Destellos de gracia

Vivir la vida cristiana en un mundo caído no es fácil. Y es todavía más difícil si le agregamos ser mamá, ama de casa, esposa de misionero, y para rematar, vivir en un continente distinto al tuyo. En Destellos de gracia, Gloria Furman nos relata algunas experiencias cotidianas en las cuales puede llegar a ser complicado atesorar el evangelio a cada momento y reflejar a Cristo.  

Es muy fácil pensar en lo bueno que es Dios cuando todo va bien en la vida y tenemos grandes bendiciones. Pero, qué cuando hay enfermedades de por medio, cuando estás lejos de tu familia, amigos, e iglesia local, cuando tienes hijos pequeños y las tareas del hogar parecen no terminar nunca… Las preguntas vienen a la mente: ¿acaso realmente le importo a Dios? ¿Se preocupa por mis necesidades? ¿Le interesan mis pensamientos tanto en circunstancias difíciles como fáciles?

Muchas veces hay bastante presión inconsciente por lo que se te exige: ser una gran esposa, perfecta ama de casa, y si estás involucrada en el ministerio y tu esposo es pastor o misionero, es una presión multiplicada por 100, pues otros esperan que seas un ejemplo perfecto. La realidad es que fallamos, perdemos la cordura cuando los hijos lloran mientras intentas hacer otra cosa, cuando tu casa está llena de polvo y es hora de la cena.

Destellos de gracia
Gloria Furman
Poiema Publicaciones. 208 pp. US$7.99.

Cuando se nos olvida que Dios es Dios

Destellos de gracia cuenta con 13 capítulos. En sus páginas, Gloria cuenta anécdotas personales y muy comunes en las que no es fácil recordar lo bueno que es Dios y los planes que Él puede llegar a tener para cada situación. En cada capítulo aprendemos sobre las misericordias que tiene Dios para con nosotros y la gracia que no duda en darnos.

La autora dice que somos como su pequeño hijo, quien se salía casi corriendo de la bañera para poder andar sin ropa; de manera similar, “no queremos quedarnos quietos ni dejar que Dios obre en nuestros corazones y nos prepare para lo que tiene guardado para nosotros” (p. 71). En esa misma página menciona la oración de Agustín: “Dame la gracia para hacer lo que mandas, ¡y mándame a hacer lo que quieras!”.

Es muy fácil querer darle nuestras cargas y deseos al Señor, pero cuando tenemos que esperar es como si no hubiéramos entregado todo a Dios, más bien deseamos hacer nuestra parte. Más adelante, hablando de la gracia que nos sostiene, escribe:

“Cuando la gracia de Dios hace que confiemos en Jesús y creamos que Él nos da la fuerza y la esperanza que necesitamos, la dinámica es completamente diferente. […] Dios en Su gracia nos puede transformar en mujeres firmes, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que nuestro trabajo en el Señor no es en vano” (p. 83).

Dios en lo grande… y en lo pequeño

Gloria vive como misionera en el medio oriente con su familia. Ella cuenta que su esposo tiene una enfermedad en los brazos que no le permite realizar muchas actividades, y en ciertas ocasiones es ella quien tiene que ayudarle hasta a abotonar su camisa. A pesar de las noches en vela, y lo difícil que puede ser para una esposa ver sufrir a su esposo de esa manera, Gloria dice que ha aprendido a recordar que “Dios es bueno si alivia el dolor de David. Dios es bueno si no lo hace. El carácter de Dios no cambia” (p. 165).

Existen diferentes personalidades, y estas influyen en tu carácter como ama de casa. Gloria da ejemplos de cómo son algunas de sus amigas, pero a veces ella se olvida de que “ser ama de casa no se trata primordialmente de mi personalidad; su propósito principal es adornar el Evangelio porque Dios ha manifestado a toda la humanidad Su gracia salvadora” (p. 168).

Como madres y amas de casa, algo que necesitamos en exceso es paciencia y confianza en Dios. Es fácil caer en desanimo, desesperación, e inclusive llegar a fallar a nuestros hijos en esos días que ninguna mamá anhela. En 2 Corintios 12:9-10 dice:

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

Gloria escribe que por medio de tu hogar puedes mostrar a Cristo. Ella cita Efesios 2:10, donde dice que por la fe creemos que Dios nos ha creado en Cristo Jesús para hacer buenas obras. Durante el libro da varios consejos esporádicos, como este: “Cuando estemos haciendo el desayuno, podemos planificar el día pensando en cómo servir mejor a los demás por el bien del Evangelio, sabiendo que para eso fue que Dios nos creó. Simplemente cuando tu cocina se comparte con la iglesia, ya no es solo tu cocina” (p. 180).

Podemos atesorar el evangelio y mostrar a Cristo, tan sencillo como en un cambio de pañal.

Atesorando a Cristo en lo sencillo

Por medio de las experiencias que Gloria nos relata, Destellos de gracia nos recuerda que todos podemos llegar a ser débiles, y por lo tanto no mostraremos siempre lo que es correcto. Pero Dios, en su inmensa gracia y amor, es bueno a pesar de las dificultades que podemos llegar a padecer como amas de casa, mamás, y esposas. Y no solo eso, Él nos sustenta para poder sobrellevar lo que pueda venir en los planes que tiene preparado para nosotros.

Destellos de gracia es un libro práctico y sencillo de leer, donde en más de una situación te podrás sentir identificada con la autora. Este libro nos recuerda que por medio de nuestro hogar podemos atesorar el evangelio y mostrar a Cristo, incluso cuando cambiamos un pañal.

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