¿Por qué necesitamos la teología sistemática?

Respondiendo a objeciones comunes

Algunos se asustarán porque el término “teología sistemática” suena quizá un poco académico, o un poco abstracto. O peor, algunos lo miran con cierta sospecha, como algo contraproducente para la vida cristiana y el ministerio en la iglesia.

Pero la teología sistemática no se reserva solo para los eruditos, y lejos de ser algo malo, en realidad nos brinda la ocasión de conocer más a Dios y entender mejor su obra en nuestras vidas. Queramos o no, todos hacemos teología sistemática, y tenemos la responsabilidad de ser los mejores teólogos que podamos llegar a ser con el fin de servir mejor a Dios en este mundo que ha creado.

¿Qué es la teología sistemática?

Empecemos aclarando nuestro terminología. ¿Qué significa “teología sistemática”? En primer lugar, definamos la palabra “teología”. Hay muchas “ologías” por ahí: la biología, la antropología, la sociología, etc. La terminación “logía” viene de la palabra griega logos que significa palabra o discurso. Muy literalmente, la biología se trata de palabras o un discurso sobre el bios, que es el estudio de los organismos vivos. La antropología es el estudio del anthropos, el ser humano. La teología se trata del estudio de theos, de Dios.

Qué tema de estudio más importante, ¿no? Pero ¿a dónde miramos para estudiar a Dios? El biólogo sale al campo a buscar animales o bichos o plantas; el antropólogo observa el ser humano. El teólogo, en cambio, encuentra los datos de su estudio de Dios en Su revelación. La teología cristiana no debe basarse en la especulación ni en la imaginación, sino en lo que Dios nos dice acerca de sí mismo. Dios se revela en dos sitios: en su creación y en la Biblia. La revelación más detallada y explícita se halla en la Biblia, de modo que ella será el objeto principal de nuestro estudio. Hacemos teología cuando estudiamos a Dios al estudiar la Biblia.

Un detalle importante: la teología son palabras acerca de Dios. ¿Palabras de quién? La Biblia contiene palabras divinas, pero nosotros hacemos teología incluyendo palabras nuestras. En la teología sistemática muchas veces usamos vocabulario que viene de la Biblia, pero no nos quedamos solamente con citas bíblicas. Usamos lenguaje cotidiano para resumir lo que la Biblia enseña. A este detalle volveremos en breve.  

Analicemos ahora la palabra “sistemática”. Esta habla del carácter de este estudio. Lo que la teología sistemática trata de hacer es resumir los contenidos de la Biblia según un temario bien organizado. Este temario ordenado consiste en una serie de doctrinas. Las doctrinas son enseñanzas, de modo que una doctrina es lo que la Biblia enseña acerca de algún tema. El temario de la teología sistemática incluye las doctrinas que destacan en la Biblia. Aquí algunos ejemplos:

  • La revelación
  • El carácter de Dios
  • La creación
  • La caída del ser humano en el pecado
  • La persona de Cristo y su obra
  • La salvación que resulta de esa obra

¡Ojo! La teología sistemática presenta estas doctrinas en un orden concreto y lógico: hablamos primero de una cosa, luego de otra (por ejemplo, hablamos primero del pecado y luego de Cristo, porque la obra de Cristo tiene más sentido a la luz de la necesidad del ser humano pecaminoso). La teología sistemática, entonces, consiste en doctrinas explicadas y ordenadas lógicamente.

La teología sistemática es un resumen ordenado, con nuestras palabras, de lo que dice toda la Biblia acerca de sus doctrinas principales

Resumiendo: la teología sistemática viene a ser un resumen ordenado, con nuestras palabras, de lo que dice toda la Biblia acerca de sus doctrinas principales. Según la Biblia, ¿quién es Dios? ¿Quién soy yo? ¿Cómo es el mundo? ¿Cómo me puedo salvar? ¿Cómo será el cielo? La teología sistemática trata de localizar todos los pasajes que tienen que ver con estas cuestiones, y busca entenderlos, resumirlos, y explicar lo que debemos creer acerca de ellos. ¡Es sumamente importante!

