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A lo largo de mis más de treinta años como médico, he sido testigo de avances extraordinarios en la medicina. He visto cómo las sustituciones valvulares a corazón abierto se han convertido en procedimientos mínimamente invasivos y cómo las montañas de historiales en papel, garabateados con una letra ilegible, se han transformado en historiales médicos electrónicos perfectamente legibles.

Sin embargo, la explosión de la inteligencia artificial (IA) en atención médica podría ser el avance más disruptivo en medicina que jamás haya experimentado, y este es solo el comienzo. La IA que utilizan los hospitales ahora escucha mi larga y complicada conversación con un paciente y elabora un resumen perfecto en cuestión de segundos. Encontrar los datos más recientes para elegir un tratamiento antibiótico personalizado, algo que antes requería una investigación exhaustiva y numerosas llamadas telefónicas, ahora toma unos segundos gracias a la IA.

Es muy probable que, para cuando se publique este artículo, la IA esté transformando la práctica de la medicina de formas aún más novedosas.

Una disrupción tan profunda y rápida de la medicina tiene implicaciones para los cristianos que trabajan en el ámbito de la salud o interactúan con él (es decir, prácticamente todo el mundo). ¿Cómo deberían los cristianos pensar sobre la IA en la medicina? ¿Deberíamos tacharla de «magia negra» y rechazarla, o aceptarla y seguir la corriente?

Aunque no hay respuestas sencillas, ha llegado el momento de que los cristianos que trabajan en el ámbito médico examinen este fenómeno desde una perspectiva teológica. Debemos empezar por recordar con confianza que nuestro Dios trino y soberano sigue en el trono. Toda la sabiduría necesaria para utilizar esta tecnología debe encontrarse en los principios teológicos que brotan de las páginas de Su Palabra viva. A continuación expongo algunas de las formas en las que he estado orando y reflexionando sobre cómo debemos responder a este fenómeno.

No podemos ni debemos evitarla

Desde que ChatGPT presentó su primer modelo de IA en 2022, la integración de la IA en la prestación de salud ha sido rápida y generalizada. En mi consulta médica de San Francisco, por ejemplo, la IA ya está integrada en mi sistema de historias clínicas electrónicas, y sus aplicaciones siguen creciendo cada vez más. Para aquellos que ejerzan la medicina en Estados Unidos en el futuro, estoy seguro de que la IA formará parte de su práctica.

Es innegable que la IA ha hecho que la atención médica sea más rápida y eficiente. La documentación médica que antes llevaba horas a los médicos ahora se puede realizar en un par de minutos con herramientas de IA. Las cirugías robóticas dirigidas por IA están demostrando cada vez más resultados altamente eficaces y superiores en comparación con las cirugías tradicionales. Uno de mis colegas, que dejó su consulta de atención primaria hace más de una década debido a la abrumadora carga administrativa, me dijo: «Si hubiera tenido las herramientas de IA que tengo ahora, nunca me habría ido».

Además, desde una perspectiva cristiana, aunque pudiéramos evitar el uso de la IA en nuestro trabajo en los servicios de salud, no veo ninguna razón teológica clara para hacerlo, al menos no todavía. Nuestro Dios es soberano y, en Su providencia, ha permitido que esta tecnología se desarrolle a lo largo de la historia como parte de Su gracia común. Si recibimos esta herramienta con un corazón agradecido, tal y como exhorta Santiago 1:17, y la utilizamos para atender mejor a nuestros pacientes, ¿por qué sería esto algo malo?

Nuestro Dios es soberano y, en Su providencia, ha permitido que la tecnología se desarrolle a lo largo de la historia como parte de Su gracia común

Al fin y al cabo, ¿qué preferirías: un cirujano humano o un robot con IA capaz de realizar una intervención quirúrgica más rápida y precisa? ¿Qué es mejor: esperar días a que un médico humano apruebe la renovación de una receta o que una farmacia con IA la procese en unos segundos? Por supuesto, como ocurre con cualquier otra tecnología, el riesgo de un uso inadecuado de la IA será una preocupación permanente. Pero, como médico en ejercicio a tiempo completo, veo un enorme potencial para que la IA mejore radicalmente la prestación de los cuidados de salud, como parte de la gracia común de Dios.

