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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro Cómo liderar a tu familia: Una guía para hombres que quieren crecer (Poiema Publicaciones, 2026), por Joel R. Beeke.

La Biblia dice que los que confiamos en Cristo somos un real sacerdocio, autorizados y ungidos para realizar un servicio sacerdotal en el templo espiritual de Dios (1 P 2:5, 9). No necesitamos repetir el sacrificio único y suficiente de Cristo por el pecado, porque Jesús terminó la obra para perfeccionar a Su pueblo escogido (He 10:12, 14).

Tampoco somos mediadores entre Dios y los hombres, pues hay un solo Mediador (1 Ti 2:5-6). Por eso, tus hijos no necesitan ir a Dios a través de ti, sino a través de Cristo, el único camino al Padre (Jn 14:6). Sin embargo, debido a nuestra unión con Cristo, participamos activamente en Su sacerdocio de otras maneras.

La Biblia llama sacerdotes a los redimidos (Ap 1:6; 5:10; 20:6) y dice que ofrecemos sacrificios de alabanza; buenas obras (He 13:15-16); y plegarias, oraciones y peticiones por todos los seres humanos (1 Ti 2:1).

Consideraremos cómo los varones pueden realizar la obra sacerdotal de sacrificio e intercesión a favor de su esposa y sus hijos.

Intercede por tu esposa y por tus hijos

Una parte significativa de la obra de Cristo como nuestro gran Sumo Sacerdote es Su intercesión por nosotros a la diestra de Dios. Es un aspecto importante de la enseñanza del libro de Hebreos (2:18; 4:14-16; 6:20; 7:24 – 8:2; 9:12, 24; 10:21; 12:2).

La intercesión de Cristo es eficaz para salvarnos por completo (He 7:25). Nuestras oraciones no se comparan con las Suyas, pero los padres cristianos pueden y deben participar en la obra sacerdotal de Cristo con sus oraciones por sus hijos. Vemos esta labor sacerdotal en la manera en la que Job ministraba delante del Señor por su familia. Leemos en Job 1:1, 4-5:

Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job. Aquel hombre era intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal… Sus hijos acostumbraban ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para comer y beber con ellos. Cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: «Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones». Job siempre hacía así.

Con reverencia y temor

Al igual que Job, tú también debes interceder por tu esposa y por tus hijos con reverencia y temor a Dios. Job mostró su reverencia a Dios al interceder por su familia. Si no oras por tu familia, ¿cómo puedes decir que temes al Señor? No debería ser necesaria alguna tragedia ni desastre moral para que ores por tu familia.

No sabemos cuánto tiempo permaneceremos nosotros o cualquiera de nuestros hijos en esta tierra. Ora por ellos

Mientras más estudio este pasaje, más convencido estoy de que no dice que los hijos de Job estuvieran haciendo algo impío. Aparentemente, se reunían en sus casas y se turnaban para tener compañerismo juntos, pero con poco o ningún enfoque en su alma. Su padre, consciente de la tendencia de nuestro corazón a pecar en pensamientos y deseos secretos, continuaba orando por ellos.

De igual manera, debemos orar por nuestros hijos, conscientes de que debemos llevar incluso los pecados secretos de su corazón ante el Santo. No nos contentemos con la mera conformidad externa de nuestros hijos a la piedad. Oremos en el temor del Señor porque reconocemos que tanto nuestro corazón como el de ellos están profundamente corrompidos.

Con urgencia

Intercede por tu esposa y por tus hijos con urgencia. Leemos que Job ofrecía holocaustos por sus hijos «temprano» (Job 1:5). El pastor Charles Spurgeon (1834–1892) dijo: «Él quería apresurarse a la cruz cada mañana con sus hijos».

Cuando ofrecía estos sacrificios, no era porque pensara justo antes de ir a la cama: «Mejor digo una oración rápida por mis hijos». No, Job los encomendaba al Señor desde temprano en la mañana. Debemos hacer lo mismo por nosotros mismos y por nuestros hijos. Estos sacrificios matutinos nos muestran la diligencia, la constancia y las prioridades de Job.

