¿Quien soy yo para juzgar a los gays? ¿Ha dicho algo nuevo el papa Francisco?

Cuando leí el titular en las redes sociales, que por cierto se esparció como pólvora en minutos, recordé el consejo de mis pastores de cómo estudiar la Biblia: “Siempre lee el contexto que rodea el versículo , lo que está escrito antes y después para que comprendas mejor el significado”. Por tanto, mi deber era conseguir la fuente original de la noticia, la entrevista completa que le hicieron al  Papa. No habían pasado 10 minutos de haber encontrado esta información cuando mi madre me llama por teléfono: “¿¡Viste!? ¿¿Es que el Papa se ha vuelto loco?? ¡Los comentaristas de la radio dicen que el Papa apoya la homosexualidad!”. Los medios habían tomado la frase del Papa Francisco, sin analizar el contexto, y habían hecho de ella un slogan. El periódico español El País publicó la entrevista íntegra, y entonces pude entender que el papa Francisco simplemente es latino: sabe decir lo mismo de diferentes formas, se sonríe al decir las verdades, crea empatía con la gente, tiene un corazón afable, pero no ha cambiado ni ha revolucionado nada respecto a la posición de la Iglesia Católica frente a la homosexualidad. Analicemos el comentario completo del Papa Francisco cuando se le preguntó sobre cómo iba a enfrentar el lobby gay y el caso del Monseñor Battista Ricca (nombrado por el Papa para controlar el banco del Vaticano y en el centro de una polémica por un supuesto pasado de escándalos sexuales] : “Yo pienso que muchas veces en la Iglesia —con relación a este caso o con otros—, se va a buscar los pecados de juventud. Y se publican. No los delitos, los delitos son otra cosa. Los abusos de menores son delitos. Me refiero a los pecados. Pero si una persona —laico, cura o monja— comete un pecado y luego se arrepiente, el Señor la perdona”. En este enunciado el Papa habla del arrepentimiento de pecados, por lo tanto está refiriéndose a la homosexualidad como un pecado, del cual si te arrepientes, vas a ser perdonado por Dios. No está diciendo que acepta la homosexualidad como un estilo de vida. Luego el Papa se refiere al lobby gay, que se define como los grupos de presión gay o grupos pro-derechos civiles gays: “Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me he encontrado con ninguno que me dé el carné de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser una persona gay y el hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno”. El Papa hace una diferencia entre luchar con una tendencia u orientación como pecado y hacer actividad y presión para la modificación de lo establecido en la doctrina católica. Luego viene la frase que ha dado la vuelta al mundo: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella. Dice que no se debe marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby”. El hecho de que una persona tenga una orientación o una tendencia hacia la homosexualidad no es una razón para ser excluido y rechazado, si busca al Señor (con todas las implicaciones que tiene buscar al Señor, que nosotros los protestantes entendemos por las Escrituras) nadie puede juzgar lo que hay en su corazón, solo Dios. El Papa Francisco no ha dicho nada nuevo, pues esto está contenido en el artículo 6 del Catecismo de la Iglesia Católica:  ”2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”. Pero el Catecismo del Iglesia Católica Apostólica y Romana que dirige el Papa Francisco no se limita a decir que las personas homosexuales deben ser tratadas con respeto, compasión y delicadeza sino que en el próximo párrafo dice cual es la conducta que deben practicar.  “2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”. A la luz de lo que hemos analizado no ha habido un cambio de postura radical o una revolución de los conceptos de la doctrina católica frente a la conducta homosexual, sino que como dice Albert Mohler, en su artículo “Who Am I to Judge? The Pope, the Press and the Predicament”, el papa Francisco está buscando una forma de hablar sobre el tema de la homosexualidad combinando la realidad moral que afirma la Biblia con el respeto a la dignidad de los seres humanos que todos debemos ejercer. Aunque en muchos otros aspectos de importancia estamos separados, esta es una actitud que debemos respetar e imitar. 

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