Objeciones a la teología sistemática

Muchas personas no creen que la teología sistemática sea necesaria. Como hemos dicho, algunos incluso dirían que no es ni buena. Quisiera considerar tres objeciones a la práctica de la teología sistemática, contestándolas con razones por las cuales realmente resulta imprescindible para vivir bien la vida cristiana.  

Objeción 1: No necesitamos la teología sistemática para nada

Hay personas que dicen que el creyente tiene todo lo que necesita para conocer a Dios y crecer en su fe con la Biblia. Dicen que los manuales de teología, los catecismos, y las confesiones no son necesarios. Tal manera de pensar se manifiesta a veces en el eslogan: “Credos no, solo Cristo”. No hacen falta libros humanos de doctrina. Nos quedamos solo con las Escrituras divinas.

En parte, este sentir refleja una preocupación importante. Lo cierto es que la última autoridad en la vida cristiana es la Biblia. No queremos elevar ningún credo, ningún sistema de doctrina por encima de ella. Basamos nuestra fe en lo que se desprende de las Escrituras, no en las ideas de nuestro teólogo o predicador preferido. El fundamento de lo que pensamos y lo que creemos siempre debe ser la Biblia, porque solo ella es inspirada.

No obstante, queramos o no, todos somos teólogos. Todos hacemos teología sistemática. Si piensas o si hablas acerca de cualquier tema de Dios y resumes la enseñanza bíblica con tus propias palabras (si dices: “La Biblia enseña esto”, y procedes a dar tu resumen), estás haciendo teología sistemática. Todos tenemos nuestro credo, todos tenemos nuestro sistema. Incluso podemos decir que el ateo hace cierto tipo de teología sistemática, porque piensa y tiene una serie de conclusiones acerca de Dios, aunque sean negativas. Realmente la teología sistemática resulta inevitable.  

Te daré un ejemplo. Una vez me tope con un líder de una secta en los Estados Unidos. El hombre sostenía doctrinas extrañas. Por ejemplo, decía que para ser salvo era necesario ser bautizado en su iglesia (cualquier otro bautismo no valía). Este hombre quería ser sumamente bíblico, y no creía en la teología sistemática porque los libros de teología no son inspirados. Citaba la Biblia por todos lados, incluso cuando hacía referencia a la misma Biblia no usaba la palabra “Biblia”, sino decía: “Así ha dicho Jehová”. ¿Por qué? Porque la palabra “Biblia” no se usa en las Escrituras para hablar de libro que tenemos hoy. Hablando con él, le pregunté que me explicara la relación entre el bautismo, la fe, y la salvación. Se vio obligado a dejar de hablar con citas bíblicas y empezó a resumir el tema con su propio vocabulario. Tuvo que hacerlo porque no hay ningún texto bíblico que conteste a esta pregunta directamente; en cambio, hay muchos textos interrelacionados que en su conjunto dan la respuesta. ¡Así es con mil cuestiones más! De modo que cada vez que contestamos preguntas como: “¿Qué enseña la Biblia sobre…”, hacemos teología sistemática.

¡Y no pasa nada! De hecho, resulta que la misma Biblia nos obliga a hacer teología sistemática. Podemos ver esto en muchos pasajes, pero uno muy claro es Judas v. 3, que dice que tenemos que contender por “la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Con la expresión “la fe” Judas no se refiere a la Biblia; más bien se refiere a algo parecido a cuando hablamos de “la fe cristiana”. Cuando decimos “la fe cristiana”, ¿a qué nos referimos? En realidad, nos referimos a un conjunto de enseñanzas, a un resumen del mensaje de la Biblia. Para poder contender por la fe, tenemos que conocer sus contenidos, tenemos que conocer las doctrinas del cristianismo. ¡Tenemos que hacer teología sistemática!

