Humildad | Devocional

“Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor”, Efesios‬ ‭4:2‬.

Este versículo nos habla de la humildad y la mansedumbre como valores importantes que fluyen de una realidad interna y personal, como resultado de una obra de gracia de Dios en nuestra vida. Al mismo tiempo, no son valores que se hacen visibles en un contexto de aislamiento, sino más bien en la vida comunitaria.

De hecho, el apóstol Pablo presenta la humildad y la mansedumbre como virtudes conectadas a la realidad de soportar a otras personas. Aunque esta interacción puede llegar a ser altamente frustrante, es alentador recordar que Dios sigue obrando pacientemente en nosotros y nuestros hermanos.

Como cristianos, somos llamados a morir a nuestras preferencias y despojarnos “del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos”, para vestirnos “del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (vv. 22-24‬). Sin embargo, ser mansos y humildes no es sinónimo de callar frente a los conflictos y evadir la confrontación a toda costa.

Para Jesús no había tensión alguna en expresar perfectamente ambas, la gracia y la verdad. Fue manso y humilde, y al mismo tiempo también estuvo dispuesto a confrontar el pecado. Su seguridad estaban en el Padre, y no en lo que los demás pudieran decir. Esto le permitió expresar un amor sincero por el bienestar de las personas que Dios había puesto a su alrededor.

La buena noticia para ti y para mí es que, gracias a la obra de Cristo a nuestro favor y en nuestro lugar, podemos estar seguros que su Espíritu seguirá trabajando en nosotros. Él seguirá obrando “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13‬).

Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él.

 


 

Imagen: Lightstock.

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