El evangelio para toda la vida

Durante mucho tiempo pensé que el evangelio era únicamente aquel mensaje que se le predicaba a los no creyentes. En mi mente, el evangelio era algo solo para el inicio de la vida cristiana.

Hace unos años, tuve la bendición de estudiar el libro La vida centrada en el evangelio, de Robert H. Thune y Will Walker. A pesar de tener muchos años dentro de la iglesia, al leer este recurso finalmente entendí qué es el evangelio y cómo obra en nosotros y a través de nosotros.

Quiero compartir contigo algunas cosas que aprendí leyendo este libro.

1. El evangelio es una historia.

“Muchas ‘presentaciones del evangelio’ populares destilan el mensaje del evangelio a tres o cuatro principios fundamentales. Estos resúmenes pueden ser de utilidad. Pero una forma más rica de entender el evangelio es como una historia (p. 7).

La historia del evangelio inicia con Dios creando todo perfecto. En el jardín del Edén, Adán y Eva tenían todo y gozaban de una perfecta relación con su Creador. Sin embargo, ellos decidieron darle la espalda al Señor y creer la mentira de Satanás de que ellos podían ser como Dios. Como resultado de esta decisión, todo ser humano nace pecador y toda la creación sufre los efectos de lo que conocemos como la caída.

Esta parte de la historia del evangelio es vital. Si cuando hablamos del evangelio hablamos de “buenas noticias” entonces es necesario también hablar de las “malas noticias”: el hombre ha pecado y necesita un Salvador.

Dios envió a Jesús a ser ese Salvador que todos nosotros necesitamos. Jesús vivió la vida que nosotros no podíamos vivir, murió la muerte que nosotros debíamos morir, y al tercer día resucitó. Esa resurrección no solo le dio la victoria sobre la muerte, sino que también trajo salvación para aquellos que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, y esperanza de un futuro con una creación restaurada.

Efesios 2:8 nos enseña que, para que nosotros podamos tomar parte en esta historia, el único requisito es la fe en Cristo. Y esa fe también es un regalo de Dios para nosotros. Por gracia nuestros pecados han sido perdonados. ¡Nuestra relación con Dios ha sido restaurada, y tenemos la esperanza que, cuando Cristo vuelva, la creación también lo será!

2. El evangelio no solo es la entrada, sino también el camino.

“Vemos el evangelio como la ‘puerta’, la manera de entrar, la entrada al reino de Dios. ¡Pero el evangelio es mucho más que eso! No es únicamente la puerta, sino también el camino por el cual debemos andar todos los días de nuestra vida cristiana” (p. 14).

En Colosenses 1:6, el apóstol Pablo menciona que el evangelio alrededor del mundo “está dando fruto y creciendo”. Esto nos muestra que el evangelio no es solo un evento o un momento en la vida del cristiano. Aunque todo cristiano ha experimentado, de alguna forma, un momento de “conversión”, la vida cristiana continúa después de ese momento y es ahí cuando el evangelio debería dar fruto y crecer.

A la luz del evangelio todo cristiano, después de su conversión, debería crecer en dos sentidos: la conciencia creciente de la santidad de Dios y la conciencia creciente de su naturaleza pecaminosa. Estos dos puntos se vuelven, a medida que el cristiano crece y da fruto, infinitamente distantes, y lo único que puede reconciliar estos dos extremos es el sacrificio de Cristo en la cruz. Sin embargo, este crecimiento no se da tan ordenado como quisiéramos, ya que seguimos viviendo en constante lucha con nuestra naturaleza pecaminosa. Siempre buscamos formas de minimizar o incluso obviar la cruz de Cristo, pretendiendo alcanzar la santidad de Dios con nuestras propias fuerzas.

3. La vida cristiana es una lucha constante.

“Para experimentar realmente la profunda transformación que Dios nos promete en el evangelio, debemos arrepentirnos constantemente de estos patrones pecaminosos (p. 33).

Como mencionaba anteriormente, el crecimiento de la vida cristiana no siempre es tan ordenado como quisiéramos porque luchamos cada día con patrones de pecado en nuestras vidas. Esta es la lucha constante de cada cristiano: descubrir cuáles son esos patrones de pecado, arrepentirse genuinamente de ellos, y confiar nuevamente en las buenas nuevas del evangelio.

Dios nos diseñó para encontrar justicia e identidad en Él, pero nuestro pecado nos lleva a buscar estas cosas en la creación y no en el Creador. En nuestros intentos pecaminosos por encontrar justicia e identidad, caemos en dos grandes errores: aparentamos que no somos tan malos como realmente somos, o tratamos de agradar a Dios cumpliendo con una lista de tareas. Ambos errores reflejan nuestros intentos de asegurar nuestra justicia e identidad en algo fuera de Cristo.

4. La vida cristiana es una misión constante.

“En la medida en la que experimentamos el amor de Cristo de esta manera, nos sentimos obligados a relacionarnos con los que nos rodean con la misma clase de amor redentor. La gracia de Dios trae renovación a todas partes, en nosotros y a través de nosotros” (p. 61).

Si verdaderamente hemos entendido el evangelio, es imposible dejar de compartir este mensaje con las personas a tu alrededor.

Aunque todos sabemos que debemos amar a nuestro prójimo, solo la obra del evangelio nos libera para amar como Cristo nos amó. Podríamos simplemente ignorar este mandamiento, o cumplirlo por obligación, o simplemente no hacerlo, pero ninguna de estas opciones es a la que el evangelio nos llama.

“El evangelio de la gracia de Dios es el combustible para la misión, y cuando se nos está acabando ese combustible, nuestro amor y servicio por los demás pegan un freno” (p. 64).

5. El evangelio es sumamente práctico.

‘El evangelio’ es una frase que los cristianos usamos con frecuencia sin entender completamente su significado. Hablamos el idioma del evangelio, pero en pocas ocasiones aplicamos el evangelio a cada aspecto de nuestras vidas” (p. 14).

Ningún cristiano duda de las implicaciones que el evangelio tiene en nuestra relación vertical (con Dios), pero a menudo ignoramos que el evangelio también debe afectar nuestras relaciones horizontales. El evangelio no solo es la buena noticia de que hemos sido perdonados de nuestros pecados, es la historia que transforma nuestra vida y las vidas de las personas que nos rodean.

Conclusión

Este libro, además de presentar de una forma sumamente práctica el evangelio y sus implicaciones en la vida del cristiano, viene acompañado de una guía para el líder, lo que lo hace una excelente herramienta para discipulado.

La vida centrada en el evangelio es una excelente herramienta no solo para los que están empezando a entender este mensaje de salvación, sino también para los que ya han caminado por algún tiempo en él. El evangelio es una materia de la que nunca nos graduaremos.

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