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No soy una experta en materia de la soltería, sin embargo, soy soltera y quisiera compartir algunos aspectos que he aprendido acerca de la soltería y cómo podemos glorificar a Dios, nuestro Salvador, en esta peculiar etapa.

Quisiera compartir lo que tengo en el corazón.

La soltería es una etapa de la vida, al igual que otras –como la niñez, y las fases de estudios, matrimonio, y crianza de los hijos. Dios nos permite estas etapas para aprender a depender de Él. Algunos aspectos son difíciles mientras que otros son más fáciles y exclusivos a cada etapa; por ejemplo, algo que es difícil en la soltería es la soledad.  Gran parte del vivir sólo es la tentación de sentirse descontento con los deseos insatisfechos que se tienen, y aunque en realidad esto sucede en cada etapa de la vida, parece exclusivo de la soltería porque es obvio que no se tiene un esposo o niños, sin embargo, cada etapa de la vida posee algo que queremos y no tenemos. Es por ello que es una buena ocasión para acercase más al Señor.

Algunas cosas se vuelven más fáciles: tomar decisiones es más fácil al hacerlo uno mismo, y se tiene más tiempo para hacer las cosas que uno desea, aunque eso no signifique que se tengan que hacer, ya hablaremos de ello más adelante.

Veamos cuatro maneras que busco para no desperdiciar mi soltería.

Lo primero, y lo más importante, es permanecer en el amor de Jesús. Como mujer soltera, quiero cuidar mi corazón permaneciendo en el amor que Cristo me ha demostrado; sin importar cómo me siento al despertarme, sé que Jesús murió por mis pecados, sé que Dios nos ha demostrado su amor puesto que cuando éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.  Entonces puedo predicarme esto y vivir en ello: cada instante tengo la certeza de su amor por mí.

El amor de un esposo puede cambiar, no debería pero puede hacerlo. El amor de Cristo nunca cambia; es el mismo ayer, hoy y para siempre. Entonces, si eres cristiana, estás afianzada en el amor del Padre y puedes luchar cada día para creerlo. “Permanecer” significa vivir en ello, en la certeza de esa verdad; así que no es solo creerlo en tu mente, sino vivir esa realidad, lo que quiere decir que no estaré ansiosa ni desesperada por buscar amor, pues lo tengo en Cristo.

Lo segundo sería: estudiar la palabra de Dios. Vaya que esto es muy importante. Como mujeres, nuestras emociones cambian mucho y también lo hacen nuestros sentimientos. Puedo sentirme en las nubes y al rato encontrarme en lo más profundo de la desesperación, pero la palabra de Dios nunca cambia. Esto es importante pues es su palabra la que uso para luchar contra las tentaciones propias de la soltería. Por ello, cuando me siento sola, me predico que “el amor de Dios nunca cambia”, que “Dios nunca abandona a su pueblo”.  Cuando combato la insatisfacción, me apoyo en el hecho de que “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, de los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”. Puedo fortalecerme en que en Él, en Dios, en su presencia, hay dicha eterna y eso me satisface.

Siendo una persona sin hijos ni esposo, puedes dedicarte exclusivamente al reino de Dios, que significa miles de cosas distintas, dependiendo de los dones que Dios te ha dado y dónde te ha establecido, pero puedes dedicarte a estudiar su palabra. Tienes tiempo, mucho tiempo, y puedes escoger cómo lo utilizas. Utilízalo entonces para lo que perdura hasta la eternidad, lo que te ayudará a glorificar a Dios y a servir al prójimo.

Esto me lleva a lo tercero, que es: invierte en tu iglesia.

Si eres cristiana, debes invertir en una iglesia local. Jesús vino para hacerlo real. Ya que eres soltera, estás exclusivamente capacitada para servir en tu iglesia, tienes más tiempo que los demás y puedes elegir si quieres pasarla en tu casa viendo películas, usando el Facebook, el Instagram, que está bien, o puedes decidir servir, ayudando a gente que necesita lo que tú puedes ofrecer. Algo que me ha sido muy provechoso y me ha alentado es observar el deseo insatisfecho de tener hijos, o a un esposo que se desborda en amor por los niños de mi iglesia, y en ser una buena y fiel amiga, y estar al lado de alguien afligido o que atraviesa momentos difíciles, pues tengo tiempo y mucho amor en mi corazón para poder hacerlo, lo que de otra manera iría a mi esposo e hijos.  Cada decisión que tomes para fortalecer a tu iglesia, fortalece también a todos juntos.

Y finalmente, recuerda que ésta es la misión y se halla englobada en lo que hemos mencionado. Un versículo dice: “Ustedes no son sus propios dueños, fueron comprados por precio. Por lo tanto, honren con su cuerpo a Dios”. Ese es el versículo que recuerdo cada día. No soy dueña de mí misma. No creeremos la mentira de que estos años de vivir sola me pertenecen; no, no son para mí. Eres una hija de Dios, redimida, eres una pecadora rescatada, redimida para glorificar a Cristo. Entonces, cada día que te despiertas, cada momento de tu día, está lleno de un  propósito, el de dar gloria a Jesucristo, quien vino no a ser servido sino a servir y dio su vida en rescate por muchos. No desperdicies tus años de soltería pues son muy importantes y llenos de propósito.

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