Solía vivir atrapada en la promiscuidad y el pecado sexual. La masturbación y el uso ocasional de pornografía eran aspectos aceptados de la vida, sobre los que a menudo se bromeaba entre mis amigos no creyentes. Pero después de que Dios me quitara el velo de los ojos y me diera la salvación en Cristo, empecé a experimentar la convicción del Espíritu Santo.
Durante unos meses, como nueva creyente, fue una lucha. Al ser un tema tabú, nadie me dijo que la masturbación estuviera mal. Pero el Espíritu que había establecido Su morada en mi corazón se entristecía por mis acciones, y yo lo sabía.
Estoy agradecida por la obra del Espíritu en esta área de mi vida, pero también creo que, como creyentes, debemos hablar con claridad sobre este tema. En publicaciones en redes sociales y conversaciones cotidianas, algunos cristianos tratan de justificar la masturbación. Quizás tú la practiques y te preguntes si está bien. Quiero refutar cuatro argumentos que buscan normalizar la masturbación.
1. “La masturbación no se menciona en la Biblia, así que está bien”.
Este es un argumento común, pero no es fuerte. Hay una gran cantidad de pecados que no se mencionan explícitamente en la Biblia. Piensa en las drogas ilegales, por ejemplo. ¿Está bien inhalar cocaína o consumir LSD, ya que la Biblia no las prohíbe específicamente? Por supuesto que no. Podemos inferir de los pasajes que nos recuerdan que debemos ser sobrios que el uso de estas drogas no es permisible (1 Ts 5:5-7; Tit 2:2-3).
Del mismo modo, no encontrarás la palabra «masturbación» en el índice de tu Biblia, pero podemos saber que está mal basándonos en los principios de la Palabra de Dios.
Como cristianos, hemos sido llamados a salir de la vida de autogratificación que una vez vivíamos y a entrar en la vida en Cristo
Dios creó el sexo para que fuera relacional: entre un hombre y una mujer en el contexto del matrimonio (Gn 2:24-25; Mr 10:6-9). Los cónyuges están llamados al servicio desinteresado, buscando no solo su propio placer, sino el de su esposo o esposa (1 Co 7:4-5). Sacar el sexo de este contexto transforma el buen diseño de Dios en un acto egoísta. El sexo en solitario es innegablemente egocéntrico y autocomplaciente.
Como cristianos, hemos sido llamados a salir de la vida de autogratificación que una vez vivíamos y a entrar en la vida en Cristo, donde caminamos por el Espíritu para no «[cumplir] el deseo de la carne» (Gá 5:16). 1 Tesalonicenses 4:4-5 nos llama a todos a «poseer [nuestro] propio vaso en santificación y honor, no en pasión degradante, como los gentiles que no conocen a Dios».
2. “No pasa nada siempre y cuando no esté deseando a alguien”.
La lujuria se produce cuando deseamos sexualmente a alguien e imaginamos interacciones sexuales con esa persona. Esto no solo incluye a personas reales, sino también a amantes imaginarios. Algunos argumentan que la lujuria es lo que hace que la masturbación sea pecaminosa, ya que sabemos que Jesús condenó directamente los pensamientos lujuriosos (Mt 5:27-28). Según esta lógica, si una persona se masturbara sin sentir lujuria, sería permisible.
Aunque hay situaciones en las que la lujuria podría estar ausente de la masturbación (por ejemplo, los niños pequeños que descubren sus cuerpos), ¿es razonable creer que los adultos lo hacen sin haber fantaseado en absoluto —ya sea a través de un libro, imágenes mentales o material pornográfico—, aunque no sea en el momento de la autogratificación? A menudo, algo con lo que la persona se ha encontrado antes ese mismo día o incluso semanas atrás alimenta su deseo. Decir que alguien se masturba sin sentir lujuria demuestra falta de conciencia y de honestidad.
3. “No es perjudicial”.
Algunos afirman que, debido a que la masturbación no es perjudicial para el cuerpo, está bien —incluso es saludable— practicar el sexo en solitario. Pero el hecho de que algo no sea perjudicial físicamente no significa que no lo sea espiritualmente.
En ninguna parte de las Escrituras se nos dice que cometamos un pecado para evitar otro
Hay una razón por la que los cristianos que se masturban suelen experimentar comúnmente culpa y vergüenza. La culpa que sienten después les señala la verdad: han pecado contra un Dios santo. Cuanto más ignoran esa señal de alarma, más acallan su conciencia. Cuanto más acallan su conciencia, más difícil les resulta distinguir el bien del mal. Adormecer nuestra conciencia es perjudicial.
La masturbación también es adictiva. Debido a la respuesta fisiológica que hace que el cuerpo desee más estimulación sexual —un regalo maravilloso en el matrimonio, pero inapropiado fuera de él—, la masturbación puede convertirse en una trampa en la vida del creyente.
4. “Es mi forma de abstenerme de la inmoralidad sexual”.
Algunos solteros afirman que la masturbación les ayuda a abstenerse del sexo fuera del matrimonio. Del mismo modo, algunas personas casadas dicen que practican el sexo en solitario porque su cónyuge no satisface sus necesidades sexuales, y masturbarse evita que cometan adulterio.
Pero en ninguna parte de las Escrituras se nos dice que cometamos un pecado para evitar otro. Ya sea que tus deseos sexuales no se satisfagan debido a tu soltería o a problemas en tu matrimonio, el Señor aún te llama a la obediencia fiel. Los autores Deepak Reju y Jonathan D. Holmes explican: «La masturbación elude y elimina cualquier necesidad de que una persona ejerza autocontrol en el ámbito sexual».
Las Escrituras advierten: «no despertarán al amor hasta que llegue el momento apropiado» (Cnt 8:4, NTV). La masturbación despierta el amor erótico antes del matrimonio. Aumenta el deseo de alcanzar cosas que Dios aún no ha concedido a una persona soltera.
Si una persona no aprende a controlar su deseo sexual mientras está soltera, seguirá siendo propensa al pecado sexual cuando se case
Además, puede iniciar un patrón de comportamiento que no se detiene con el matrimonio. Muchos hombres y mujeres que acaban cometiendo adulterio pueden rastrear sus pasos hasta el pecado descontrolado de la masturbación. Si una persona no aprende a controlar su deseo sexual mientras está soltera, seguirá siendo propensa al pecado sexual cuando se case.
¿Por qué animaría Pablo a los creyentes a casarse para evitar la tentación si pudiéramos simplemente ocuparnos nosotros mismos de nuestros deseos sexuales (1 Co 7:1-2)? La conclusión lógica es que la masturbación está incluida en la definición bíblica de inmoralidad sexual.
Si bien el sexo es un hermoso regalo de Dios, el acto autocomplaciente de la masturbación es un pecado. La idea de que debemos satisfacer nuestros deseos sexuales para vivir una vida plena y feliz es una mentira. Eso no significa que siempre vaya a ser fácil resistir la tentación. Pero sí podemos someter nuestros deseos sexuales a Dios, aferrándonos a la verdad de que solo Él satisface verdaderamente.
Que Él, por el poder del Espíritu, nos capacite para caminar en verdadera pureza y nos dé fe para saber que, aunque nuestros deseos sexuales no estén satisfechos, Cristo es suficiente.



