Triage teológico y la doctrina de la creación

Nota del editor: 

Si quieres aprender más acerca del triage teológico, te invitamos a ver este video.

Siempre que alguien aborda el tema de la edad de la tierra o de la longitud de los días en Génesis 1, nos encontramos con cejas levantadas y sospechas elevadas. Los disidentes de nuestra posición nos preocupan… especialmente cuando esa disensión se etiqueta como “trayectoria teológica”. Los evangélicos han aprendido a estar caritativamente en desacuerdo acerca de muchos asuntos, pero tendemos a quitarnos los guantes demasiado rápido cuando se trata de la creación.

Analizando caritativamente la situación, puedo entender la preocupación, incluso la sospecha, de los creacionistas de tierra jóven y de tierra vieja cuando son retados por sus oponentes. A principios del siglo XX, los debates de creación contra evolución sirvieron como una línea divisoria en la controversia modernista-fundamentalista. Esta es parte de la razón por la que los asuntos como la edad de la tierra o la longitud de los días en Génesis 1 nos llegan con mucho más bagaje que asuntos como el alcance de la propiciación o incluso continuismo contra cesasionismo.

Como resultado, muchos evangélicos pueden ponerse un poco sensibles cuando hablamos de la creación. Hablando de manera general (y por lo tanto corriendo el riesgo de excluir a casi todo el mundo), los de la tierra joven miran a los cosmogonías de la tierra vieja como que están coqueteando demasiado con el Darwinismo; un camino seguro a la completa aceptación del liberalismo. Por otro lado, los de la tierra vieja miran los argumentos de los de la tierra joven como motivados más por el miedo a la evolución que por la exégesis sensible al género, y por lo tanto los argumentos son vistos como intelectualmente superficiales; un camino seguro a los grilletes del fundamentalismo.

Estableciendo los límites

Parte del problema es que hemos fallado en realizar un triage teológico con la doctrina de la creación. El triage teológico evalúa la importancia de doctrinas con respecto a su efecto en la cosmovisión cristiana y su relación con el evangelio. Las doctrinas de primer orden son los no negociables de la vida cristiana. Sin estas doctrinas, o abandonamos el evangelio o nos ponemos en riesgo de perder el evangelio. Las doctrinas de segundo orden son asuntos importantes e influyentes que separan a las denominaciones y a las iglesias unas de otras. Estas doctrinas no separan a los creyentes de los no creyentes, solo a los bautistas de los presbiterianos, a los calvinistas de los arminianos, a los de la teología del pacto de los dispensacionalistas. Las doctrinas de tercer orden son asuntos que tienen incluso menos efecto sobre el evangelio o la cosmovisión cristiana. Aquí los cristianos pueden tolerar el desacuerdo incluso dentro de la iglesia local. Este sistema de tres niveles no es la única manera de hacer triage teológico, pero el punto es que todo el mundo reconoce que nuestras convicciones teológicas descansan en una escala gradual, de esenciales a menos esenciales. Las doctrinas de primer orden marcan los límites del círculo de la fidelidad teológica. Las doctrinas de segundo y tercer orden son los espacios seguros dentro del círculo, el espacio que tolera los desacuerdos entre hermanos y hermanas, aunque el resultado práctico de esa tolerancia se verá diferente en cada situación.

El triage teológico no es una forma de minimizar la doctrina, sino de ser capaces de decir que toda la doctrina es importante, aunque algunas doctrinas son más importantes que otras.

El triage teológico no es una forma de minimizar la doctrina, sino de ser capaces de decir que toda la doctrina es importante, aunque algunas doctrinas son más importantes que otras. Pierde la trinidad y pierdes el evangelio. Pierde tu posición milenial favorita y, aunque podrías necesitar reorganizar algunos compromisos exegéticos, la mayoría del resto de tu sistema teológico permanece intacto y seguro. Para ser claros, no estoy diciendo que la edad de la tierra o la longitud de los días en Génesis 1 no sea importante o que no debamos tener convicciones sobre esos asuntos (para demostrarlo, inclino el sombrero y revelo que soy un creacionista de tierra joven y seis días literales bastante comprometido). Estoy diciendo que necesitamos separar los asuntos de primer orden en la doctrina de la creación de los asuntos de primer y segundo orden, mitigando nuestras sospechas del otro bando y recordándole a aquellos con ministerios de enseñanza qué cosas priorizar sobre la creación al discipular a otros. En otras palabras, esto no se trata solo de aprender dónde podemos estar en desacuerdo; también se trata de reforzar nuestras defensas sobre los no negociables.

