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Dios llenó Su mundo con adornos —árboles, águilas, montañas, peces y humanos— para revelar no solo Su creatividad y Su poder, sino a Sí mismo.

Una de las parábolas más desconcertantes que concibió (antes incluso de que las colinas las acogieran) es la del pastor y sus ovejas. Pensemos en las ovejas, el animal más mencionado en la Biblia. ¿Cuáles son sus virtudes? Su pelaje es cálido en invierno y son sabrosas en un gyro, pero no tienen mucho más que ofrecer por sí mismas. No se las conoce por su fuerza, inteligencia, velocidad o belleza. No son exóticas como el tigre, imponentes como el águila, útiles como el buey, astutas como la serpiente, audaces como el caballo de guerra ni majestuosas como el león. Son simplemente ovejas.

Nadie desea ser conocido por las características de una oveja. Si quieres referirte a alguien que no tiene pensamiento propio y es manipulable, lo llamas «borrego». Las ovejas también son conocidas por su terquedad: un rebaño de adolescentes que parecen saber siempre más que quien las guía. Refunfuñan al lado del Pastor, enviando mensajes a sus amigos sobre Él, alejándose del único que está allí para alimentarlas y sostener sus vidas. Como lo resume un erudito: «Las ovejas no solo son criaturas dependientes; también son singularmente poco inteligentes, propensas a perderse e incapaces de encontrar el camino al redil incluso cuando está a la vista» (Dictionary of Biblical Imagery, p. 782).

Laderas idílicas

En lugar de dejar a las ovejas a su torpe determinación de extinguirse, Dios provee hombres para satisfacer su constante necesidad de guía y protección. Entra en escena el pastor: jóvenes y hombres dedicados al cuidado de estas criaturas. Hemos visto tantas imágenes y cantado tantas canciones sobre pastores que quizá nos imaginemos algo bastante romántico. Imaginamos serenas pinturas al óleo de colinas lejanas que representan la vida sencilla. Pero ¿siente el pastor dentro del cuadro que su vida es más bien como ver que se seca la pintura? Quizá te preguntarías, si estuvieras en su lugar: ¿En verdad esto es todo?

En lugar de dejar a las ovejas a su torpe determinación de extinguirse, Dios provee hombres para satisfacer su constante necesidad de guía y protección

¿Pasarías tu vida como amigo de las ovejas? La soledad. El silencio. Pero también las exigencias. La búsqueda de pastos. La vigilancia ante los depredadores. Muchos días iguales. Fortalecer, guiar, vendar, rescatar a aquellas que no hablan, no ayudan, no luchan, no agradecen. Además, se descarrían… ¡cuántas veces se descarrían! Eres pastor, pero no velas por las almas —inmortales y más valiosas que el mundo—; velas por las ovejas. Cuidas de niños, pero no son tus hijos. Si fue tan fácil para Satanás vender la idea de que la maternidad en el hogar es una tarea pesada en sí misma, ¿cuánto esfuerzo convencería el pastoreo en la colina?

Pero al menos estaríamos más cerca de Dios, ¿verdad? El Salmo 23 está tan lleno de adoración; el pastoreo parece la cúspide de la vida devocional. Sin timbres, sin zumbidos, sin prisas. Sin la niebla de la ciudad que nos impide ver los cielos. Sin embargo, con qué acierto cuestionó Alexander Maclaren lo cerca que están estas laderas del cielo.

Podemos sentir, en una especie de juego sentimental y perezoso, lo adecuada que es la vida del pastor para sugerir pensamientos sobre Dios, porque no es nuestra vida. Pero se necesita tanto un hábito meditativo como un corazón devoto para sentir que las trivialidades de nuestras propias tareas diarias nos hablan de Él. Los cielos tocan la tierra en el horizonte de nuestra visión, pero siempre parece más lejos del cielo desde el lugar donde nos encontramos (The Life of David as Reflected in His Psalms, p. 21).

En otras palabras, puedes estar sentado en tu cubículo, trabajando en el maizal, preparando la comida en la cocina o dando martillazos en la construcción, y pensar que nunca has estado más lejos de la realidad espiritual. El joven David también era propenso a dejarse llevar por la monotonía. A ninguno de nosotros nos va bien con el aburrimiento. Su hechizo nos adormece, cegando nuestros ojos ante la belleza que creemos haber visto ya. Ensordece los gritos de «¡Santo es el Señor Dios Todopoderoso! ¡Toda la tierra está llena de Su gloria!». Las verdes colinas no fueron las que acercaron a David a Dios, sino un hábito meditativo y un corazón devoto, el tipo de visión que puede transfigurar las trivialidades. Maclaren continúa:

Para el salmista, sin embargo—como en formas más elevadas para su Hijo y Señor—, todas las cosas a su alrededor estaban llenas de Dios; y al igual que las majestuosidades de la naturaleza, también las trivialidades de los trabajos del hombre —pastores y pescadores— estaban impregnadas de un significado profundo y de sombras de lo celestial. Con pensamientos tan elevados [David] alimentó su juventud.