La sanidad requiere relaciones humanas

Sin embargo, la atención médica es algo más que simplemente recetar el medicamento adecuado o realizar las intervenciones quirúrgicas correctas. A nivel ontológico, la profesión médica siempre ha supuesto una relación entre el profesional médico y el paciente. Quizá la necesidad de confiar en las relaciones humanas sustente la mayoría de las profesiones hasta cierto punto, pero es especialmente cierto en la atención médica, donde los pacientes, en sus momentos más vulnerables, ponen su bienestar en manos de otros seres humanos.

Puedo decirte de primera mano que la vieja afirmación de que la medicina es «más un arte que una ciencia» es cierta en la vida real. La confianza entre el profesional de la salud y el paciente que se recupera de una enfermedad grave es una parte vital del proceso de sanidad. Una reseña publicada en la prestigiosa revista médica The Lancet calificó la relación entre el profesional médico y el paciente como «el centro del ecosistema» y declaró que «la calidad de esa relación es un elemento central del encuentro clínico y un factor independiente que determina la calidad de la atención».

Piensa en todas las veces que Jesús sanó a los enfermos. A pesar de que existe una diferencia fundamental y evidente entre la forma en que Jesús sanaba mediante milagros y la forma en que la medicina moderna sana mediante la ciencia, vale la pena reflexionar sobre la actitud general del Gran Médico hacia la sanidad.

Las sanaciones de Jesús casi siempre implicaban que Él se relacionaba personalmente con los enfermos, y a menudo los tocaba, yendo en contra de las normas de la época. Su presencia física junto a ellos era tan significativa como las propias sanidades. A menudo ejemplificaba que la sanación es más que simplemente librarse de la enfermedad, sino que es holística para la totalidad de la persona. Cuanto más grave es la enfermedad, más presencia humana se requiere para ayudar a los pacientes a atravesar los momentos más oscuros y también para regocijarse genuinamente en los momentos felices de la recuperación.

Las máquinas son máquinas y los seres humanos son seres humanos, por mucho que avance la tecnología. Solo los humanos han sido creados a imagen de Dios

Las máquinas son máquinas y los seres humanos son seres humanos, por mucho que avance la tecnología. Solo los seres humanos han sido creados a imagen de Dios, con el privilegio inestimable de haber sido invitados a una relación de pacto con el Creador y unos con otros. En medicina, la relación entre el profesional médico y el paciente refleja esta realidad de pacto. No importa lo bien que la IA pueda imitar o superar a los seres humanos en la ejecución técnica, su «relación» con los seres humanos seguirá siendo ontológicamente diferente.

Entonces, ¿cómo debemos practicar la medicina?

No veo ningún indicio de que el tren de carga de la IA en los servicios de salud esté reduciendo la velocidad. Su influencia sigue aumentando, junto con las implicaciones financieras para esta industria de varios billones de dólares. Sin embargo, puesto que aún nos encontramos en las primeras etapas, tenemos la oportunidad de personalizar la forma en que se incorpora.

Por lo tanto, los cristianos que ejercen la medicina deben aprender a utilizar esta tecnología de forma eficaz y adecuada. Si dominamos la IA como una herramienta para agilizar el trabajo administrativo y mejorar la eficiencia técnica, las prestaciones de la salud asistida por IA ofrecen enormes beneficios, mucho más allá de lo que se creía posible hace unos años.

Al mismo tiempo, al igual que cualquier otra bendición de la gracia común que puede convertirse en un ídolo o en una maldición, su potencial de corrupción es enorme. Si el objetivo final del uso de la IA llega a ser sustituir a los seres humanos en nombre de la eficiencia y la excelencia técnica, me temo que podríamos estar condenándonos a un sistema de salud frío e inhumano, diseñado para tratar a cada paciente humano como un proceso patológico anónimo en lugar de como un ser humano creado a imagen de Dios.

No obstante, sigo confiando en que nuestro Dios soberano nos dará la sabiduría que necesitamos al enfrentarnos a este nuevo reto (Stg 1:5). Espero y oro para que las futuras generaciones de cristianos en el ámbito de la medicina atiendan al llamado de servir al propósito de Dios en sus propias generaciones (Hch 13:36), aprendiendo a dominar esta tecnología con sabiduría y cuidado, con el objetivo no solo de brindar la mejor atención a nuestros pacientes, sino, en última instancia, hacerlo para la gloria de Dios.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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