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El año en que Estados Unidos fue fundado nos provee una historia del origen del Occidente poscristiano. Fue un año en el que se llevaron a cabo siete transformaciones distintas (algunos las llamarían “revoluciones”) en paralelo, las cuales han cambiado permanentemente la manera en que pensamos sobre Dios, nosotros mismos, el mundo y nuestro lugar.

Estas transformaciones explican todo tipo de características de nuestra cultura que aparentan no estar relacionadas. Explican por qué creemos en los derechos humanos, el libre comercio, la democracia liberal y el pluralismo religioso; fundamentan nuestra preferencia por la autenticidad sobre la autoridad y la autoexpresión sobre la abnegación; y explican todo tipo de fenómenos que nuestros bisabuelos hubieran encontrado inconcebibles.

Somos quienes somos debido a 1776. Eso implica una combinación de dos cosas. Una está relacionada con el mundo que habitamos hoy y otra con el mundo de hace dos siglos y medio.

La primera afirmación es que la forma más útil de identificar lo que es distintivo de nuestra sociedad en relación con otras pasadas y presentes es que es MÁS EXTRAÑA: occidental, educada, industrializada, rica, democrática, excristiana y romántica (WEIRDER por sus siglas en inglés). Es posible que no aceptemos todas esas etiquetas como individuos. Podemos ser africanos o asiáticos, vivir con ingresos muy moderados, no tener historia de cristianismo o vivir sin ningún vínculo romántico. Pero la cultura más amplia en la que vivimos se caracteriza por estas siete etiquetas.

Con frecuencia nos referimos a nuestra sociedad como el Occidente, lo cual necesita ser definido pero aún así es ampliamente aceptado. La educación de los niños es generalizada, gratuita y, por lo general, obligatoria, con un nivel de alfabetización prácticamente del 100%. Los títulos reconocidos tienen un importante prestigio social y económico. Estamos claramente industrializados, con solo un pequeño porcentaje de la población todavía trabajando en la agricultura. Poseemos riquezas como nunca antes; la dieta, comodidades, atención médica y opciones de ocio disponibles para alguien que trabaja con un salario mínimo hoy en día son, en muchos sentidos, mejores que las disponibles para Mansa Musa o Luis XIV.

Somos democráticos, no solo en nuestro sistema de gobierno, sino en nuestras suposiciones sobre la sociedad. Somos excristianos, ya que la adhesión formal a la fe cristiana está disminuyendo tanto en público como en privado. Aún así, nuestra civilización permanece saturada de supuestos judeocristianos que no muestran signos de desvanecimiento; como tales, somos intencionalmente excristianos, a diferencia de excomunistas, exislámicos o aun precristianos.

Somos románticos, en el sentido de que nuestras creencias y prácticas han estado marcadas de manera indeleble por el movimiento romántico, desde nuestro concepto del ser e identidad a nuestras expectativas del arte, la música y la literatura, hasta nuestros hábitos eróticos y sexuales. Para bien o para mal, vivimos en un mundo MÁS EXTRAÑO.

La influencia de 1776

La segunda afirmación es que estos siete aspectos son ciertos debido a 1776. Esto puede sonar como una hipérbole. Ningún año crea un mundo futuro por sí solo. La historia no consiste en Big Bangs, con nuevos mundos y leyes que aparecen de la nada, sino más bien en pequeños pasos evolutivos, cada uno construido sobre los miles de pasos anteriores y dependiendo de los miles de pasos posteriores para su supervivencia. Sin embargo, algunos pasos evolutivos importan mucho más que otros. Algunos se convierten en revolucionarios (la cámara fotográfica, por ejemplo), mientras que otros resultan ser un callejón sin salida. El año 1776 fue uno revolucionario. Fue un año asombroso de innovación y agitación y el mundo no ha sido el mismo desde entonces.

Contar esa historia tomaría todo un libro. Pero podemos verlo en resumen si consideramos solo 10 eventos destacados de ese año.

