Sola Scriptura: Una definición

Este es un extracto de “Enseñanzas que transformaron el mundo” por el pastor Miguel Núñez.

El principio de Sola Escritura proclama que la Biblia es la “autoridad final o la corte de última apelación en todo lo que afirma (o implica)”.[1] Este fue un principio que los reformadores levantaron junto con el principio de Sacra Scriptura Sui Ipsius Interpres que significa: las Sagradas Escrituras son su propio intérprete.[2] El Espíritu Santo que inspiró la Palabra, ilumina la mente del creyente para encontrar en la Palabra misma el significado de aquello que Dios quiso comunicar.

El apóstol Pedro por dirección del Espíritu Santo nos enseñó lo siguiente: “Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 Ped. 1: 20-21). Ese solo pasaje nos deja varias enseñanzas:

1) Las Escrituras no son asunto de interpretación personal

 Ninguna persona debería decir: “Para mí esta porción de las Escrituras significa esto”, y otra decir: “Bueno, para mí significa esto otro”, quizás completamente contradictorio, y ambas pensar que las dos opiniones son correctas. Porque no es un asunto de interpretación personal. Las aplicaciones pueden variar, pero el texto debe significar lo que significó para su audiencia original.

2) Las Escrituras provienen de una revelación divina

 Ninguna profecía o ninguna de las enseñanzas de la Palabra llegaron a nosotros como consecuencia de una intención, deseo o proyecto humano. El texto de Pedro dice que: “… ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana…”. El hombre no decidió tener una revelación de Dios ni se la pidió a Dios o la descubrió en su sabiduría. La revelación que tenemos hoy en la naturaleza y en las Escrituras es fruto de la voluntad divina que tiene la autoridad para demandar sometimiento. Por eso hablamos de Sola Escritura.

3) Las Escrituras fueron inspiradas por el Espíritu Santo

Cuando estos hombres hablaron, lo hicieron de parte de Dios, inspirados por el Espíritu Santo. Es esa inspiración lo que hace posible esta declaración del Salmo 119:160: “La suma de tu palabra es verdad”. La suma de tu palabra; no una parte; no una porción; no el Nuevo Testamento, sino toda la Palabra… de tapa a tapa es verdad.

Dado ese entendimiento, el hombre no debería atreverse a editar a Dios, ya sea quitando o agregando a Su Palabra. La advertencia aparece en el último libro de la Biblia:

Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro (Apoc. 22:18-19).

Si le añades, enseñarás de parte de Dios principios o mentiras que Dios no ha revelado, y si le eliminas verdades que Dios ha querido dar al hombre, reduces Su revelación. Cada escritura y cada palabra ha sido inspirada por Dios. Por eso no solo tenemos que hablar de Sola Escritura, sino también de Tota Escritura (esto es, la totalidad de estas). Hay corrientes religiosas que quieren señalar que solo porciones de la Palabra son infalibles, diciendo que solo porciones de la Palabra fueron inspiradas, y si caemos en esa trampa, entonces cada cual estará tomando y dejando enseñanzas de la Palabra según sea conveniente para cada quien. Esto ha provocado que en vez de predicar todo el consejo de Dios, hoy se predique en muchos púlpitos parte del consejo de Dios; aquello que les conviene y que los oídos de una población que se dice cristiana quieren oír, pero muchas veces son cristianos solamente de nombre.

Hoy se predica mucho, pero escasea la Palabra de Dios, como en los años de juventud del profeta Samuel (1 Sam. 3:1).[3] Hoy proliferan los púlpitos, pero no la verdad en los púlpitos. Tristemente hemos visto en los últimos años una proliferación del error, de la mentira y del engaño. Y esto se debe a una sola razón: ignorar el principio de Sola Escritura. Lo que creemos, enseñamos y hacemos en la iglesia cristiana depende de la autoridad que le concedamos a la Palabra. Martyn Lloyd-Jones, uno de los grandes hombres de la fe y uno de los grandes teólogos del último siglo, dijo que “sin lugar a dudas todos los problemas de la iglesia “sin lugar a dudas todos los problemas de la iglesia hoy y todos los problemas del mundo, se deben a una desviación de la autoridad de la Palabra”.[4] Cuando la Palabra de Dios no es la única autoridad en materia de fe y práctica, los creyentes terminan muchas veces con un Cristo menos importante, como los testigos de Jehová y los mormones que no creen en Cristo como Dios; o terminan sumándole a Cristo otros intermediarios como practica la iglesia católica. En otros casos, la falta del principio de Sola Escritura ha abierto las puertas a una cantidad considerable de materiales de enseñanza que corresponden a doctrinas extrabíblicas provenientes de supuestas revelaciones, sueños y visiones. El principio de Sola Escritura protege la verdad de Dios y la gloria de Dios.


[1] Norman Geisler, “The Origin and Inspiration of the Bible” en Systematic Theology, Vol. 1 (Minneapolis, MN: Bethany House Publishers, 2002), 240.

[2] Peter A. Lillback, “The Infallible Rule of Interpretation of Scripture: The hermeneutical Crisis and the Westminster Standards”, en Thy Word is Still Truth, eds. Peter A. Lillback and Richard B. Gaffin Jr., (Phillipsburg: P & R Publishing Company, 2013), 1279-1320.

[3] Para más información ver Steve Lawson, Famine in the Land (Chicago: Moddy Publishers, 2003).

[4] Martyn Lloyd-Jones, The Christian Soldier: An Exposition of Ephesians 6: 10-20, (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1977), 210.

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