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3 cosas que me traen consuelo mientras espero por una adopción

Cada etapa de la vida, especialmente las etapas difíciles, pueden profundizar nuestra comprensión de Dios y nuestra relación con Él.

Mi esposa y yo estamos adoptando. Durante este proceso, a veces me he sentido impotente, herido y desanimado. Aun así, esta dificultad me ha dado una perspectiva inolvidable de la santidad de Dios. Aunque camino por el valle de la espera, me abruman las impresionantes montañas de la gloria de Dios.

Una visión general de nuestra historia

Hace un tiempo, contratamos a un fotógrafo y un diseñador para crear un hermoso libro con nuestro perfil familiar. Incluye nuestras metas, historias y fotografías, todas destacando nuestra fe en Jesús, nuestro amor mutuo y nuestro deseo de adoptar.

Cuando nos enteramos de un caso a través de una agencia de adopción a la que hemos postulado, decidimos si queremos presentar nuestro libro o no. Si lo hacemos, esperamos a que la futura mamá elija entre los distintos perfiles que ha recibido de la agencia. Esto toma entre unos cuantos días y algunas semanas. La creciente anticipación hace que recibir un rechazo sea aún más difícil de soportar.

Es difícil decir “no” a los casos, pero es más difícil escuchar un “no” y aún mucho más difícil no escuchar nada durante semanas o meses. Sin embargo, quiero compartir tres cosas que he encontrado en este valle de espera y que me han consolado para animarte en tu caminar con el Señor.

1. El cuidado infinito de Dios 

Cuando mi mejor imagen es rechazada, recuerdo cómo la peor versión de mi fue aceptada. Dios me adoptó como hijo a través de Jesucristo

La elección de presentar nuestros perfiles a medida que recibimos casos requiere que mi esposa y yo seamos honestos sobre nosotros mismos como futuros padres; honestos acerca de mi capacidad limitada para proteger y proveer. Dios no me ha creado para ser el padre de todos los niños necesitados. Es hiriente y humillante, por sabia que sea la decisión, decir: “No, no puedo cuidar a ese niño como si fuera mío”.

Cuán diferente es nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien dice: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar” (Mt 11:28). No es como yo; su capacidad para proteger y proveer es ilimitada. Cuán hermosas son sus palabras: “Al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera” (Jn 6:37).

Cristo da la bienvenida a los suyos a la familia de Dios, hacia los brazos amorosos de Dios el Padre, quien conoce y suple todas y cada una de las necesidades que tenemos (Mt 6:30, 32). Él lo hace con más amor, gentileza y sabiduría que cualquier padre terrenal (Mt 7:11).

2. El “sí” incondicional de Dios

Gracias al increíble trabajo de nuestro fotógrafo y diseñador, nuestro libro de perfil familiar es una hermosa representación de mi esposa y mía. Cuando las futuras mamás nos consideran, están mirando fotos de alta definición de nuestra casa, el vecindario y de nosotros, sonriendo y divirtiéndonos. Cuando las personas revisan este libro, están considerando nuestra mejor imagen.

Pero en respuesta a esto, todo lo que hemos escuchado es: no, no y no (y puedes añadir algunos más). En el fondo, me culpo a mí mismo. Supongo que mi mejor imagen no es lo suficientemente buena como para que alguien nos elija. Si tan solo fuera más alto, si solo tuviera pasatiempos más interesantes, si tan solo ganara más dinero, entonces alguien me elegiría.

La gracia de Dios contrasta enormemente con estas preocupaciones. Cuando mi mejor imagen es rechazada, recuerdo cómo la peor versión de mi fue aceptada. Dios me adoptó como hijo a través de Jesucristo (Ef 1:5), y lo hizo mientras yo era débil y mientras yo era su enemigo (Ro 5:6, 10). ¡Esta aceptación está por encima de todas las demás!

3. La perfecta providencia de Dios 

Los rechazos son difíciles, pero revisar repetidamente una bandeja de entrada vacía es más difícil. Los períodos de inactividad me inquietan, causando un miedo único (¿Perdí la oportunidad del bebé que Dios tenía para mí?), indecisión (¿Deberíamos cambiar nuestro presupuesto para tener acceso a más casos?) y especulaciones inútiles (siento que debemos estar más cerca del “sí”).

Cuando no puedo hacer algo, el Señor aún puede. Cuando no tengo el conocimiento de las cosas, el Señor sí lo tiene

Aun así, es mi incapacidad para controlar o saber lo que me lleva a regocijarme aún más en la gloria de la providencia de Dios. Dios ciertamente “sostiene, dirige, dispone y gobierna todas las criaturas, las acciones y las cosas… en acuerdo a su infalible presciencia” (Confesión de Fe de Westminster, 5.1; ver Ef 1:11). Cuando no puedo hacer algo, el Señor aún puede. Cuando no tengo el conocimiento de las cosas, el Señor sí lo tiene.

Quiero ser claro: la providencia de Dios no garantiza que algún día tenga un hijo. La providencia de Dios es perfecta e inspira nuestro asombro de Dios, sin importar si Él concede nuestra oración de convertirnos en padres.

Su soberanía me trae paz, la cual veo más claramente en mi dolor. Las temporadas de espera, llanto, anhelo y oración muestran cuán diferente soy del Dios omnipotente, que crea galaxias con el sonido de su voz.

Adorar en cada etapa 

Cada temporada de la vida trae nuevos destellos de la gloria de Dios. La etapa en la que estamos ahora es difícil, pero Él nos está guiando a través de ella y nos está enseñando más sobre sí mismo todos los días. En nuestra debilidad, vemos cada vez más su fortaleza.

Es posible que tu etapa actual no sea la de esperar por una adopción o que estés anhelando convertirte en padre. Pero sea lo que sea, pregúntate en medio ella: ¿qué puede enseñarte esta etapa de manera única acerca de la gloria de Dios?


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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