Objeción 2: La teología sistemática puede distorsionar la Biblia

También es común hoy en día la idea de que la teología sistemática distorsiona el verdadero significado de la Biblia. Algunos dicen que puesto que la Biblia no es sistemática, es decir, no es un manual de teología, los sistemas teológicos que la gente desarrolla necesariamente imponen ideas humanas sobre el texto bíblico. Para algunos, la teología sistemática es como el lecho de Procusto de la mitología griega. Este personaje ofrecía hospitalidad a viajeros solitarios. Tenía para ellos una cama de hierro, y si el huésped no encajaba bien, Procusto ajustaba por la fuerza no la cama, ¡sino el huésped!, para que cupiera. La acusación de algunos es que la teología sistemática hace algo parecido con textos bíblicos, forzándolos a caber en su sistema.

Esta objeción refleja un peligro real. Pasa a menudo que el teólogo no maneja bien sus ideas preconcebidas y acaba imponiendo significados ajenos sobre el texto bíblico. Un ejemplo: seguro has hablado alguna vez con personas (que vienen en parejas a tu puerta) que no quieren paradojas en su teología. Una paradoja resulta de dos afirmaciones que parecen ser contradictorias pero en realidad no lo son. Una paradoja que sostenemos es que Jesús es divino y humano a la vez. Si queremos una teología sin paradojas, vamos a tener que forzar varios textos. En este caso, vamos a tener que interpretar todos los textos que atribuyen cualidades y competencias divinas a Jesús de otra manera. Los tenemos que meter en el lecho de Procusto y ajustarlos, obligarlos a no decir lo que realmente dicen.

Una teología sistemática bien hecha no distorsiona sino refleja el verdadero significado de la Biblia.

No obstante, una teología sistemática bien hecha no distorsiona sino refleja el verdadero significado de la Biblia. Con la ayuda del Espíritu Santo (quien nos da humildad y diligencia) podemos tener una teología bien hecha, en el sentido de que la buena teología es posible porque Dios es coherente. En Dios no hay confusión. Esperamos, por lo tanto, poder ver la coherencia de las cosas en su revelación y sintetizarla en la teología sistemática. Y tal teología resulta en mayor entendimiento de lo que sería posible si solamente leyéramos la Biblia.

¿Por qué lo digo? Por un lado, necesitamos sistematizar para aprender. Diría que siempre intentamos poner nuestras ideas en orden por instinto porque Dios nos ha creado con la inquietud de ver la coherencia de las cosas. Un ejemplo de esto es la sensación que tenemos cuando trabajamos un rompecabezas. Nos gusta tener las piezas del rompecabezas en su sitio, y mientras más piezas podemos colocar correctamente, más lo disfrutamos. Lo mismo con nuestra vida mental. Todos buscamos la coherencia y la necesitamos para aprender.

Por otro lado, aprendemos de la sistematización de otros. Leer un manual de teología sistemática, o una confesión o catecismo, nos permite evitar la necesidad de reinventar la rueda. ¿Verdad que la Trinidad es una doctrina fundamental de la fe cristiana? Dale una Biblia a una persona interesada pero sin trasfondo cristiano. ¿Cuánto tiempo necesitará para definir correctamente la doctrina de la Trinidad? ¿O las dos naturalezas de Cristo? ¿O la tensión entre la soberanía de Dios y la libertad humana? ¿O incluso la imputación de la justicia de Cristo por la fe? ¡Mucho tiempo!

Esto sucede no porque la Biblia no sea clara, sino porque es larga y hay mucho tema qué tratar. Es de mucha ayuda si alguien puede tomar de la mano a tal persona, o a un nuevo creyente, y acompañarle y enseñarle cuáles son las doctrinas más destacadas, dónde están los textos en que se basan, y cuál es su explicación. Aprendemos más rápidamente y mejor con la teología sistemática. La iglesia la necesita para el ministerio de predicación y enseñanza.