  • En enero, Thomas Paine publicó su panfleto Sentido Común en Filadelfia, argumentando que las colonias estadounidenses debían buscar la independencia del dominio británico. Este causó sensación inmediata y se convirtió en uno de los libros más influyentes y de mayor venta en la historia de Estados Unidos.
  • En febrero, Edward Gibbon publicó el primer volumen de Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, el cual estableció nuevos estándares para escribir la historia, desafió a la iglesia establecida y proporcionó una narrativa escéptica del cristianismo primitivo que perdura hasta el día de hoy.
  • La máquina de vapor de James Watt, probablemente el invento más importante de la historia industrial, comenzó a funcionar el 8 de marzo de este año en la mina de carbón Bloomfield en Staffordshire. Al día siguiente, Adam Smith publicó el texto fundamental de la economía moderna: Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.
  • La transformación más conocida del año tuvo lugar en el verano, al establecerse una nación que jugaría un papel cada vez más dominante en los próximos dos siglos: la firma de la Declaración de Independencia (4 de julio), se toca la Campana de la Libertad en Filadelfia (8 de julio), la batalla de Long Island y la toma de Brooklyn por los británicos (27 de agosto) y la adopción formal del nombre Estados Unidos (9 de septiembre).
  • Al otro lado del Atlántico, el Capitán James Cook navegaba hacia el sur en la balandra Resolution en el último de sus tres viajes a los mares del sur, cuyo efecto todavía se puede sentir en las islas del Pacífico, Nueva Zelanda y Australia.
  • Emmanuel Kant estaba en Königsberg, escribiendo el bosquejo de su Crítica de la razón pura, que provocaría una “revolución copernicana” en la filosofía.
  • En Edimburgo, David Hume finalmente completó sus Diálogos sobre religión natural, uno de los mayores argumentos contra el teísmo cristiano jamás escrito, antes de su muerte el 25 de agosto.
  • El otoño vio a Friedrich Klinger escribir su obra Sturm und Drang (“Tormenta y estrés”), que pronto dio su nombre al movimiento protoromántico en la música y la literatura alemana.
  • En diciembre, Benjamin Franklin llegó a París en una misión diplomática para llevar a Francia a la guerra contra Gran Bretaña. Eventualmente fue exitoso y condujo a la victoria estadounidense en Yorktown (1781) y al colapso del ancien régime francés a través de la bancarrota y la revolución (1789).

Entre ellos, esos 10 eventos representan una serie de transformaciones que inauguraron el mundo MÁS EXTRAÑO. Algunos son tan prominentes que han pasado al habla cotidiana. La gente se refiere libremente a la Revolución Industrial, la Revolución Americana, la Revolución Romántica y a la Ilustración. Otros son menos reconocidos pero no menos importantes.

Se podría argumentar que la influencia a largo plazo de los viajes de Cook, lo que Gibbon o Hume dijeron sobre el cristianismo, o lo que Smith dijo sobre los mercados, han sido tan revolucionarios en los ámbitos de la geografía, la religión y la economía como lo fue la independencia estadounidense en la política.

1776 fue un año en el que se plasmaron las ideas por escrito, ideas que a menudo fueron transformadoras y la redacción de las mismas fue a menudo magnífica

Esos son solo los ejemplos más conocidos; hay muchos otros, aún si nos limitamos a hablar del Occidente. Ese mismo año, Laura Bassi, la primera mujer en trabajar como científica profesional, fue nombrada Catedrática de física experimental en el Instituto de Ciencias de Bolonia. Mozart escribió su “Concerto para tres pianos” en Salzburgo. Phillis Wheatley, la primera mujer afroamericana en publicar un libro, presentó su poesía en persona a George Washington. Los Illuminati se fundaron en Baviera y Phi Beta Kappa comenzó en Williamsburg, Virginia. Toussaint Louverture, el futuro líder de la primera (y única) revuelta de esclavos exitosa en la historia, fue liberado de la esclavitud en lo que hoy es Haití. Podríamos seguir.

Pero la influencia de 1776 no se puede medir simplemente sumando todos los eventos claves que ocurrieron. Fue un año en el que se plasmaron las ideas por escrito, ideas que a menudo fueron transformadoras y la redacción de las mismas fue a menudo magnífica. Nuevamente, considera 10 ejemplos del mundo de habla inglesa.

  • Dos han pasado al folclore americano por su poder retórico en el contexto de la guerra revolucionaria: “Estos son los tiempos que prueban las almas de los hombres”, de Thomas Paine, y “¿Son estos los hombres con los que debo defender a Estados Unidos?”, de Washington.
  • Otras dos son dignas de mención por lo bien que articularon las implicaciones lógicas de la revolución: Lemuel Haynes para sus conciudadanos afroamericanos (“La libertad es tan preciosa para un hombre negro como lo es para uno blanco y la esclavitud es igualmente intolerable para uno como para el otro”) y Edmund Burke para Gran Bretaña (“Apenas puedo creer, por la tranquilidad de todo lo que me rodea, que somos un pueblo que acaba de perder un imperio. Pero es así”). (Ver Lemuel Haynes, “Liberty Further Extended”). 
  • Uno es recordado por la metáfora que introdujo, sin la cual es difícil imaginar la economía: “Él busca solo su propio beneficio, y en este como en muchos otros casos, es guiado por una mano invisible para promover un fin que no era parte de sus intenciones”. (Ver Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones.)

