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Trabajo en un seminario, y parte de mi rol involucra recorrer nuestro campus con postulantes y darles a conocer nuestra institución: nuestra identidad, misión, historia, programas, recursos, y personal. En este aspecto de mi trabajo es clave discernir cuán bien nuestras visitas nos conocen y cómo comunicarse efectivamente con ellas. La idea es informar sin abrumar y profundizar sin ser pedante. 

En El Dios que está presente: Encuentra tu lugar en la historia de Dios, Donald Carson hace algo similar: lleva al lector en un recorrido por toda la Biblia, dándole a conocer su argumento y temáticas centrales.

Ahora bien, no es fácil dar un recorrido por toda la Biblia que sirva tanto a los que ya están familiarizados con ella como a los que recién la vienen conociendo. Pero Carson da la talla. El autor casi no necesita introducción. Sus más de cuatro décadas como profesor de Nuevo Testamento y numerosas publicaciones fácilmente lo califican para escribir un libro de este tipo. 

El Dios que está presente
Don Carson
El Dios que está presente
Don Carson
Poiema Publicaciones. 321 pp.
Poiema Publicaciones. 321 pp.

El Dios que está presente fue originalmente una serie de charlas publicadas en inglés en forma de libro hace casi una década. Recientemente, Poiema Publicaciones ha hecho disponible el libro en castellano.

En términos de contenido, El Dios que está presente da un vistazo general al mensaje de la Biblia. En este sentido, se parece a otros títulos que ya llevan años disponibles en castellano, tales como Evangelio y reino de Graeme Goldsworthy o El Gran Panorama Divino de Vaughan Roberts (ambos recomendables). Pero mientras que estos libros presentan una hermenéutica bíblica —es decir, los principios y parámetros interpretativos que la misma Biblia nos da para leerla y entenderla— Carson más bien dirige la atención del lector hacia la persona y la actividad de Dios en la Biblia: su carácter y acciones.

Desde el Edén hasta la Nueva Creación

Aunque El Dios que está presente sigue el orden narrativo desde el jardín del Edén hasta la nueva creación como también el orden canónico de Génesis a Apocalipsis, su organización es más bien temática. Esto se observa, por ejemplo, en los nombres de los capítulos: el capítulo 1, “El Dios que lo hizo todo”, trata de la creación; el capítulo 6, “El Dios que es infinitamente sabio”, trata de la sabiduría de Dios en literatura sapiencial; y el capítulo 10, “El Dios que muere… y vuelve a vivir”, trata de la muerte y resurrección de Jesús. Un efecto positivo de esta organización es que permite interactuar con ideas equivocadas o contrarias la enseñanza bíblica y hacer comentarios pastorales y prácticos donde es pertinente a medida que se avanza por el argumento de la Biblia. Además, cada capítulo expone en más detalle uno o un par de pasajes representativos del tema en cuestión. De ese modo, el libro nos lleva en un recorrido por la topografía bíblica, por así decirlo, deteniéndose a examinar en más profundidad los marcadores de posición que ayudan a entender el cuadro completo en términos generales, y meditando en cómo su mensaje es relevante hoy.

Esta organización es efectiva, especialmente para el lector nuevo de la Biblia o para el que la conoce pero no sabe cómo encajan sus piezas, pues presenta el panorama bíblico en una manera simple, resaltando su unidad, coherencia, e importancia, y lo hace por medio de textos específicos y concretos. 

Probablemente la característica más importante de este libro es que destaca el hecho de que la Biblia no es un libro de reglas que debemos cumplir para llegar a Dios, ni un bonito cuento que nos inspira a vivir nuestro máximo potencial. Al contrario, se trata de Dios. Este Dios, a pesar de ser trascendente e incomprensible para nosotros, verdaderamente está presente y ha hecho todo lo necesario para que criaturas finitas y pecadoras como nosotros podamos encontrar nuestro lugar en su historia por medio de la persona y obra de su Hijo. 

Algunas observaciones

Aun así, no hay libro perfecto (aparte de la Biblia), y este no es la excepción. Quizás su principal debilidad es que, en su recorrido por las Escrituras, deja de lado categorías sistemáticas importantísimas.

Un ejemplo se encuentra en el capítulo 3, “El Dios que escribe sus propios acuerdos”, el cual trata de los pactos de Dios. Para los que conocen la Biblia relativamente bien, es sorprendente que Carson haya decidido comenzar a tratar este tema con Abram en Génesis 12 y que no haga mención del pacto con Noé (Génesis 9). Pero para los que se mueven en un entorno reformado, es aún más sorprendente es que Carson pase por alto completamente el acuerdo original de Dios con Adán en el jardín como un pacto de obras (o de vida), especialmente considerando que dicho acuerdo es el trasfondo del pacto de gracia, de los pactos históricos subsiguientes, y en última instancia de la obra de Cristo como el segundo Adán (cf. Ro. 5:12-21; 1 Co. 15:20-28). 

Otro ejemplo es el capítulo 12, “El Dios que reúne a su pueblo”, que habla del carácter cristiano; de cómo Dios transforma a su pueblo de modo que reflejen su santidad. Evidentemente la santificación es importante y una marca distintiva de los que pertenecen a Cristo. Interesantemente, el capítulo no incluye una discusión del pueblo de Dios reunido: la iglesia, su naturaleza, misión, adoración, y estructura.

Ahora bien, El Dios que está presente no es ni pretende ser una teología sistemática, y aunque que tenga más de 200 páginas, no se le puede exigir que cubra todos los temas que a uno le interesan en profundidad. Pero al menos estos dos temas son más que interesantes; son importantísimos para entender correctamente la “historia de Dios” y para “encontrar nuestro lugar” en ella. Por lo mismo, la lectura de este libro debe ir acompañada de instrucción doctrinal, particularmente en lo tocante a la teología clásica del pacto y a la eclesiología. 

Habiendo dicho eso, se puede afirmar con confianza que quienes lean este libro a consciencia tendrán una buena idea acerca de qué se trata la Biblia, a saber, del Dios que está presente, el Dios que es Creador, Salvador, Juez, y Rey. 

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