El pastor tenía un trabajo en muchos aspectos similar al tuyo, pero trabajaba con ovejas. Sin embargo, al igual que David, puedes mirar a tu alrededor y ver tu mundo, incluso tu pequeño rincón, como algo lleno de Dios.

El escándalo de los pastores

Considera de nuevo la descripción del trabajo. La imagen roza lo absurdo cuando uno contempla hasta qué punto llegaba un buen pastor para cuidar de sus ovejas. ¿Se ha vuelto la imagen demasiado familiar como para verla? Un hombre, la cumbre de la creación, está destinado a defender con su vida a una criatura que es por completo poco inspiradora, improductiva y poco impresionante.

Un buen pastor da su vida por sus ovejas (Jn 10:11). ¿En serio? ¿Por unas ovejas? La exitosa serie La casa de David oculta esta realidad, al mostrar cómo David persigue al león, no porque una de sus ovejas estuviera entre sus fauces, sino porque amenazaba a su hermana y a su familia. Matar a un león que acosa a tu familia es honorable, varonil, cinematográfico… pero por un corderito, no tanto. ¿Por qué debería un hombre creado a imagen de Dios morir en nombre de una criatura que, de otro modo, podría comerse para cenar? ¿Por qué cambiaría su vida por algo que está tan evidentemente por debajo de él? ¿Por qué llenó Dios Su mundo con una imagen así?

Un buen pastor muere por sus ovejas. Esposas, ¿la noticia de que sus esposos murieron protegiendo ovejas las consolaría en su viudez? Él no murió defendiendo a sus hijos, ni su fe, ni su país, ni a ti. Murió por las ovejas. ¿Por qué el jornalero que huye del depredador no es el sabio? Él es mucho más valioso que lo que defiende; ¿por qué no dejar que un león se lleve a una oveja? ¿Y si el titular sobre David dijera algo diferente: «Un oso ataca a un chico de la zona que intentaba rescatar a un cordero»? ¿Pensaríamos que esta tragedia es un acto de heroísmo o un desperdicio? De nuevo, ¿por qué Dios llenó Su mundo con una imagen así?

La vida del pastor repetía una y otra vez la misma y desconcertante melodía: la corona de la creación (el hombre) que cuida de las necesidades constantes de unas criaturas indefensas (las ovejas). ¿Qué pretendía Dios con semejante escena? No solo nos estaba enseñando sobre Su creatividad o Su poder, sino sobre Él mismo.

Lección desde los pastos

Tú y yo «nos descarriamos como ovejas, / Nos apartamos cada cual por su camino» (Isaías 53:6). En el pecado, somos torpes y vagamos hacia los precipicios, decididos a extinguirnos. Balamos indefensos, aunque nos creamos leones. Tenemos poco que ofrecer, aunque nos creamos como Dios. Somos criaturas que pecaron y se dirigen al matadero.

Dios envió a hombres a cuidar de las ovejas para revelarse como el Buen Pastor ante los que están en peligro y los insignificantes

Sin embargo, ¿quién es el gran Dios que está arriba? ¿Cómo es Él? ¿Cómo responderá a unas criaturas rebeldes que no le producen ninguna ganancia? ¿Es indiferente? ¿Despiadado? ¿Será sordo a nuestras penas, así como nosotros hemos sido sordos a Su supervisión? ¿Nos dejará seguir nuestro propio camino?

Él responde enviando a Su Hijo a nuestra colina para que sea nuestro pastor. Jesucristo vino a buscar y salvar a los perdidos. Dios pensó en las ovejas y las hizo un sacrificio por el pecado, para prepararnos para el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Dios envió a hombres a cuidar de las ovejas para revelarse como el Buen Pastor ante los que están en peligro y los insignificantes.

Él —Dios Hijo hecho carne— vino en nuestra búsqueda. Él rescata a los perdidos. El suyo no fue un pastoreo idílico. Su colina estaba llena de lobos y leones, y sangró mientras recogía a Sus corderos en Sus brazos. Él dio Su vida por Sus ovejas. También resucitó de entre los muertos. Todavía nos alimenta. Todavía nos protege. Todavía nos lleva a buenos pastos y nos da descanso. Todavía llama a quienes escuchan Su voz. Si puedes oírlo hoy, ven. No se perderá ninguna de las ovejas de Su rebaño.

Entonces, ¿por qué ovejas y pastores en esta historia de Dios, ángeles y hombres? Para que Él pudiera enseñarnos acerca de Sí mismo. Su amor. Su liderazgo. Su firmeza y ternura. Su gracia. Para que pudiera ilustrar Su inexplicable afecto por criaturas indignas, y enseñar a sus labios uno de los versos más grandiosos que la tierra haya conocido jamás: El Señor es mi Pastor.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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