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Los bereanos no tenían Biblia: Volviendo a entender Hechos 17

Durante mi niñez en iglesias bautistas conservadoras, no había otra característica cristiana más valiosa que el conocimiento de la Biblia. Los programas de niños daban premios por la memorización de las Escrituras. Los sermones de los domingos venían de las Escrituras. La Escuela Bíblica de Verano se dedicaba a la enseñanza de historias bíblicas. En ese ambiente se nos ponía como ejemplo a un grupo de hermanos de la Biblia: se nos decía que debíamos ser como los de Berea.

El libro de los Hechos dice que los de Berea estaban «escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas (las que Pablo y Silas predicaban) eran así» (Hch 17:10-12, énfasis añadido). Esta convicción de ser un bereano había sido arraigada en mí desde una temprana edad. Sin embargo, hasta hace muy poco tenía una comprensión defectuosa o incompleta de lo que quiere decir ser un bereano. La descripción que tenía era una en la cual los bereanos estaban activamente buscando en la Biblia, rehusando creer lo que los apóstoles enseñaban a menos que ellos pudieran ir a una página y encontrar el pasaje que se correspondiera a esa enseñanza. Solo hay un problema con esa imagen.

Los bereanos no tenían Biblia.

Era extraño que una persona promedio en la iglesia primitiva tuviera una copia individual de las Escrituras. De hecho, no fue hasta el tiempo de la Reforma que la producción masiva de la Palabra de Dios fue posible. Lo que ellos tenían era una comunidad, en este caso, una sinagoga, que tenía una colección de escritos que conocemos como el Antiguo Testamento.

Tres verdades fundamentales

Todos nos beneficiaríamos de evaluar nuevamente lo que quiere decir ser un bereano. Tres verdades fundamentales pueden ayudarnos a formar una idea más precisa.

1. Los bereanos reciben la verdad

Observa el orden de su búsqueda: los de Berea recibieron, luego escudriñaron y finalmente creyeron la verdad (Hch 17:11-12). En realidad, este pasaje es un hermoso retrato del principio de la Reforma de que las Escrituras son la norma normans. Esto quiere decir que aunque tenemos muchas normas propias, las Escrituras son la norma principal que gobierna (o conforma) nuestras normas.

Recibimos las verdades que nos han sido transmitidas, las verificamos y las observamos por la autoridad de las Escrituras

Era por el testimonio de las Escrituras que los bereanos creyeron lo que recibieron. La verdad fue traída a ellos como la conclusión de una interpretación. Los apóstoles les enseñaron que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios. Ellos verificaron que esta verdad era conforme a las Escrituras (para este momento, los textos del Antiguo Testamento que ellos tenían en la sinagoga). Después, ellos creyeron.

Aquí hay una aplicación importante. Los cristianos hoy no hacen teología ex nihilo (de la nada) o ex ratio (únicamente de la razón, de lo que puede ser observado y deducido del mundo). Los creyentes deben recibir las verdades esenciales de la fe desarrolladas en la iglesia primitiva, pero no deben depender solo de su lógica interior. Los cristianos deben escudriñar las Escrituras para ver cómo esas enseñanzas son sostenidas por el testimonio de la Palabra de Dios. No debemos actuar como si fuéramos los primeros en leer la Biblia, pero tampoco debemos poner la Biblia a un lado para poner nuestra confianza en verdades externas como los credos. Recibimos las verdades que nos han sido transmitidas y, a través de la autoridad de las Escrituras, las verificamos y las observamos (2 Ti 1:14).

2. Los bereanos aprenden como una iglesia reunida

Esto no debe sorprendernos, pero quizás lo haga. En nuestra era individualista, la idea de estudiar teología trae a nuestra mente podcasts, devocionales privados y lecturas personales. Esta no era la manera de actuar de los bereanos.

El texto nos dice que ellos se reunían diariamente en la sinagoga para escudriñar las Escrituras. Esto involucraba la lectura pública de las Escrituras, debate y discusión por parte de los maestros, enseñanza y exposición, así como conversaciones sobre las enseñanzas. Este acto de interpretación, sin importar los detalles de lo que haya implicado, se llevaba a cabo en comunidad.

