5 lecciones para líderes de grupos pequeños

Los grupos pequeños (también conocidos como “grupos en casa”, “células”, “reuniones de hogar”, etcétera) pueden ser un medio útil y efectivo para el crecimiento de la iglesia local.

Digo “pueden” porque los grupos pequeños no son un requerimiento bíblico, sino un área en la que hay libertad de acción. Como con todas las libertades, hay que proceder con sabiduría.

Como miembro y líder de varios grupos, he vivido lo bueno y lo malo —y lo fome (chafa, sin sabor)— de estos grupos. He sido ese miembro con el que no sabes qué hacer y ese líder que no sabe qué hacer. Con el pasar de los años, gracias al Señor y la ayuda de muchos hermanos y hermanas, he ido aprendiendo a ser un mejor miembro y líder.

Estas son algunas lecciones que el Señor me ha enseñado con el tiempo:

1. Un grupo funciona mejor cuando su propósito y diseño están claramente definidos.

Los grupos pequeños no deben existir porque sí o por moda. Si existen formalmente —es decir, como parte reconocida del ministerio de la iglesia local— tiene ser porque el liderazgo se ha tomado el tiempo para reflexionar, planificar, enseñar, y entrenar al respecto. Los grupos pequeños son parte de la estructura sobre la que el organismo de la iglesia se desarrolla y desenvuelve; por eso merecen atención.

Como líder de grupo pequeño uno aprecia contar con una guía clara sobre qué se debe hacer, con qué fin, y cómo. ¿Vamos a estudiar la Biblia, a rendir cuentas, o disfrutar de comunión (o todas las anteriores)? ¿Vamos a enfocarnos en el crecimiento cristiano, o en alcanzar amigos que no son cristianos (o ambos)? ¿Qué debo hacer si un asunto que requiere cuidado pastoral especial sale a la luz durante una reunión? Un propósito y un diseño definido es esencial para que el líder de un grupo sepa cómo dirigir efectivamente.

Si tu grupo no tiene un propósito ni un diseño claro, acércate a tus líderes y pide su dirección y apoyo. Además, comunícale a los miembros del grupo pequeño cuál es el propósito y el funcionamiento del mismo.

2. El estudio bíblico y las relaciones interpersonales deben ir de la mano.

Los grupos pequeños, como cualquier ministerio de la iglesia, tienen que estar fundamentados y centrados en la Palabra de Dios. Pero eso no significa que nuestros ojos nunca deben despegarse de las páginas de la Biblia. Dios nos ha llamado a ser parte de una iglesia en donde la Biblia es central, no solo a estudiar la Escritura. La Palabra la recibimos y la obedecemos en comunidad. Observa, por ejemplo, el rol y el efecto que la Palabra debe tener en la vida de la iglesia según Pablo (Col. 3) y Juan (1 Jn. 2:7-11; 4:7-11).

Por lo mismo, si el líder o los participantes consideran que el pasar tiempo juntos conversando y compartiendo sobre temas de nuestras vidas diarias es una pérdida de tiempo, algo está mal. No es muy cristiano decirle a otro cristiano “No vine aquí para ser tu amigo; vine aquí para estudiar la Biblia”. Al contrario, es precisamente en la vida juntos en donde debemos aplicar lo que aprendemos en la Biblia. Las dos cosas deben ir de la mano.

Si tu grupo consiste en estudio más que en relaciones (o viceversa), asegúrate de planificar de antemano y dedicar tiempo suficiente a ambas cosas.

3. La aplicación es más importante de lo que crees.

Si tu grupo se reúne con el fin de estudiar la Biblia o un libro cristiano, es común que como líder te concentres en que los miembros entiendan la Palabra. Tus preguntas se enfocarán en la comprensión, corrección, y reproducción precisa del contenido. Ahora bien, tales cosas son esenciales, pero no son suficientes.

Enfocarse solo en el entendimiento no es efectivo en términos de santificación a largo plazo. Dios mediante, con el tiempo los miembros del grupo van a entender la verdad y podrán distinguirla de la mentira. Pero, en un nivel, esa es la parte fácil; lo difícil es poner la verdad en práctica en nuestras vidas. Entender la justificación solo por fe es una cosa; vivir a la luz del perdón de Dios y extender perdón a otros es otra… ¡pero deben ir juntas! Lo mismo con la humanidad de Cristo (Heb. 4:15), la elección (Rom. 8:33), la soberanía de Dios (Gn. 50:20).

Como líder, entonces, haz preguntas que estimulen tanto el entendimiento como la aplicación al corazón y a las acciones que fluye debe ese entendimiento. Prepara las preguntas de antemano y en oración.

4. Hay ocasiones en que es bueno dejar preguntas sin contestar.

A diferencia de la proclamación de la Palabra los domingos, los grupos pequeños proveen una instancia en donde los miembros pueden interactuar unos con otros por medio de comentarios, experiencias personales, y preguntas. Esto es de mucho beneficio, especialmente para los miembros que están procesando las verdades del cristianismo, lidiando con las implicancias del evangelio en sus vidas, o sufriendo de alguna manera.

Aquí el líder debe recordar que su rol en el grupo pequeño no es siempre la proclamación, y por lo tanto no siempre debe tener la última palabra. Al contrario, debe tener suficiente humildad para reconocer que hay preguntas que no tienen una respuesta fácil, y que él ciertamente no tiene respuestas para todas las preguntas que los miembros puedan hacer. Asimismo, el líder debe tener suficiente sensibilidad para identificar los momentos en donde es mejor —al menos por el momento— no dar una respuesta aunque la tenga. Un líder no es un sabelotodo ni uno que toma todas las inquietudes con la misma urgencia. Un líder de grupo deja que otros crezcan sin depender de él.

Como líder, no dejes que te vean como la fuente de toda respuesta, ni proyectes esa imagen. Más bien, recuerda que el crecimiento lo da el Señor (1 Cor. 3:6-7), y que tu rol es estimular a los miembros de tu grupo a depender de Él y confiar en Él.

5. El grupo pequeño no es un fin en sí mismo.

Especialmente si tu iglesia local es numerosa, los grupos pequeños pueden ayudar a que los miembros de la iglesia encuentren una comunión más cercana y personal. En un contexto así, es natural encariñarse con los miembros del grupo pequeño, acostumbrarse a ellos, y alcanzar un cierto nivel de comodidad. Esto ciertamente es positivo, pero también puede representar un peligro.

El problema es que el cariño y la comodidad pueden hacernos sentir que el grupo pequeño es un fin en sí mismo. Es común que la gente empiece a considerar que su grupo pequeño “es su iglesia”, que se frustre por algunos se van, y que se ofusque cuando llega gente nueva. Pero la verdad es los grupos pequeños jamás deben reemplazar a la iglesia local ni deben volverse “pandillas”. Al contrario, deben estar diseñados para ayudar a otros a crecer en Cristo, y como tal deben deben estar abiertos al intercambio de miembros, a la recepción de hermanos y hermanas de distintos trasfondos y niveles de madurez, e incluso a la separación eventual por razones estratégicas.

Es esencial que el líder les haga recordar a los demás regularmente que la misión de la iglesia (Mt. 28:18-20), y por ende la misión del grupo pequeño, aún debe continuar. Al final del día, hay un gozo mayor que la comodidad: ver que otros conozcan a Cristo y crezcan en Él (Fil. 1:6-8; 4:1; Col. 2:6-7).


Imagen: Lightstock
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