Orar era lo primero y lo más importante que hacía cada día. Qué agradecido debió haber estado Job en sus últimos años de haber orado fielmente por sus hijos antes de que la vida de estos terminara en tragedia. No sabemos cuánto tiempo permaneceremos nosotros o cualquiera de nuestros hijos en esta tierra. Ora por ellos.

Con perseverancia

Intercede por tu esposa y por tus hijos con perseverancia. La Escritura dice: «Job siempre hacía así» (Job 1:5). ¿Eres fiel en la labor sacerdotal de intercesión? No te pregunto si oras lo suficiente por tus hijos; nadie ora lo suficiente.

Más bien, ¿orarás diariamente por tus hijos, uno por uno, para que cada uno conozca su pecado, sea guardado de este, huya al Salvador y viva una vida de santidad? ¿Te has rendido con un hijo en particular? Querido hermano, ¿hay algo imposible para el Señor? Sigue orando; mientras haya vida, hay esperanza.

Con fe

Intercede por tu esposa y por tus hijos con fe en Cristo. Aunque Job vivió antes de que Dios diera la ley a Israel, él entendía que no podía haber remisión de pecados sin derramamiento de sangre. Él mataba un buey por cada uno de sus hijos. Esto implicaba una gran inversión de tiempo, energía y dinero, pero Job lo hacía con gusto. Mataba un animal, lo colocaba sobre el altar y lo ofrecía al Señor. Al hacerlo, declaraba su fe en el santo sacrificio que estaba por venir.

Hoy no necesitamos matar animales; podemos ir directamente a Jesús, quien derramó Su sangre por nosotros de una vez para siempre. Inspirados por la fe, volvemos continuamente al Dios que guarda Su pacto y encomendamos a nuestros hijos a Su sangre. Servimos a nuestra familia como sacerdotes al mirar al gran Sumo Sacerdote, cuya sangre y justicia pueden salvar al hijo más endurecido y expulsar el pecado más obstinado de un creyente.

Con ellos y por ellos

Ora con y por tu esposa todos los días. Sería bueno anotar las necesidades espirituales y físicas específicas de tu esposa en un cuaderno privado y orar por estas necesidades regularmente. Ella es la compañera que el Señor te ha dado durante tu peregrinaje terrenal (Mal 2:14). ¿No puedes dedicar unos minutos todos los días a orar en privado por ella? Orar regularmente por tu esposa es parte de tu deber de vivir con ella sabiamente (1P 3:7).

Haz de tu hogar un templo santo en el que ofrezcas sacrificios diarios de amor por tu esposa. Eleva oraciones por tus hijos como incienso fragante ante el trono de la gracia

Conoce las necesidades, deseos, esperanzas, temores, sueños, gustos y disgustos de tu esposa. Suplícale a Dios de forma específica por ella. Es notable cómo el Señor usa a menudo una vida de oración saludable para ablandar tu corazón y hacerte más sensible a las necesidades de tu esposa.

No olvides apartar tiempo todos los días para acercarse juntos al trono de la gracia. El apóstol Pedro asume que las parejas cristianas oran juntas (1 P 3:7). Ora por tu esposa en su presencia; hazle sentir tu amor, fortaleza y valentía ante el trono de la gracia. Hazle sentir que la llevas en tu corazón, tal como el sumo sacerdote llevaba los nombres de las tribus de Israel en su pecho.

Qué privilegio tan asombroso nos ha concedido Cristo: ser sacerdotes en Él y para Él. No descuidemos esta oportunidad. Haz de tu hogar un templo santo en el que ofrezcas sacrificios diarios de amor por tu esposa. Eleva oraciones por tus hijos como incienso fragante ante el trono de la gracia. Mientras más ejerzas tu ministerio sacerdotal como esposo y padre, más descubrirás la presencia del Dios vivo en tu familia.


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