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Pablo afirmó que Cristo “es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Col 1:15). ¿Qué significa que Cristo es el primogénito de la creación?

Los cristianos tenemos plena certeza de que las Escrituras evidencian y afirman que Cristo es Dios. Por lo tanto, cuando Pablo afirma que Cristo es el primogénito de toda la creación no significa que Jesucristo es el primero creado de la lista de todas las cosas creadas por Dios. En realidad, Jesucristo es el supremo, el dueño y para quien fue hecha toda la creación de la que Él mismo participó —junto al Padre— por su esencia divina y preexistencia (Jn 1:1), como afirma Pablo:

“Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen” (Colosenses 1:16-17).

Los cinco pasajes donde aparece el término “primogénito” en el Nuevo Testamento se relacionan con Cristo (Lc 2:7; Col 1:15, 18; Ro 8:29; Heb 1:6; Ap 1:5). En el evangelio según Lucas se habla de que Jesús fue el primogénito o primero en nacer de la virgen María (Lc 2:7). A Cristo también se le llama “primogénito” de entre los muertos. Esta frase no necesita explicación, ya que el mismo apóstol Pablo señala lo que implica: “Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía” (Col 1:18, énfasis añadido).

El mensaje del Nuevo Testamento es claro en afirmar que Cristo, al ser reconocido como primogénito de la creación, tiene supremacía sobre ella y goza de privilegios supremos y únicos que los creyentes debemos reconocer. Por eso Pablo destacó: “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro 8:29, énfasis añadido). Así también se espera que los ángeles también reconozcan su divinidad, gloria y poder (Heb 1:6).

Por lo tanto, el fin supremo de la revelación especial de Dios es dar a conocer el proyecto de la redención para que toda la humanidad conozca y crea en el primogénito de la creación como su Señor y Salvador, y le honren como al Padre.

“Por eso Jesús les decía: ‘En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera. Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que Él mismo hace; y obras mayores que estas le mostrará, para que ustedes se queden asombrados. Porque así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo también da vida a los que Él quiere. Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió” (Juan 5:19-23).

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