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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Qué son los sacramentos u ordenanzas?

Los sacramentos u ordenanzas dados por Dios e instituidos por Cristo, es decir, el bautismo y la Cena del Señor, son señales y sellos visibles de que estamos unidos como una comunidad de fe por Su muerte y resurrección. Mediante el uso que hacemos de ellos, el Espíritu Santo nos declara las promesas del evangelio y las sella en nosotros.

Romanos 6:4: “Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con Él en Su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (NVI).

Lucas 22:19-20: “También tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo: ‘Este pan es Mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de Mí’. De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo: ‘Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes’” (NVI).

Existen dos sacramentos u ordenanzas. Son el bautismo, que es una vez y para siempre. Y la Cena del Señor, que se practica regularmente. Les llamamos a ambos ordenanzas porque Jesucristo nos ordenó practicarlas. Pero les llamamos sacramentos porque a través de ellos las bendiciones de Dios y Su gracia vienen a nosotros de manera única. No son meras experiencias personales e individuales. Somos miembros de una comunidad, y el bautismo y la Cena del Señor muestran que pertenecemos a una comunidad, la comunidad del pacto, las personas que pertenecemos a Jesús. Y por eso funcionan como marcas delimitantes. La Confesión de Westminster dice que “establecen una diferencia visible entre aquellos que pertenecen a la iglesia y el resto del mundo”.

Ambos son señales y sellos. Les llamamos señales porque simbolizan las bendiciones de la salvación, el perdón de pecados, la recepción del Espíritu Santo y la capacidad de tener comunión con Jesucristo en Su presencia. Pero no solo son señales; también son sellos. Eso significa que realmente nos traen estas bendiciones. Nos dan seguridad y alientan nuestra fe, y es nuestra fe la que recibe esas bendiciones.

Algunas partes de la Biblia, como 1 Corintios 10 y 1 Pedro 3, parecen decir que son los sacramentos los que reciben estas bendiciones de salvación. Pero los sacramentos alientan nuestra fe, y es nuestra fe la que realmente recibe las bendiciones y la que nos salva. J. I. Packer lo dice de esta manera: “De la misma forma en que la predicación de la Palabra hace que el evangelio sea audible, así los sacramentos lo hacen visible, y Dios alienta nuestra fe por medio de ambos”. Los sacramentos, por tanto, funcionan como medios de gracia bajo el principio de que ver nos lleva a creer.

Oración: Dador del evangelio, Tú nos has dado señales de Tu gracia que pueden ser vistas, sentidas y probadas. Ayúdanos a practicarlas de acuerdo a Tus mandamientos. Que ellas aparten nuestra mirada de nosotros mismos y la dirijan hacia Tu obra salvadora. Guárdanos de exaltar las señales de tal forma que distraigan nuestra atención del Salvador a quien apuntan. Amén.


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