A los pastores reformados nos encanta la Reforma: el momento en el que se clavaron las noventa y cinco tesis en la puerta, el momento del «en esto me sostengo», la maravilla de un hombre enfrentándose al poder corrupto de un imperio farisaico. Nos encanta el grito de guerra semper reformanda («siempre reformándose») y las esperanzas de recrear la postura de Lutero en nuestros días. Sin embargo, con demasiada frecuencia no somos conscientes de los peligros que acechan y que hacen que nuestras iglesias se parezcan más a la Roma del siglo XVI que a los reformadores.
Las traducciones fueron una virtud cardinal de la Reforma antes de que esta comenzara. Desde los tiempos de Wycliffe y Tyndale, los santos fieles han trabajado para poner la Biblia en el lenguaje común, en la lengua vernácula. El objetivo de estos esfuerzos era dar a conocer la Palabra de Dios en términos tan accesibles que, como soñaba Tyndale, el muchacho que maneja el arado conociera las Escrituras mejor que el erudito.
¿Impulsan hoy nuestras iglesias una visión de traducción contextual? ¿Se traducen nuestros sermones y servicios de adoración de tal manera que los veinteañeros que trabajan en Starbucks se sientan tan a gusto en nuestras iglesias como los profesores universitarios? Exploremos por qué seguimos necesitando la contextualización y algunas formas en que deberíamos adoptarla en la iglesia de hoy.
Necesidad de traducción
La adoración reformada está llena de la Palabra y dirigida por las Escrituras. Adoramos a Dios como Él manda y no según nuestros caprichos. Cuando venimos a adorar, no nos preguntamos «¿Cuán ingeniosos podemos ser?», sino «¿Qué es lo más consistente con la Palabra de Dios?». Una vez que establecemos la gloria de Dios y la Palabra de Dios como nuestro objetivo, tratamos de educar y recibir a las personas en formas que comuniquen claramente las verdades históricas y bíblicas que profesamos.
Tu iglesia debe esforzarse por ser comprendida por la gente de tu comunidad local. No intentes suavizar tus enseñanzas, sino hablar en la lengua vernácula
Pero cuando las iglesias reformadas, que con razón aman la historia y la Palabra, se niegan a realizar una labor de contextualización, pueden desarrollar un problema de clase. Observa la comunidad de tu iglesia. Si ves predominantemente profesionales educados y acomodados, puede ser que tu iglesia haya fracasado en traducir su herencia reformada a la lengua común. Los profesionales educados desarrollan más fácilmente un paladar para la belleza de la antigüedad, pero la mayoría de las personas hoy en día encuentran que la verbosidad excesiva y antigua es tosca, torpe, extraña y engorrosa. En una palabra, es una distracción.
¿Cuál es nuestro objetivo como líderes de la iglesia? No es elevar los gustos de la gente, sino elevar a Jesucristo. Eso no significa descartar la excelencia. Significa conocer el contexto. La iglesia en el patio trasero de una universidad debe parecer y sonar diferente de la que está en una zona rural. Sí, la iglesia en general debe esforzarse por ser comprendida tanto por las masas como por la élite, pero tu iglesia debe esforzarse por ser comprendida por la gente de tu comunidad local. No intentes suavizar tus enseñanzas, sino hablar en la lengua vernácula.
La práctica de la traducción
¿Cómo se ve esto en la práctica? Estas son tres sugerencias.
1. Utiliza un lenguaje accesible al enseñar doctrina.
Hace unos años, nuestro ministerio de niños empezó a usar el Catecismo de la Nueva Ciudad. Un miembro de la iglesia se quejó: «Tenemos el Catecismo de Westminster. ¿Qué tiene ese de malo?».
Nada. Los autores del Catecismo de la Nueva Ciudad son conscientes de su deuda con catecismos anteriores. Pero, al igual que esos antiguos documentos confesionales, el Catecismo de la Nueva Ciudad mira hacia atrás, hacia sus raíces y, al mismo tiempo, se mantiene atento a las preguntas y a la dicción de su tiempo. Habla de los problemas de hoy con el lenguaje de hoy.
Al igual que Jesús, quien llenaba Sus enseñanzas de historias, ilustraciones populares y analogías agrícolas, debemos aspirar a enseñar con sustancia, con precisión y en un lenguaje que la gente pueda escuchar. Recuerda, la marca de un maestro talentoso no es que la gente se vaya pensando: «¡Qué inteligente es!». Más bien piensan: «Eso es mucho más sencillo de lo que pensaba».
2. Dedica tiempo a explicar los movimientos desconocidos de la adoración cristiana.
La predicación y el canto tienen su equivalente contemporáneo en discursos públicos o conciertos, por lo que estas partes del servicio resultan más naturales para los visitantes. Otras prácticas, como la confesión pública de los pecados, resultan exóticas para los no iniciados. ¡Qué oportunidad de oro para las iglesias reformadas!
Explicar y enseñar la confesión y el perdón como parte de nuestra adoración habitual marcará una diferencia notable en nuestras iglesias y en la sociedad. Cuando explicamos el desarrollo del servicio de adoración, también explicamos pautas que deberían formar parte del ritmo y el flujo de la vida de un cristiano.
3. Mantente abierto a música nueva.
Esta es sin duda la más controversial de mis sugerencias. Pedir a una iglesia que cambie su música es como pedir a un hincha rabioso que cambie de equipo favorito. Déjame ser claro: Contextualizar no significa adoptar la lista de éxitos de Hillsong. Por otro lado, sí creo que descartar ciertos instrumentos o innovaciones en las melodías no está en consonancia con el espíritu de la Reforma.
El objetivo del trabajo de traducción contextual es presentar el mensaje y la vida del evangelio de forma comprensible y atractiva
Por mucho que queramos preservar la tradición, debemos recordar que en la Biblia no aparecen instrucciones musicales detalladas. Queremos seguir la Palabra de Dios, pero nunca imitaremos la musicalidad de la Iglesia primitiva (ni Dios quiere que lo hagamos). No consolidemos como el punto máximo de la adoración cristiana las formas del siglo XVII. No rechacemos los pianos y los micrófonos simplemente porque la iglesia primitiva no los tenía. Muéstrate tan abierto a probar música nueva para la adoración o nuevos arreglos de himnos antiguos como lo estás para utilizar traducciones de la Biblia del siglo XXI y para orar en español moderno.
Sé curador de la cultura de tu iglesia
Todo lo que hacen los líderes de la iglesia cultiva una cultura de la iglesia. La forma en que visten, la forma en que adoran, su tono, la iluminación de la iglesia y las costumbres sociales antes y después del servicio: cada acción contribuye a la «sensación» general de su iglesia, y esta cultura transmite tanto sobre su comprensión del evangelio como las palabras que dicen desde el púlpito.
El objetivo del trabajo de traducción contextual es presentar el mensaje y la vida del evangelio de forma comprensible y atractiva. El miedo a la traducción es entendible. Puede parecer un acomodo y complacencia hacia los buscadores. La traducción conlleva inevitablemente un riesgo. Ciertamente, no queremos hacer el tipo de trabajo de «traducción» que retuerce y manipula las Escrituras o que echa por la borda siglos de trabajo teológico en favor del último éxito. Pero la traducción es la labor de los ministros que reconocen su llamado como misioneros y, me atrevo a decir, reformadores. Si nuestras iglesias han de estar «siempre reformándose», estarán siempre traduciendo.




