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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro Ministerios de Misericordia (Poiema Publicaciones, 2018). Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Si eres un cristiano que está totalmente convencido de la importancia del ministerio de misericordia, ¡puede que estés inconforme con la forma en que se maneja tu propia congregación! Casi todas las iglesias evangélicas hacen una donación anual de comida en Navidad, pero muy pocas hacen más que eso. Sin embargo, no existe una “cura rápida” para esta situación. Muchos cristianos, ya sean personas laicas o pastores, han tratado de presionar a sus iglesias locales para que comiencen programas para los necesitados. La mayoría de las veces esto resulta en fracaso, frustración e ira. ¿Por qué?

Fertilizando el jardín

Pensemos en la iglesia como un jardín (como lo hace Pablo en 1 Corintios 3). ¿De qué manera obtenemos tomates del jardín? ¿Se trata simplemente de salir corriendo el primer día de primavera y tirar las semillas en la tierra? No, debemos preparar el jardín con cuidado para entonces plantar las semillas. Tenemos que fertilizar la tierra. Tenemos que arar antes de sembrar. De la misma manera, los ministerios de misericordia solo surgirán si la iglesia está preparada para ellos. No podemos enfatizar esto demasiado. ¡“Fertiliza” y “ara” hasta que la congregación esté lista!

La “raíz” de la motivación

Desde que exhortamos a un cristiano laico para que trabaje por medio de la iglesia local, inmediatamente nos confronta con una serie de objeciones. “¡Mi iglesia no sabe casi nada acerca del ministerio de misericordia! ¿Tengo que convencer a los líderes de mi iglesia en cuanto a sus responsabilidades antes de que pueda hacer algo aquí? Siempre que pongo estos asuntos sobre la mesa, la mitad de las personas me ven como si fuera un poco ‘liberal’, y la otra mitad se queja de que ‘¡todo esto requeriría demasiado dinero!’”.

Los ministerios de misericordia solo surgirán si la iglesia está preparada para ellos

No hay duda de que el ministerio de misericordia puede salir muy costoso si se hace a gran escala. Pero también es posible que las iglesias lleven a cabo ministerios importantes de misericordia sin generar costos adicionales. En una iglesia, cinco personas laicas comenzaron a orar y a estudiar las maneras en que podrían ministrar a los presos. Comenzaron a visitarlos y a escribirles a algunos de ellos cada semana. Pronto organizaron todo para traer a los presos (acompañados por un guardia de la prisión) una vez al mes al servicio de adoración de los domingos. Después del servicio, unos cincuenta miembros de la iglesia le traían comida a los presos y se quedaban para conocerlos. Cuando algunos de los hombres salieron en libertad, varias familias de la iglesia les ayudaron a encontrar trabajos y viviendas.

La clave del ministerio de misericordia está en que haya voluntarios motivados. Cuando un grupo de personas comienza a aprender cómo ministrar a una necesidad en particular, cuando está dispuesto a comprometer una buena parte de su tiempo y a ponerle emoción al ministerio, entonces tienes todos los recursos que necesitas.

Es un error creer que los líderes pueden imponer el ministerio de misericordia en una congregación. Es más efectivo cuando surge de la carga que siente la congregación por ministrar a una necesidad en particular. Los líderes no pueden simplemente comenzar a decir: “¡Pues bien! ¡Vamos a servir a esta comunidad y a los necesitados! Pueden apuntarse en la lista que está en el boletín”. La misericordia es un mandato de Dios, pero no puede ser simplemente una respuesta a una demanda. Debe surgir de corazones que, gracias a un entendimiento y a una experiencia de la misericordia de Dios, son compasivos. Son los corazones de la congregación los que deben ser sensibles hasta el punto de preguntarse: “¿Dónde está mi prójimo?”.

Motivando a la congregación

La forma más importante de hacer esto es exponiendo a las personas a lo que la Palabra de Dios dice acerca del ministerio de misericordia.

Por supuesto, la forma principal de motivar y conmover a una congregación es a través del púlpito. Si eres predicador, debes asumir la responsabilidad de predicar el evangelio de la gracia de tal manera que motive a las personas a ser misericordiosas con los pobres. Uno o dos súper sermones no serán suficientes. Se debe predicar sobre la misericordia de forma periódica.

La misericordia es un mandato de Dios, pero no puede ser simplemente una respuesta a una demanda. Debe surgir de corazones que son compasivos

Si no eres un predicador, existen otras maneras de propagar la enseñanza bíblica de la misericordia en la congregación. Si eres un líder, y el formato de adoración de tu iglesia lo permite, puedes preguntar si puedes dar, de vez en cuando, charlas breves a la congregación sobre la mayordomía de nuestros dones y bienes.

Deja que los grupos de estudio bíblico consideren las provisiones razonables que se hacían en Israel con tal de darle a los pobres (Dt. 15:1-11). Explora la enseñanza de los profetas y de Jesús: la misericordia hacia los pobres es señal necesaria de la verdadera religión (Is. 58:6-7; Am. 4:1-6; 5:21-24; Mt. 25:34-39; Lc. 6:29-34; 14:13-14). Considera el ministerio de misericordia de la iglesia primitiva (Hch. 2:44-47; 4:32-37; Ro. 15:1-28; 2 Co. 8:13-14; Gá. 2:10; 6:9-10; Stg. 1:27-2:16; 1 Jn. 3:16-17).

Otra forma importante de motivar para el ministerio de misericordia es por medio de clases, de grupos de estudio, o de la circulación informal de libros sobre el tema. No podríamos sobrestimar la importancia de los grupos de estudio. Un gran número de programas para el ministerio de misericordia han surgido de grupos de personas que aprendieron estos principios bíblicos juntas.

Quizá la mejor forma en que un cristiano puede estimular a los demás a las obras de misericordia es a través de su propia vida. Pedro exhorta a los ancianos a liderar “con el ejemplo”; su meta debe ser persuadir a los demás a través de la belleza de su propio estilo de vida piadoso. Un aspecto de esto sería nuestra disposición a pagar el costo de la misericordia. En una congregación, una familia adoptó a varios huérfanos etíopes. Después de esto, al padre de esa familia se le hizo más fácil que a todos los demás reclutar a otros para los ministerios de servicio. ¡Su llamado a los demás tenía el poder de la autenticidad!


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