Si queremos ser bereanos, no debemos divorciar el hacer teología de la comunidad. Nos necesitamos el uno al otro para discernir las enseñanzas de las Escrituras

Esto no es incidental, sino fundamental al propósito mismo de las Escrituras. Uno de los teólogos posterior a la Reforma, Franciscus Junius, nos ayuda en este punto. Junius hace una diferencia entre el propósito principal de las Escrituras y su propósito instrumental. Su propósito principal es la revelación de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Su propósito instrumental es la gloria de Dios en la iglesia a través de la sabiduría de la verdadera rectitud (el debilitamiento de nuestras adicciones pecaminosas y llegar a la plena estatura de Cristo), que constituye el bien presente y futuro de la iglesia.

Este es un punto clave para la interpretación bíblica: si el propósito de las Escrituras es la revelación de Dios y su gloria en la iglesia, entonces las Escrituras no pueden ser interpretadas adecuadamente separada de la comunidad, sabiduría y misión de la iglesia. Si queremos ser bereanos, no debemos divorciar el hacer teología de la comunidad. Nos necesitamos el uno al otro para discernir las enseñanzas de las Escrituras. La teología no puede ser hecha lejos de la iglesia.

3. Los bereanos creen la fe cristiana desde el Antiguo Testamento

Saber que la iglesia primitiva (incluyendo a los bereanos) no tenía el Nuevo Testamento completo es un hecho que me hace sentir incómodo. Es difícil imaginar lo que sería una iglesia sin Romanos 8, Efesios 2 o el Evangelio de Juan. Al mismo tiempo, esta incomodidad revela en mí, y quizás también en ti, una confusión latente de que el Antiguo Testamento es, de alguna manera, sustancialmente diferente del Nuevo Testamento.

Ser bereano es leer con las luces encendidas… viendo el plan de salvación desde el Antiguo Testamento hasta su revelación en el Nuevo Testamento

¿Enseña el Antiguo Testamento sobre la trinidad? ¿Enseña sobre un mesías divino? ¿Cómo podemos saber que Jesús es Señor sin Romanos 10:9? Esta es la realidad: las Escrituras enseñan un evangelio consistente desde el principio hasta el final. Es cierto, el Nuevo Testamento hace explícito lo que el Antiguo Testamento deja implícito. Como lo describe B. B. Warfield:

«El Antiguo Testamento puede ser comparado a una habitación que ha sido bien amueblada pero que tiene una iluminación muy tenue; la introducción de luz no aporta nada que no estuviera antes en la habitación; pero saca a la vista mucho de lo que tiene, solo que antes solo se percibía de manera vaga o no se percibía en lo absoluto».

Como frecuentemente dice Robert Smith Jr.: para cada doctrina del Nuevo Testamento, hay una imagen en el Antiguo Testamento.

Ser bereanos no es solo escudriñar las Escrituras ya que las tenemos completas, sino escudriñar el Antiguo Testamento de manera particular y ver allí el plan de Dios para la redención a través de la muerte y resurrección de Jesucristo. Si puedo tomar prestado de Warfield, ser bereano es leer con las luces encendidas. Leyendo de esta manera, vemos el plan de salvación desde el Antiguo Testamento hasta su revelación en el Nuevo Testamento: «Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo» (2 Co 5:19).

Siendo verdaderos bereanos

¿Cuál es el fin último de todo esto? No es ganar debates o llenar nuestras mentes de conocimiento. El pasaje nos lo dice: es para que muchos crean (Hch 17:12).

El objetivo de imitar a los bereanos es hacer surgir y fortalecer la fe. Lo que salva y santifica es la persona y la obra de Cristo predicada desde las Escrituras. Los bereanos no tenían Biblia, pero ellos tenían a Cristo. Nosotros sí tenemos la Biblia y juntos debemos buscar a Cristo en ella y así ser transformados a su imagen (2 Co 3:17-18).


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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