×

Sólidamente reformada, sorprendentemente pequeña

Más de Augustus Nicodemus Gomes Lopes

Aquí en Brasil, la mayoría de los pastores reformados y conservadores tienen congregaciones pequeñas de entre 80 y 120 miembros. Esto es bien conocido, y a menudo ha sido utilizado como una crítica en contra de la doctrina reformada. Si la teología reformada es tan bíblica y buena, dicen, ¿por qué sus predicadores y defensores no pueden convencer a las personas? ¿Por qué asisten tan pocas personas a sus iglesias? ¿Por qué estas iglesias no pueden crecer o lograr que más gente joven vaya a sus servicios? Yo conozco iglesias brasileñas dinámicas, en crecimiento, evangelísticas, a las que les importa las misiones, y que son relativamente grandes. Sin embargo, estas son las excepciones. Cuando hablo de “congregaciones pequeñas” me refiero no solo a tamaño sino también a visión y envolvimiento en evangelismo y misiones. Tengo en mente iglesias que han permanecido pequeñas por largo tiempo. En algunos casos, están perdiendo miembros. Esto me molesta, porque está ocurriendo en un país donde millones se están volviendo “evangélicos”; en donde hay una significativa libertad de expresión y de religión, y en donde el terreno es fértil y las puertas están abiertas para la proclamación del evangelio.

 Aunque yo mismo soy un pastor reformado, quisiera hacer seis observaciones sobre esta tendencia preocupante: 1. Al rechazar la idea de que, en términos de crecimiento, los números no lo dicen todo, muchos de nosotros olvidamos que ellos sí dicen algo. ¿De verdad podemos decir que para una congregación reformada está bien el crecer un uno por ciento en los últimos veinte años – una tasa de crecimiento mucho menor que la de la población en Brasil y de otras iglesias evangélicas?  ¿En un país en donde los evangélicos no son perseguidos por el estado y las oportunidades  son amplias? 2. Igual de funesta es la actitud que justifica su pequeño tamaño acudiendo a la soberanía de Dios. Como creyente reformado entiendo claramente que es Dios quien da el crecimiento (1 Cor. 3:6-7). Sin embargo, también creo que antes de echarle a Dios una “culpa respetuosa”, debemos hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿Tiene nuestra iglesia una buena ubicación?
  • ¿Es el servicio cálido y atractivo?
  • ¿Ha hecho la iglesia esfuerzos frecuentes y consistentes para ganar nuevos miembros?
  • ¿La predicación está dirigida directamente a convertir pecadores?
  • ¿Es comprensible para un no creyente que casualmente esté allí?
  • ¿Están los miembros conscientes y listos para hacer uso de todas las oportunidades – y aun crearlas – para testificarles a los no-creyentes?
  • ¿Hay oraciones enérgicas por la conversión de pecadores y el crecimiento de la iglesia?

Temo que muchos pastores reformados culpan a la soberanía de Dios antes de hacer su trabajo. ¿Por qué desearía Dios que congregaciones reformadas sean tan pequeñas? ¿Que no se desarrollen en un país libre en donde otras iglesias evangélicas están creciendo dramáticamente? ¿Predestinó Dios tales iglesias para que sean doctrinalmente correctas pero pequeñas en tamaño, y las otras que crezcan a pesar de su teología infiel y su metodología? ¿No ha predestinado Dios a pastores reformados para que sean ganadores de almas, evangelistas, plantadores de iglesias, y heraldos del Reino? 3. Quizás el problema con muchos de los pastores conservadores es que no estamos abiertos a cambios en nuestros servicios, actitudes y posturas, por pequeños que sean, para poder mostrar una cara más amigable a las personas. Ser cálido, atrayente e interesante no es pecado, y no contradice las confesiones reformadas. Los pastores reformados necesitan pensar en formas de hacer que su iglesia crezca, más que simplemente racionalizar que “lo pequeño es hermoso”. Es cierto que muchas iglesias evangélicas crecen por medio del uso de estrategias cuestionables y metodologías que atraen personas con promesas de bendiciones materiales y sanidades que no pueden ser cumplidas. Sin embargo, el criticar el tamaño de estas iglesias y señalar sus errores teológicos y metodológicos no justifica el tamaño pequeño de nuestras iglesias. ¿Qué nos impide trabajar con métodos fieles buscando ser grandes congregaciones? 4. Lo que más me asusta es la forma orgullosa en que los pastores de congregaciones pequeñas citan la enseñanza de Jesús cuando dice que “muchos son los llamados pero pocos los escogidos”. “Los verdaderos creyentes son pocos”, dicen ellos. “Preferiría tener una congregación pequeña con miembros sólidos que una congregación enorme, abarrotada de gente superficial y egoísta”. Bueno, si tuviera que escoger entre las dos, yo también preferiría la pequeña.

Pero, ¿por qué hay que escoger entre las dos? ¿Será posible el tener iglesias reformadas abarrotadas de personas que se encuentran allí por las razones correctas? 5. Los pastores reformados generalmente tienden a considerar la sana doctrina como el aspecto más importante de la vida de iglesia. Pero en la búsqueda por reforzar algunas verdades, temo de que no prestemos la debida atención a otras verdades tales como la espiritualidad bíblica, la oración, y el evangelismo planificado. Yo creo que la doctrina debe ser siempre evangelística, y que el evangelismo siempre debe ser doctrinal. “La predicación”, en palabras de Charles Spurgeon, “es teología que sale de labios en llamas”. Algunos pastores reformados se sienten tan paralizados por la doctrina de la depravación total que no saben cómo invitar a pecadores a que crean en Cristo.

El fantasma de Charles Finney, el que popularizó el llamado desde el altar, los persigue y los atormenta; ellos llegan al final de su mensaje sin idea alguna de cómo aplicarlo a los perdidos – con tal de no parecer pentecostales. Sin embargo, yo creo que si los pastores reformados se vieran más humanos, naturales, y cómodos en el púlpito, ellos provocarían un interés mayor. 6. Finalmente, al reaccionar en contra de los excesos del Pentecostalismo, muchos pastores reformados están atemorizados de orar demasiado y de buscar un avivamiento espiritual en sus congregaciones . No tengo soluciones fáciles para el enanismo eclesiástico de las congregaciones reformadas. Sin embargo, sí creo que necesitamos un quebrantamiento espiritual genuino entre los pastores – humillarnos delante de Dios para examinar nuestras vidas y ministerios, para buscar la plenitud del Espíritu Santo, y desear la gloria de Dios sobre todas las demás cosas.

Publicado el 5 de marzo para The Gospel Coalition. Traducido por Joel Quezada.

Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.
CARGAR MÁS
Cargando