La inteligencia artificial se ha vuelto impresionante. Los modelos extensos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), como ChatGPT, ahora pueden imitar a expertos humanos. Es intimidante pensar en un nuevo mundo en el que las computadoras parecen tan inteligentes como una enfermera hospitalaria con experiencia o un asistente jurídico.
ChatGPT funciona absorbiendo una enorme cantidad de literatura, más de la que cualquier persona podría leer jamás. A medida que estos modelos mejoren su capacidad para imitar la escritura humana, los LLM seguirán pareciendo cada vez más inteligentes. Los agentes de IA podrían, potencialmente, aprender algo que los humanos aún no saben realizando nuevos experimentos científicos. Pero incluso eso significaría que solo están descubriendo otro rincón del universo que Dios creó y que ya conoce íntimamente.
Aunque algunos han comparado los avances de los LLM con «construir un dios» o han utilizado calificativos como «divino» para describir lo que la IA puede hacer, la distancia entre incluso los LLM más avanzados y Dios sigue siendo infinitamente vasta. La IA puede imitar la inteligencia humana, sujeta a limitaciones (como el consumo de electricidad). Sin embargo, aun si las herramientas de IA se convirtieran en poetas destacados o científicos revolucionarios —imitando la brillantez de la creatividad humana—, esto no situaría a la IA al mismo nivel que Dios.
Diferencia entre la inteligencia humana y la divina
Los antiguos autores de la Biblia se esforzaron por diferenciar la inteligencia humana del conocimiento de Dios.
Las Escrituras enfatizan repetidamente la omnisciencia de Dios, presentándolo como el poseedor de un conocimiento y una sabiduría infinitos. El Salmo 147:5 declara: «Grande es nuestro Señor, y muy poderoso; / Su entendimiento es infinito». Este entendimiento ilimitado está más allá de la comprensión humana, como ilustra Isaías 55:9: «Porque como los cielos son más altos que la tierra, / Así Mis caminos son más altos que sus caminos, / Y Mis pensamientos más que sus pensamientos». La inteligencia de Dios trasciende el tiempo y el espacio, como exclama Romanos 11:33: «¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!».
Los seres humanos poseen una inteligencia finita, pero la inteligencia de Dios se caracteriza por la perfección, la infalibilidad y una perspectiva eterna
Mientras que los seres humanos poseen una inteligencia finita —propensa al error y limitada por los confines del mundo físico—, la inteligencia de Dios se caracteriza por la perfección, la infalibilidad y una perspectiva eterna.
Usos y límites de la IA
Mark Zuckerberg dijo recientemente sobre la IA: «Existe toda esta ciencia ficción sobre la creación de inteligencia en la que ella empieza a adoptar todos estos comportamientos similares a los humanos [… Sin embargo,] la encarnación actual de todas estas cosas da la sensación de que va en una dirección en la que la inteligencia puede estar bastante separada de la conciencia, la agencia y cosas por el estilo, lo que creo que simplemente la convierte en una herramienta muy valiosa».
El tipo de trabajo que realiza la IA puede ser útil para una organización humana (incluso una iglesia). Soy optimista y creo que los modelos extensos de lenguaje (LLM) pueden ser herramientas que ayuden a la humanidad a resolver retos. La Biblia dice que descubrir nuevas ideas es «la gloria de los reyes» (Pr 25:2). Nada indica que tener más inteligencia sea malo si guía a las personas hacia la verdad.
Junto con varios investigadores de la Universidad de Samford, he demostrado que la IA puede funcionar bien; sin embargo, a veces genera información falsa. Nuestra investigación muestra que, si se le pide a ChatGPT que cree citas bibliográficas académicas, el programa puede inventar títulos de libros que no existen. Además, nuestros hallazgos sugieren que la fiabilidad del modelo ChatGPT disminuye a medida que las indicaciones se vuelven más específicas.
Los cristianos no deberían temer a la IA. Pero deberíamos ser prudentes en cómo la usamos. Tener una máquina capaz de responder a cualquier pregunta nos coloca en una posición interesante. ¿Sabemos cómo formular las preguntas adecuadas para planteárselas a la IA («ingeniería de instrucciones»)? ¿Construiremos máquinas parlantes que nos adulen y nos ayuden a cometer delitos, o avanzaremos en nuestro entendimiento gracias a la capacidad de la IA para sintetizar rápidamente grandes cantidades de información? ¿Es valiosa una «inteligencia» que está más informada que nosotros si no va acompañada de discernimiento y evaluación moral? Sin discernimiento espiritual y sabiduría para guiar este proceso, los seres humanos podríamos acabar más confundidos que nunca.
La naturaleza inmutable de Dios ofrece estabilidad y seguridad en un mundo cambiante
El rey Salomón probó la sabiduría, junto con todo lo demás que un ser humano puede perseguir en este mundo. Afirmó: «Mientras más sabiduría, más problemas; / mientras más se sabe, más se sufre» (Ec 1:18, NVI). Tener acceso a grandes cantidades de información sintetizada rápidamente no nos inmuniza contra el sufrimiento. Los cristianos no deben temer a los modelos extensos de lenguaje (LLM), ni contar con ellos para que resuelvan todos nuestros problemas.
El consuelo de la sabiduría superior de Dios
La inteligencia superior de Dios nos consuela en un mundo cambiante. Su omnisciencia asegura a los creyentes que Él comprende las complejidades de cada situación, incluso en medio de nuestra incertidumbre. Es reconfortante saber que Dios ve más allá del momento presente y comprende las implicaciones más amplias de los acontecimientos. Además, se interesa por cada persona. El Salmo 139:1-2 lo afirma: «Oh, SEÑOR, Tú me has escudriñado y conocido. / Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; / Desde lejos comprendes mis pensamientos».
La sabiduría de Dios supera el entendimiento humano, proveyendo guía en tiempos de agitación. Proverbios 3:5-6 anima a confiar en la sabiduría del Señor: «Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, / Y no te apoyes en tu propio entendimiento. / Reconócelo en todos tus caminos, / Y Él enderezará tus sendas». Los creyentes encuentran consuelo al confiar en la sabiduría superior de Dios, sabiendo que Sus planes, en última instancia, son para su bien (Jr 29:11; Ro 8:28).
Puede que sea difícil imaginar hasta dónde llegará el progreso del conocimiento tecnológico y científico en la era de la IA y en cualquier era que venga después. La naturaleza inmutable de Dios ofrece estabilidad y seguridad en un mundo cambiante. Hebreos 13:8 declara: «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos». Su carácter y Su amor inquebrantable son constantes, independientemente de si el mundo se ve sacudido por la imprenta o por las redes sociales. La tecnología ha avanzado, pero Dios es el mismo.