Las otras cinco declaraciones se recuerdan porque encapsulan el espíritu de una época: un espíritu de confianza en la razón y el potencial humano que era casi tangible a finales del siglo XVIII, cuyas réplicas todavía se pueden sentir hoy.

  • “Tenemos en nuestro poder comenzar el mundo de nuevo”, declaró Paine en una de las frases más audaces jamás escritas (ver Sentido común).
  • Matthew Boulton, al revelar su falange de máquinas de vapor a James Boswell, extrajo su optimismo de las posibilidades de la tecnología: “Vendo aquí, señor, lo que todo el mundo desea tener: PODER”. (Ver La vida de Samuel Johnson por James Boswell, 22 de marzo de 1776.)
  • Jeremy Bentham intentó renovar la ética humana sobre una base completamente racional sin ninguna necesidad de moralidad cristiana: “Es la mayor felicidad del mayor número de personas lo que constituye la medida del bien y del mal”. (Ver Un fragmento sobre el gobierno).
  • James Madison, haciendo ajustes a la Declaración de Derechos de Virginia, insistió en que la sección final incluya la frase “todos los hombres tienen idéntico derecho al libre ejercicio de la religión, según los dictados de la conciencia”.
  • El más influyente de todos, Thomas Jefferson declaró como “evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Estas son declaraciones concisas, que se pueden citar y pueden ayudarnos a orientarnos en un mundo con el que no estamos familiarizados. Pero esa no es la razón principal para citarlos aquí. La razón principal para citarlos es que provocaron cambios, en gran parte sísmicos, y vivimos con su legado. Estas ideas, y las personas, instituciones e invenciones con las que están asociadas, nos hicieron MÁS EXTRAÑOS. Somos quienes somos gracias a estas.

¿Qué importa?

Soy un pastor cristiano. Encuentro fascinante la historia y estoy convencido de que puede ayudarnos a convertirnos en ciudadanos más sabios, humildes y amorosos. Pero mi motivo principal al escribir es ayudar a la iglesia a prosperar en un mundo MÁS EXTRAÑO.

Varias ideas impulsadas en 1776 provocaron cambios, en gran parte sísmicos, y vivimos con su legado

¿Qué desafíos y oportunidades surgen de la occidentalización, el romanticismo o la industrialización y qué debemos hacer al respecto? ¿Cómo deben actuar los cristianos en una cultura excristiana? ¿Cómo se ve el cristianismo fiel a la sombra de 1776? En este punto, creo, podemos extraer una gran cantidad de sabiduría de una fuente obvia: el cristianismo fiel en 1776. ¿Cómo respondieron los creyentes en esta era turbulenta y transformadora a lo que estaba sucediendo a su alrededor? ¿Qué podemos aprender?

Da la casualidad de que varios aspectos dentro de la iglesia contemporánea miran hacia 1776 como un año especialmente formativo. Fue un período crucial en el desarrollo de los inicios del metodismo. John Wesley consiguió un lugar en el que construir una nueva sede en Londres y comenzó a recaudar fondos para la misma. John Fletcher, quien la mayoría de la gente asumió que sucedería a Wesley como el próximo líder, contrajo tuberculosis, lo que provocó un replanteamiento completo de cómo se conducirían las cosas en la próxima generación. La Revolución Americana inició una cadena de eventos que llevaría a los metodistas a ordenar a sus propios ministros y a separarse finalmente del anglicanismo. La necesidad de nuevas premisas, nuevo liderazgo y una nueva denominación resultaría catalizadora para el rápido crecimiento del metodismo en el siglo siguiente.

También fue un año histórico en otras denominaciones protestantes. Los disidentes estadounidenses, como acabamos de ver, vieron aparecer las palabras cruciales “libre ejercicio de la religión” en la Declaración de Derechos de Virginia y, posteriormente, en la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

John Newton, el excomerciante de esclavos, estaba trabajando en los Himnos de Olney, que se publicarían en 1779 e incluirían el himno de su autoría “Sublime gracia” y “Dios se mueve en maneras misteriosas”, de William Cowper.

William Carey, de 15 años, quien crecería para convertirse en el padre de las misiones modernas y traduciría la Biblia a seis idiomas indios, tuvo la experiencia que lo llevó a su conversión. El vicario calvinista Augustus Toplady publicó su himnario que incluía “Roca de la eternidad”. La iglesia Holy Trinity Church Clapham inició sus servicios de adoración, a la que más tarde asistieron miembros de la Secta Clapham, incluyendo a William Wilberforce y Hannah More.