Objeción 3: La teología sistemática puede traer división

Se ha dicho que si quieres arruinar algún encuentro social, propón como tema de conversación algún asunto político controvertido. Pues si quieres arruinar algún encuentro entre creyentes, propón como tema de conversación algún asunto doctrinal convertido. Ciertamente los creyentes, las iglesias, e incluso las denominaciones se dividen muchas veces por motivos doctrinales. Para mucha gente la solución es sencilla: ¡no hablemos de doctrina! No hablemos de la teología sistemática, en cambio enfoquémonos en el servicio y la praxis cristiana. Así conseguiremos más unidad.

Como hemos visto en las dos objeciones a la teología sistemática ya consideradas, hay algo de verdad en esta preocupación. Las diferencias teológicas pueden llevar a la división. Las divisiones se dan, no obstante, demasiado a menudo por un sobre énfasis en temas que son de un índole secundario. Por ejemplo, en algunos círculos se pone mucho énfasis en una u otra postura acerca del milenio. Algunos se dividen por sus diferencias acerca de este tema. Ahora bien, es legítimo tener diferencias, pero considero que la postura sobre este tema no debe ser una prueba de ortodoxia puesto que la Biblia habla poco de esto (¡solamente algunos versículos al final del libro de Apocalipsis!). Debemos enfatizar, más bien, los temas que la misma Biblia enfatiza. También cabe decir que las divisiones pueden ser por los mismo teólogos más que su teología: hay gente algo guerrera que repela y trae división por su manera de abordar las diferencias, no necesariamente por las diferencias en sí.

Mientras más entendemos, creemos, y confesamos en común, más unidad tenemos.

¿En qué consiste la unidad cristiana? En el fondo, en una fe común en Jesucristo. La unidad cristiana se basa en una realidad espiritual que es la unión con Cristo. Pero no solo en esto, la unidad se basa también en creencias comunes. La unidad de la iglesia requiere una unidad de confesión. Por ejemplo, Pablo anima a sus lectores en Éfeso a “guardar la unidad del Espíritu en el vinculo de la paz”. ¿Por qué? Porque hay “un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también ustedes fueron llamados en una misma esperanza de su vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef. 4:4-6). ¡Mira la cantidad de teología que los une! Mientras más entendemos, creemos, y confesamos en común, más unidad tenemos.

Pero seamos realistas. Con otro creyente seguro que vas a estar de acuerdo en lo básico de la fe cristiana. No obstante, en este lado del cielo, no vamos a estar de acuerdo en todo. ¿Qué hacemos con nuestras diferencias teológicas? Con humildad en cuanto a nuestras propias convicciones y con paciencia para con aquellos con los cuales discrepamos, la teología sistemática nos ayuda a ir superando estas diferencias. Si cobramos consciencia de lo que creemos y por qué lo creemos, seremos más capaces de explicar con calma nuestras posturas a otros. También seremos más capaces de ver dónde hay lagunas en nuestros teologías, y si las ideas de otros nos pueden ayudar a crecer en entendimiento.

Todos somos teólogos

Siempre le digo a la gente que todos somos teólogos. Todos llegamos a una serie de conclusiones acerca de Dios y su mundo, por lo tanto, todos hacemos teología sistemática. Lo que pasa es que hay algunas teologías mejores que otras; algunas más coherentes, más bien articuladas, y en el fondo más bíblicas que otras. ¡Queremos que nuestra teología sistemática sea la más bíblica posible!

Todos podemos mejorar nuestra teología, y por medio de ella crecer en nuestro entendimiento de Dios y de quiénes somos delante de Él. Esto cambiará nuestras vidas. En Romanos 12:2 Pablo nos llama a ser transformados por la renovación de nuestras mentes. Pensar bien nos llevará a vivir bien. La renovación de nuestras mentes se trata de pensar cada vez más rectamente acerca de Dios. ¡Esto es un proceso! Lo llevamos a cabo en parte trabajando la teología sistemática.

Que Dios nos ayude a conocerle más y entender mejor su gracia y su amor, y a vivir más para su gloria.


Imagen: Lightstock.
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