La hora de dormir puede ser difícil con los niños pequeños. Hace poco, esta dificultad nos llevó a mi cónyuge y a mí a adentrarnos en el mundo de la inteligencia artificial. Era tarde, estábamos agotados y pensamos: «¿Por qué no? Veamos qué tiene que decir la IA al respecto».
Después de escribir los detalles en un chatbot, recibimos como respuesta una afirmación de nuestro estilo de crianza, un reconocimiento de lo difícil que es ser padres y algunas ideas sobre cómo podríamos hacer que la hora de acostarse funcione mejor en el futuro. Incluía frases que podríamos usar, rutinas que podríamos ajustar y una recomendación de tomarnos tiempo para nosotros mismos (algo difícil cuando tu hijo en edad preescolar no se duerme). Para ser sinceros, las ideas no estaban del todo mal.
Pero tampoco eran del todo buenas. A medida que pasaban las semanas, nuestra situación no cambió mucho. Así que nos acercamos a una pareja de nuestra iglesia local que ya lleva un poco más de experiencia en este camino de la crianza y les pedimos que compartieran una comida con nosotros. Durante la cena, recibimos honestidad humana sobre las dificultades que estamos enfrentando.
Pudimos mirar a los ojos a santos que ya han recorrido este camino antes que nosotros. Sentimos cómo nos transmitían el consuelo que han recibido del Señor. Nos dieron ideas personalizadas para nuestro hijo, que también es muy querido para ellos. Desde entonces, han estado orando por nosotros. Están llevando nuestros nombres ante el trono de Dios y se mantienen en contacto con nosotros en tiempo real para ver cómo nos va.
La IA reproduce información, pero no puede generar sabiduría
Esas son cosas que la tecnología de IA nunca podrá hacer. Cuando le pedimos a la tecnología que tome decisiones por nosotros, que emita juicios en áreas delicadas o que brinde ayuda práctica, no es capaz de satisfacer esa necesidad. La IA reproduce información, pero no puede generar sabiduría. Para obtener sabiduría, necesitamos la Palabra y la iglesia empoderada por el Espíritu: personas reales, de carne y hueso, imperfectas y sujetas al tiempo.
Antes de preguntarle a la IA
Es tentador buscar consejos sobre la crianza de los hijos en la inteligencia artificial porque está disponible de inmediato, no viene cargada de emociones y nos hace sentir bien. A veces no queremos esperar por las respuestas y, puesto que las personas solo pueden estar en un lugar a la vez, recurrimos a la tecnología.
La tecnología nunca hiere nuestros sentimientos, nunca expone nuestros ídolos ni nos hace sentir incomprendidos. No se irá si nuestros problemas son demasiado grandes. Nuestro dolor no le causa molestias. No la estamos distrayendo de alguna otra tarea que creemos que es más importante.
Pero a pesar de todos sus aparentes beneficios, la IA tiene limitaciones significativas cuando buscamos sabiduría para la crianza de los hijos.
La IA no puede dar verdadera sabiduría
La sabiduría comienza con el temor del Señor (Pr 9:10). Comienza con las rodillas dobladas ante el Dios del cielo y de la tierra en una sumisión gozosa. La inteligencia artificial no tiene rodillas. No tiene un alma capaz de inclinarse con temor ante el Señor. La IA puede compartir información, pero como es una tecnología creada por el hombre, nunca podrá estar «[llena] del conocimiento de Su voluntad [de Dios] en toda sabiduría y comprensión espiritual» (Col 1:9) de la manera en que lo puede estar el pueblo de Dios.
Los padres creyentes con quienes convivimos en nuestras iglesias locales tienen al Espíritu Santo morando en su interior, y Él puede obrar a través de sus consejos para darnos sabiduría.
La IA no puede brindar asesoramiento personalizado
Los chatbots son excelentes para tomar una gran cantidad de información y sintetizarla para responder preguntas. Lo que no pueden hacer es mirarte a los ojos, escuchar tus preocupaciones y dificultades específicas, conocer a tus hijos, orar contigo y por ti, y luego ofrecerte consejo basado en la situación específica por la que estás pasando.
El pueblo de Dios hace esto todo el tiempo. Es la naturaleza de nuestra conexión unos con otros, y es claramente humano.
La IA no puede ofrecer el consuelo de Dios
Los chatbots nunca han sido consolados por el Señor. Nunca han sufrido ni han experimentado el gozo. No saben lo que significa llorar de agotamiento después de una noche sin dormir. No están vivos.
El Señor consuela a Su pueblo a través de Su pueblo
Por esta razón, son fundamentalmente incapaces de ofrecer el consuelo que han recibido del Señor (2 Co 1:4). El Señor consuela a Su pueblo a través de Su pueblo. Si acudimos a un chatbot en busca de ayuda, perdemos la belleza de que el pueblo del Señor se cuide mutuamente.
Pídele a Dios
Los chatbots poseen mucha información recopilada de fuentes humanas en todo Internet. Sacan conclusiones de esa información y, a veces, pueden generar ideas útiles. Para algunas tareas y temas, la inteligencia artificial puede ser útil.
Pero debemos tener claras las limitaciones de la IA antes de confiar en ella para recibir ayuda en la crianza de los hijos. Los chatbots no pueden generar la sabiduría del Señor, que pasa a través de las vidas y los corazones de quienes llevan Su imagen y se aplica directamente a nuestras vidas.
Santiago 1:5 deja en claro lo que debemos hacer cuando necesitamos sabiduría: pedirle a Dios.
A lo largo de la historia, al pueblo de Dios no le ha faltado sabiduría sin tener a su disposición la inteligencia artificial. Han contado con el Espíritu del Señor, Su Palabra y Su pueblo. Dios les dio sabiduría con generosidad, y nos la dará con generosidad a nosotros también. Como nos recuerda Hebreos 10: podemos caminar por fe, buscando la sabiduría de Dios, sabiendo que fiel es Aquel que prometió.




