En la cultura norteamericana hay palabras que son tabús, que no pueden ser mencionadas. Gente de la raza blanca no puede llamar a personas de la raza negra de cierta forma, y vicercersa. Esas palabras están socialmente prohibidas y no pueden ser usadas bajo ninguna circunstancia. Así también en la iglesia —en los últimos tiempos— hay ciertas palabras que no pueden ser usadas. Una de ellas es mandamiento. Si algún pastor trata de dar instrucción a la iglesia sobre algo que Dios ha revelado como un mandato para su pueblo es acusado rápidamente de legalista. Puedo entender este impulso, ya que hay tendencias a vivir la vida de creyente de una forma legalista y motivar a nuestras iglesias a obedecer a Dios por las razones incorrectas. Pero, ¿se debe considerar legalismo el que un pastor instruya a su iglesia a obedecer la Palabra?
Definiendo legalismo
La respuesta a esa pregunta pudiera tener dos vertientes: pudiera ser legalismo o no pudiera ser legalismo. El legalismo no es tomar un mandamiento de la Palabra e instar al pueblo de Dios a obedecerlo: eso es ser bíblico. Una forma de legalismo es motivar a los creyentes a obedecer este mandamiento por las razones incorrectas. Podemos ver un ejemplo de esto cuando se nos dirige a creer que nuestra salvación depende de obedecer los mandamientos. Es cierto que toda persona que es regenerada comienza a obedecer a Dios, pero la motivación a obedecer sus mandamientos no es ganar esa salvación, sino el que ya hemos sido salvados.
La obediencia es un resultado de la salvación y no lo que nos hace salvos. Otra forma de legalismo es poner cargas sobre nuestra iglesia que la Biblia no pone en nosotros. 1 Timoteo 4:1-3 dice: “Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia; prohibiendo casarse y mandando abstenerse de alimentos que Dios ha creado para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad”. Este pasaje muestra que es doctrina demoníaca el prohibir cosas que Dios nos da la libertad de hacer. Eso es legalismo. Pero una situación que ha resultado de esto ha sido que la iglesia hispana se ha transformado de una cultura mayormente legalista en los años 80 a una cultura donde la ley no existe y ningún mandamiento tiene autoridad sobre el creyente.
Gracia transformadora
Estoy convencido de que la gracia de Dios es la que nos transforma. Tito 2:11-12 nos exhorta: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente”. Este pasaje nos muestra que es la gracia de Dios manifestada la que trae salvación y nos transforma a vivir vidas piadosas que agradan a Dios. Nunca debemos decirle a las iglesias que obedezcan para que haya transformación, sino que es por la obediencia que demuestran esa transformación. Entonces, ¿cuál podemos decir que es el rol del pastor hacia su iglesia? ¿Mostrar la gracia de Dios o predicar mandamientos? Estoy convencido que ambos. Pero ambos en conjunto.
Cuando predicamos un texto que llama a la obediencia lo hacemos mostrando siempre la gracia que nos transforma para darnos así el poder para obedecer. Podemos encontrar un ejemplo de esto en la epístola de Pablo a Timoteo. 1 Timoteo 3:15 dice: “Te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad”. Pablo le está dando instrucciones específicas de cómo debe de haber orden cuando la iglesia se congrega. Podemos decir: “este Pablo es un legalista”, pero no es el caso ya que lo que él le está diciendo a Timoteo es que la llegada del evangelio a una persona tiene implicaciones éticas. Esto quiere decir que la llegada del evangelio por la gracia de Dios nos muestra cómo debemos vivir para reflejar ese evangelio. Y vez tras vez Pablo está animando a Timoteo “predica esta gracia y predica que las personas vivan de acuerdo a esta gracia”. 2 Timoteo 4:2 dice: “Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción”.
Con el paso de los años he podido identificar dos áreas en las que he visto a la iglesia dar pasos contrarios a la piedad: la seriedad en congregarnos y el ser generosos financieramente en el servicio con la obra de Dios. Muchos pastores temen instruir a sus iglesias a obedecer estos mandamientos bíblicos por temor a ser catalogados de legalistas. Puedo ver cómo estos temas pueden ser enseñados de forma legalista, pero ese peligro no debe detenernos de instruir a nuestras iglesias a seguir mandatos bíblicos.
La necesidad de congregarnos
Hebreos 10:25 nos alienta a que no dejemos de congregarnos. Muchos pastores usan este texto para manipular a las congregaciones a no faltar a las reuniones del domingo. Pero ese pasaje nos da la motivación para no dejar de congregarnos: nos necesitamos los unos a los otros para exhortarnos, ya que tendemos a endurecernos por el pecado y podemos terminar cometiendo apostasía. La motivación no debe ser que la iglesia se vaya a ver media vacía si no asistimos, la motivación es el evangelio mismo. Somos pecadores que necesitamos del cuerpo de Cristo del cual somos parte para continuar en la carrera del creyente. Como pastor, mi labor es instruir a la iglesia del peligro de dejar de congregarse pero, más que nada, mi trabajo es enseñar la maravillosa gracia de experimentar la dulce comunión con el cuerpo de Cristo que nos motiva a continuar en comunión con su cuerpo. Como 1 de Juan 1:3 nos dice, tenemos comunión los unos con los otros por ende tenemos comunión con el Padre y su Hijo.
Generosidad
Este tema fue muy abusado por los pastores de la Súper Fe y la prosperidad, donde se enriquecieron con el evangelio. Pero repetidamente vemos en el Nuevo Testamento el llamado a la iglesia a ser generosos. La motivación para ser generosos no debe ser el esperar que si das, Dios te hará millonario. La razón del acto de dar es que Dios ya ha sido generoso contigo y por ende somos generosos. 2 Corintios 8:9 nos dice: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos”.
Conclusión
Concluyendo, el pastor está llamado a presentar la gracia transformadora de Cristo. Solo esto traerá verdadera transformación en el creyente. Vemos en el patrón bíblico que los líderes están llamados, por la gracia de Dios, a instruir a sus ovejas para que obedezcan la Palabra de Dios por medio de la gracia. Así que la próxima vez que tu pastor hable sobre un mandamiento bíblico, no lo acuses de legalista. Asegúrate de que la instrucción no sea presentada de forma legalista; al contrario, que esté motivada por el glorioso evangelio de la gracia que nos lleva a vivir vidas piadosas.




