muchos predicadores distorsionan el mensaje bíblico al alegorizar los pasajes que predican y al sacarlos de su contexto. 

¿Qué es la alegorización? Cuando el predicador, de manera arbitraria, asigna significado a elementos del pasaje que el autor bíblico no les quiso dar. Sí, existen pasajes que hacen uso del simbolismo y es un grave error interpretar un pasaje de manera literal cuando es simbólico. De la misma forma, es un grave error interpretar de manera simbólica un pasaje que es literal. Sin embargo, muchos predicadores edifican su ministerio sobre la “ingeniosa” interpretación alegórica, violentando a la Palabra de Dios.

En otras ocasiones, los predicadores distorsionan la Palabra cuando no interpretan el pasaje en su contexto. Es un problema tan común que Coalición por el Evangelio publicó un libro llamado Textos fuera de contexto para ayudar a solucionarlo. Sucede a menudo en predicaciones temáticas porque el predicador se apoya en muchos pasajes, haciendo difícil que tome en cuenta el contexto de cada pasaje. Como resultado, es probable que enseñe conceptos que los pasajes no enseñan, abriendo la puerta al error.

Por otro lado, la predicación consecutiva nos llama a lidiar profundamente con el texto en su contexto, encontrando la intención del autor, deduciendo el significado original y respetando el simbolismo real del pasaje. Al predicar consecutivamente, el predicador conoce el contexto del pasaje y tiene mayores garantías de interpretar el texto de manera correcta. 

6) La exposición consecutiva nos permite conocer a Dios mismo

Como pastor, deseo que mi congregación conozca y ame a Dios. La mejor manera de lograrlo es estudiando la Biblia, que es la autorrevelación de Dios. Al no predicar exponiendo las Escrituras, muchos predicadores alejan a la congregación del texto bíblico y, por tanto, de Dios. 

Si, por ejemplo, alguien quisiera “conocer” al presidente mexicano Benito Juárez, pudiera leer biografías que otras personas escribieron sobre él, pero su conocimiento pasaría por el filtro de otros hombres. Si realmente quisiera conocerlo, tendría que leer lo que Benito Juárez escribió de su propia mano. Solo después de leer todo lo que escribió podría decir: “Conozco a Benito Juárez. En esta situación, él pensaría lo siguiente y actuaría de la siguiente forma”.

Si la iglesia va a conocer a Dios, debe tener el contacto más directo posible con las palabras de Dios mismo

Asimismo, si la iglesia va a conocer a Dios, debe tener el contacto más directo posible con las palabras de Dios mismo. Creo que la exposición consecutiva permite el contacto más directo posible con Dios, conociendo sus pensamientos. Aunque toda predicación pasa por el filtro del predicador, después de años de escuchar la predicación consecutiva y estudiar la Biblia personalmente, la congregación podrá decir: “Conozco a Dios muy bien. En esta situación, Él piensa lo siguiente y quiere que actúe de la siguiente forma”.

7) La predicación consecutiva respeta el formato de la Biblia

Aunque Dios pudo preservar su revelación de muchas formas, escogió preservarla en libros. Con algunas excepciones (Salmos y Proverbios), estos libros comunican sus ideas a través de argumentos, siguiendo una progresión lógica. Los pasajes no existen en un vacío, sino en un contexto literario que influye en su significado.

Al mirar una pieza de un rompecabezas, es difícil saber qué representan las líneas y los colores que se ven en la pieza hasta ver el dibujo completo. De igual manera, al saber lo que rodea a un pasaje bíblico, se entenderán mejor los elementos del pasaje. Ya que a menudo existen argumentos que se extienden por varios capítulos, es importante predicar consecutivamente. Cuando esto no se hace, el predicador y la congregación desconocen el contexto previo y el flujo lógico del libro, impidiendo que aprecien correctamente los elementos de cada pasaje en particular.

Es interesante notar que nadie lee otras formas de comunicación de manera temática o aleatoria, a menos que estén diseñadas para ello (como un diccionario, una enciclopedia o un himnario). Al leer una novela, un ensayo o una carta, se empieza al principio porque se sabe que el autor sigue una secuencia y supone que se leyeron las porciones anteriores. Si alguien leyera una carta de su esposa como a veces se predica la Biblia en muchos púlpitos, ¡entendería muy poco de la carta! Ya que Dios inspiró la Biblia en el formato de libros, se debe respetar tal formato y esta es una razón para practicar la exposición consecutiva.

Abracemos la predicación consecutiva

Pocas cosas son tan importantes como la predicación. La proclamación fiel de la Palabra traerá vida al muerto (Jn 5:24), alimento al hambriento (1 P 2:2; He 5:12-14), sabiduría al insensato (Sal 19:7), y consuelo al hambriento (Sal 119:97).

Al mismo tiempo, blandir la poderosa espada de la Palabra (He 4:12) expone al predicador a una mayor condenación (Stg 3:1). Dios mismo juzgará su ministerio con base en su uso de la Palabra (2 Ti 4:1-2). Debe ser diligente en usar correctamente la palabra (2 Ti. 2:15), manejándola según su misma naturaleza, y la naturaleza de la Biblia lleva de manera inexorable a la exposición consecutiva.

¡Dios permita que alrededor del mundo los predicadores se entreguen más a la tarea de la exposición consecutiva cada domingo!

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