No prediques sermones de microondas

Pasa a menudo. El pastor ha llegado al final de su semana sin haber tenido mucho tiempo para concentrarse en su sermón. Podrá haber pensado en su texto, podrá haber anotado algunas cosas, pero la parte sólida de su preparación y la profundidad de su composición recaen en el sábado antes de la predicación, tal vez incluso hasta altas horas de la madrugada del domingo por la mañana.

Conozco a más de unos cuantos pastores, y además escucho de muchos más, quienes citan la vida ocupada de su ministerio como la razón por la cual la preparación de los sermones se dificulta semana tras semana. Tienen que encontrar tiempo para trabajar en su sermón, toman fragmentos de tiempo de aquí y allá según pueden, se quedan despiertos para trabajar después de que la familia está en la cama, o trabajan en los días que (en teoría) tienen libres. Por lo tanto, sus sermones se cocinan en tiempos a medias y se calientan en pequeñas ráfagas: predican “sermones de sobras calentadas en microondas”.

No debería ser así. Algunos pensamientos sobre eso:

1. La tarea principal del pastor es predicar la Palabra.

Vemos que, al establecer el diaconado en Hechos 6, el énfasis laboral de los ancianos de la iglesia es “el ministerio de la palabra y la oración” (v. 4), a la que pretenden “dedicarse” ellos mismos. Lo primero que Pablo le pide a Timoteo que haga (en 2 Ti. 4:1-2) es que predique la Palabra. Predicar y enseñar es el trabajo principal del pastor, y una de las razones por las cuales “poder enseñar” es una de las pocas calificaciones distintivas para el cargo de anciano, a diferencia del oficio del diácono. Esto no significa, por supuesto, que los pastores deben descuidar otros trabajos necesarios, especialmente el trabajo del cuidado pastoral y otras tareas de liderazgo. Pero ciertamente significa que:

2. El horario semanal del pastor debe priorizar la preparación de sermones.

Programa tu ministerio semanal en torno a la preparación del sermón, no al revés.

Si preparar el sermón sucede principalmente cuando encuentras tiempo, necesitas reorganizar radicalmente tu calendario. Si te preparas el sábado o en las últimas horas de la noche porque ese es el mejor momento de energía mental y espiritual, bueno, supongo que podrías continuar así. Si preparar el sermón sucede los sábados porque eres un pastor bivocacional que trabaja en otro lugar de lunes a viernes, es probable que no haya alternativa. Pero si eres un pastor de tiempo completo que prepara sermones en las grietas de tiempo durante la semana porque otras prioridades han superado esta, tu semana está al revés. Programa tu ministerio semanal en torno a la preparación del sermón, no al revés.

Si a la gente no le gusta que hayas pasado todo un día entre semana para encerrarte en tu estudio para leer y escribir, recuérdales que te han contratado principalmente para predicar la Palabra, y que la Palabra de Dios es preciosa y digna de esa inversión. El trabajo ministerial es fundamentalmente un “trabajo de la Palabra”, y vale la pena concentrarse tanto en las Escrituras como en el pueblo de Dios, priorizando el dedicarse a la predicación fiel. Nuevamente, es un problema si estás encerrado en tu estudio durante toda la semana y abandonas el “pastorear el rebaño de Dios” (1 Pe. 5:2), pero el factor clave del pastor es alimentar a las ovejas. Prioriza tu preparación de sermones.

3. Cocina lentamente el sermón, pero no demasiado.

Los sermones de microondas son generalmente tan buenos como la mayoría de la comida de microondas. Si estás trabajando en tu sermón solo cuando encuentras tiempo, la Palabra de Dios y tu predicación no están recibiendo el cuidado y la atención devocional que hacen que la predicación sea rica y deliciosa. Si encuentras solo fragmentos de tiempo para prepararte, y luego tienes que acelerar el proceso, se notará el domingo por la mañana. Eso sí, también es un problema cuando algo se sobretrabaja. Si la preparación del sermón es un trabajo arduo y no puedes estudiar y componer un sermón cada semana con tiempo restante para cumplir con tus otros deberes ministeriales de rutina, es posible que debas refinar tu enfoque de preparación, o incluso obtener algún entrenamiento externo. O ayuda con tu predicación. O puede ser que simplemente tengas que dejar de intentar hacer todo lo que estás intentando hacer en tu sermón. Lo único peor que sermones de microondas son los sermones que se han cocinado de más.

No tienes que ser gobernado por la tiranía de la fecha límite del sermón del domingo.

Algunos textos requieren un estudio más profundo que otros, sin duda. Algunos textos son más complejos y más exigentes que otros. Pero si, en promedio, necesitas la mayor parte de tu semana laboral para terminar cada sermón, puede que lo estés pensando demasiado (en el mejor de los casos), o que no estés realmente dotado para predicar (en el peor de los casos). Asumamos el mejor de los casos. No todos los sermones deben ser una disertación exhaustiva sobre todas las implicaciones posibles del pasaje en cuestión. Esto es especialmente cierto en contextos más pequeños, donde el pastor de predicación no tiene la capacidad de delegar mucho a otros pastores.

Así que no te excedas. Obtén ayuda si la necesitas. Un enfoque medido y dedicado a la preparación de sermones en realidad hará que sea más fácil priorizar el trabajo cada semana y, eventualmente, proporcionarte una medida de descanso adicional cada semana. No tienes que ser gobernado por la tiranía de la fecha límite del sermón del domingo si vas a recuperar el control de tu agenda y someterla a las prioridades bíblicas para el ministerio pastoral.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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