Debo notar que los evangélicos han estado antes en una situación similar respecto a la escatología, y hemos hecho grandes avances en la dirección que estoy proponiendo aquí. Para muchos “fundamentalistas” a principios del siglo XX, negar el premilenialismo era equivalente a negar la inerrancia. Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas, hemos aprendido a hacer triage cuando hablamos de escatología. Todos reconocemos que el regreso corporal de Jesucristo, la resurrección de los muertos, el juicio final, y la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva son todos asuntos de primer orden. Dentro de esos límites, sin embargo, tenemos espacio para estar en desacuerdo acerca del milenio, el rapto, o nuestra manera de ver al anticristo.

Propuestas de primer orden

Mientras miramos el triage de la doctrina de la creación vale la pena notar parte del precedente teológico para este proyecto. En su libro Génesis en el tiempo y en el espacio, por ejemplo, Francis Schaeffer hizo algo similar al mostrar lo que Génesis 1-11 debe afirmar para que el resto de las Escrituras sean coherentes y verdaderas. Estoy proponiendo los siguientes siete puntos como asuntos de primer orden basado en su centralidad a la cosmovisión cristiana, su relación inseparable con el evangelio, o considerando el hecho de que otras Escrituras nos instruyen para leer la narrativa de la creación de cierta manera.

  1. Dios creó el mundo ex nihilo.
  2. Dios es distinto de su creación (distinción entre el Creador y la criatura).
  3. Dios creó el mundo bueno.
  4. Dios creó el mundo para su gloria.
  5. Dios creó a Adán y Eva de manera especial y ambos llevan la imagen de Dios.
  6. Adán y Eva son los primeros padres de la humanidad.
  7. Adán y Eva son figuras históricas que realmente desobedecieron a Dios en el tiempo y el espacio en el Jardín del Edén.

Sin la caída histórica de Adán perdemos la doctrina del pecado original y también perdemos el elemento más esencial de la teología bíblica: la tipología Adán-Cristo

La Escritura es testigo de los puntos 1 y 2 en varios lugares (Ro. 4:17; 1 Cor. 1:28; 2 Cor. 4:6; Heb. 11:3) así como en la narrativa de la creación. Estos puntos preservan la aseidad de Dios; solo Él es existente y eterno en sí mismo. Génesis 1 atestigua el punto 3 sin importar cómo el lector aborde su género e interpretación. Además, la bondad de la creación es parte del tejido de la cosmovisión bíblica y es fundamental para la apologética cristiana contra todas las formas de gnosticismo, tanto antiguo como moderno. La Escritura confirma el punto 4, Dios creando para su propia gloria, en casi cada página, manteniendo el resto de nuestra teología orbitando alrededor del centro gravitacional correcto.

Los puntos del 5 al 7 lidian con la historicidad de Adán y Eva. En resumen, estoy estableciendo que, aunque los evangélicos pueden estar caritativamente en desacuerdo sobre la cronología de Génesis 1, la historicidad de Génesis 2-3 nunca debe estar abierta a discusión. El registro de Dios creando a su imagen de manera especial, dándole dominio, trayéndole una esposa, y luego exiliando a esa pareja de su presencia después de su rebelión debe ser un relato de eventos históricos y reales. Sin la creación especial de la humanidad como los portadores de la imagen de Dios (punto 5) perdemos nuestro sentido de valor e identidad, sin mencionar el fundamento de la antropología teológica. Sin la doctrina de la paternidad compartida de la humanidad (punto 6) perdemos la noción de que todo humano, sin importar su raza, etnia, o clase social, es un portador de la imagen de Dios (Hch. 17:26)… un hermano o hermana en la comunidad de la humanidad. Sin la caída histórica de Adán (punto 7) perdemos la doctrina del pecado original y también perdemos el elemento más esencial de la teología bíblica: la tipología Adán-Cristo (Ro. 5:12-21).

Discutamos con brazos abiertos

Dentro de estos límites, los evangélicos —afirmando a todo pulmón la inerrancia bíblica— pueden y deben discutir teológicamente entre ellos mientras se aceptan unos a otros sin sospechas. La longitud de los días de Génesis 1, la edad de la tierra, y la muerte y depredación de los animales antes de la caída son todos asuntos secundarios o terciarios que deben ser trabajados de manera consistente con nuestros compromisos de primer orden. De nuevo, el punto no es si debemos o no debatir estos asuntos, sino cómo lo hacemos.

Esto no pretende concluir la conversación sobre la creación o tener la última palabra acerca del tema. Desde luego, derramemos tinta en la defensa rigurosa de cada lado del debate, pero no derramemos la sangre unos de otros mientras lo hacemos. Mi deseo es que otros refinen y clarifiquen estos puntos de manera que contribuya a nuestro entendimiento de los asuntos de primer, segundo, y tercer orden en la doctrina de la creación.


Este artículo fue publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Ana Ávila.
Imagen: Lightstock.
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