La mayoría de estos nombres son familiares en los círculos evangélicos. Pero creo que dos personas que son mucho menos reconocidas, Olaudah Equiano y Johann Georg Hamann, tienen aún más que enseñarnos. Equiano nació cerca de 1745 en lo que hoy es Nigeria y 1776 lo tomó navegando en un barco en el Caribe. Se convirtió en uno de los cristianos más notables de su generación o de cualquier otra, lo cual subestimó un poco al titular su autobiografía Narración de la vida de Olaudah Equiano.

Hamann era amigo y crítico de Emmanuel Kant así como un cristiano, y de alguna manera el primer filósofo postsecular. Fue aclamado por Hegel como un genio, por Goethe como la mente más brillante de su época y por Kierkegaard como uno de los dos hombres más brillantes de todos los tiempos (junto con Sócrates). A pesar de que Equiano y Hamann están a millas de distancia en sus experiencias y escritos, ellos tienen mucho que enseñarnos sobre cómo vivir como cristianos en un mundo MÁS EXTRAÑO.

La necesidad de echar raíces

Cada generación necesita una genealogía. La arrogancia de la amnesia es siempre una amenaza

Hace unos años me di cuenta de cuántos de mis autores favoritos escribieron durante o inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial: George Orwell, C. S. Lewis, Graham Greene, Leszek Kołakowski, Dorothy Sayers, Isaiah Berlin, W. H. Auden, Flannery O’Connor, J. R. R. Tolkien, James Baldwin, T. S. Eliot.

No se me había ocurrido antes y me pregunté por qué podría ser este el caso. Probablemente haya algunas razones estilísticas. Su lenguaje está lo suficientemente cerca de nuestros días como para no sonar misteriosos, y la nitidez, simplicidad y calidad visual de su prosa ha sido moldeada por el advenimiento del cine. Sus obras también están marcadas por una profunda conciencia del mal radical, lo que no es de extrañar dados los tiempos en los que vivieron. Esto le da a sus ensayos una urgencia, y a su poesía y ficción un drama cósmico (piensa en el Hermano mayor y la Habitación 101, Sauron y Saruman, la Bruja Blanca, Rebelión en la granja, o la oscuridad del pecado y el diablo en las novelas de Greene), que pocos escritores anteriores o posteriores han logrado.

Por tanto, es fascinante la frecuencia con la que sus respuestas al mal radical implica recurrir a la historia. A veces, esto llega dirigiéndose al lector de forma directa, como los escritos de Baldwin sobre la raza, o los de Kołakowski sobre el comunismo, o los de Berlín sobre el liberalismo, o Creed or Chaos (Credo o caos) de Sayers. Eliot y Auden lo hacen a través de sus numerosas referencias y alusiones. O’Connor y Greene se basan en su catolicismo. El trabajo más grande de Simone Weil es L’Enracinement (generalmente traducido como Echar raíces) y es un argumento extenso de la necesidad de que estemos más conectados con nuestro pasado.

A través de sus ensayos, Lewis hace hincapié sobre por qué deberíamos leer libros antiguos, así como al criticar el esnobismo cronológico en cada oportunidad, desde Esa horrible fortaleza hasta Cartas del diablo a su sobrino y los destinos del tío Andrew y el rey Miraz en las historias de Narnia. Tolkien lo hace a través de su lenguaje y entorno medieval, sus complejas prehistorias y su trama (recuerda a Sam en el borde del Monte del Destino, recordando la Comarca y contando a Frodo sobre las viejas historias mucho antes de que el mal totalitario se apoderara del mundo).

Lo más poderoso de todo es que Orwell crea mundos donde nadie recuerda el pasado y donde los que están en el poder (los cerdos de la granja, el Partido en 1984) son libres de manipularlo para sus propósitos y arrojar recuerdos no deseados por el agujero de la memoria. “La historia se ha detenido. No existe nada excepto un presente sin fin en el que el Partido siempre tiene la razón”. Todos estos escritores habían sido testigos del casi colapso de Occidente en la memoria reciente y conocían los peligros de perder su historia y la importancia de no permitirlo.

También es importante para nosotros. Cada generación necesita una genealogía. La arrogancia de la amnesia es siempre una amenaza, sobre todo en períodos de gran progreso tecnológico y médico. Así que es vital, como nos recuerdan los Salmos y los profetas, recordar: recordar las obras de nuestros padres y madres, recordar la piedra de la que fuimos cortados y la cantera de la cual fuimos excavados (Is 51:1). Puede ayudarnos a comprender por qué nuestro mundo es como es, cómo se volvió MÁS EXTRAÑO, y cómo amar, vivir y prosperar en él.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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