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Después de 11 días de violencia en uno de los peores combates que se han observado en años entre Israel y el Movimiento de Resistencia Islámica (también conocido como Hamas), el jueves 20 de mayo se logró concretar un cese al fuego, el cual fue negociado por Egipto con la ayuda de Estados Unidos.

Una mezcla de factores dieron lugar a este enfrentamiento el último día de la festividad musulmana del Ramadán y el Día de Jerusalén celebrado por los israelíes (dos días de profundo sentimiento y de celebración por sus respectivas partes).

Estos eventos llevaron a una ronda de enfrentamientos entre palestinos musulmanes y la policía israelí, que pronto se convirtieron en un conflicto mayor entre Israel y Hamas, en donde miles de misiles fueron lanzados, cientos de personas quedaron muertas y una ola de disturbios civiles y protestas se desataron en todo el mundo. 

Ahora que se alcanzó un cese de fuego entre Israel y Hamas, ¿qué es lo que podemos esperar en el corto plazo? ¿Y cuál puede ser la respuesta cristiana al respecto?

Posibles escenarios

Respondiendo a la primera pregunta, hay básicamente dos escenarios posibles.

El primero es un regreso a las negociaciones de paz palestino-Israelí con un nuevo entusiasmo árabe. Era bastante común que el Estado de Israel no pudiera contar con el apoyo imparcial de ninguna nación árabe durante sus negociaciones de paz con los palestinos. Por ejemplo, podemos recordar la Resolución de Jartum de 1967, también conocida como los tres famosos “No”. Tras el fin de la Guerra de los Seis Días, las naciones árabes del Medio Oriente juraron que “no” reconocerían a Israel, “no” negociarían con Israel y “no” tendrían paz con Israel bajo ninguna circunstancia.

Sin embargo, desde la Resolución de Jartum, Egipto y Jordania han normalizado los lazos con Israel. Más recientemente, bajo los Acuerdos de Abraham facilitados por el expresidente Trump, cuatro naciones árabes (Los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Marruecos) se han agregado a la lista de naciones que tienen relaciones con Israel. Esto quiere decir que ahora ambos, israelíes y palestinos, traerán aliados árabes a la mesa de negociaciones, los cuales buscarán proteger sus intereses con ambas partes. De hecho, en un informe de última hora (en inglés) de una publicación israelí, The Times of Israel, el presidente de Los Emiratos, Mohammed bin-Sayed, anunció que “Los Emiratos Árabes Unidos están preparados para explorar nuevos caminos para reducir la escalada y lograr la paz”. 

Debemos procurar la paz por encima de las narrativas que promueven el conflicto y también nuestra propia inclinación a la parcialidad

Por otro lado, el segundo escenario puede ser un largo proceso de negociaciones sin ninguna garantía de paz. El cese al fuego no implica el fin del conflicto Israelí-palestino.

En primer lugar, estos últimos combates en la franja de Gaza representan el número cuatro en una serie de enfrentamientos entre Israel y Hamas desde 2005 en un conflicto histórico que ha estado vigente por casi un siglo. En segundo lugar, los ánimos en ambas partes permanecen sin muchas expectativas. La mayoría de los israelíes y palestinos siguen escépticos (en inglés) a la idea de que un estado judío y un estado palestino puedan coexistir de forma pacífica. Tanto los israelíes (71%) como los palestinos (87%) desconfían unos de otros cada vez más. De acuerdo con los resultados más recientes del Centro Palestino para la Investigación de Políticas y Encuestas (Marzo 2021), más de la mitad de los palestinos se oponen (en inglés) a una solución de dos estados (57%), y un número considerable todavía apoya la lucha armada como el mejor medio para acabar con la “ocupación” israelí (37%).

Por lo tanto, el cese al fuego no implica la llegada de una solución permanente. Inclusive, mientras escribo estas palabras, las protestas anti-Israel se han convertido en actos de violencia contra judíos (en inglés) en múltiples ciudades en Europa y los Estados Unidos. Por ahora, el fuego entre Israel y Hamas ha cesado, pero las tensiones entre judíos y palestinos permanecen muy altas. Todo esto ha llevado a que los medios, las naciones y hasta las iglesias se encuentren divididos con respecto al mejor curso de acción.

Cómo podemos responder

¿Cuál debe ser la respuesta cristiana? ¿Cómo pueden los cristianos permanecer positivos, unidos y esperanzados en un conflicto que no parece tener fin?

En primer lugar, debemos procurar la paz (Mt 5:9) por encima de las narrativas que promueven el conflicto y también nuestra propia inclinación a la parcialidad.

La verdadera paz llegará cuando el Príncipe de Paz venga en gloria para establecer el Reino de Dios en la tierra

Los cristianos no estamos exentos (en inglés) de estar divididos por este conflicto. Por un lado, nos identificamos con el pueblo israelí en base a una historia y una herencia bíblica en común. Por otro lado, nos compadecemos con el sufrimiento del pueblo palestino. Cuando ambos lados entran en conflicto, estamos tentados a caer en algún extremo, especialmente en las redes sociales. Sin embargo, somos llamados a orar por la paz (Sal 122:6), a trabajar para alcanzarla (Mt 5:9, Ro 14:19, 12:18, He 12:14), y a luchar por la dignidad de los pueblos (Ex 23:6, Lv 19:15, Pr 31:8, Is 1:17, Mi 6:8, Zac 7:9, Stg 1:27). Ese llamado cristiano está por encima de cualquier opinión política o diferencia teológica que podamos tener sobre el conflicto israelí-palestino. 

Es esclarecedor el ejemplo que Pablo nos da al enfrentar las disputas sobre los alimentos y los días de fiestas en la iglesia en Roma. Pablo estaba claro y convencido “de que nada es inmundo en sí mismo” (Ro 14:14). Sin embargo, en lugar de imponer o argumentar a favor de su postura, Pablo llamó a que todos procuremos “lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua” (Ro 14:19). Él nos entrega la razón para su convicción al inicio de su exhortación: “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro 14:17). De la misma manera, los cristianos debemos procurar seguir ese ejemplo, viviendo de acuerdo con la realidad del Reino de Dios (justicia, paz, y gozo) y no según las discordias humanas que este conflicto Israelí-palestino nos presentan.

Por último, como ya lo he dicho, debido a que vivimos de acuerdo con la realidad del Reino de Dios, los cristianos trabajamos arduamente por la paz mientras obedecemos el llamado de Dios a ser pacificadores y confiamos en su promesa.  Estamos convencidos de que la verdadera paz llegará cuando el Príncipe de Paz venga en gloria para establecer el Reino de Dios en la tierra. Solo entonces cesarán los conflictos y Dios enjugará toda lágrima (Ap 21:4). Pero precisamente, porque estamos convencidos de esa promesa, confiamos que nuestra labor por la paz (aunque imperfecta por ahora) no será en vano. El Reino de Dios es tanto una realidad presente como una bendición futura (Mt 12:28; 1 Co 15:50). 

Mientras estamos atentos a lo que ocurra en las próximas semanas y meses entre israelíes y palestinos, que nuestra oración y anhelo sean las palabras con las cuales nuestro Señor Jesús nos enseñó a orar: “Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mt 6:10).

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