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3 consejos para desarrollar una intimidad profunda con Dios

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado del libro Nuestro Edén: Encuentra gozo verdadero en la presencia de Dios (B&H Español, 2022), por Edyah Barragán.

En medio de nuestros momentos de crisis, es fácil caer en la desesperación y sentir que no hay salida y que, al encontrar algún tipo de respuesta y ver esa luz al final del túnel, podemos creer que ya hemos llegado al final. De la misma manera, haber encontrado gozo permanente en Cristo y descansar en la suficiencia de Su sacrificio no significa que sea el final de la carrera, sino el comienzo en que empezamos a aplicar esas verdades a la forma en que vivimos.

La vida nueva que recibimos en Cristo viene con una esperanza en lo venidero y no en una mera esperanza temporal en esta tierra. Al tener la mirada en las cosas del cielo, vivimos día a día con la certeza de la victoria final de Cristo sobre todas las cosas al final de los tiempos (Col 3:1-3). Si perdemos de vista toda esa realidad prometida por el Señor, comenzaremos a desear aferrarnos a Dios al momento en que la incertidumbre llega, pero también a las cosas de esta tierra que nos prometen seguridad para no sentir que perdemos el control.

Debemos tener bien en claro que todo lo que ofrezca este mundo imperfecto va a fallar, pero Dios nunca falla. Por eso podemos descansar en Él siempre porque «en Él vivimos, y nos movemos y existimos» (Hch 17:28).

Estos son tres consejos para desarrollar una intimidad profunda con Dios.

1) Deja la autosuficiencia

Algo que descubrí en mi vida es que hubo un tiempo en el que quería llegar a sentir algún tipo de autosuficiencia y control de mi vida, sin entender que era imposible. Se trataba de una expectativa tan alta que constantemente sentía que me ahogaba y me llevaba al mismo ciclo de ansiedades, insatisfacción y frustración.

Me gustaría compartirte algo que escribí en octubre de 2020:

Hay máscaras que he ido construyendo con el tiempo. Logré librarme de muchas con la ayuda de Dios, pero a una en particular seguía aferrándome, pensando que eran mis ideales, sin darme cuenta del gran engaño que esto había causado en mi interior.

La máscara de la «niña buena» viene con la raíz del miedo al rechazo, a no querer decepcionar, a querer la aprobación. Pero eso solo ponía un peso extra en mí de ser algo que no soy: buena. Tengo una necesidad inmensurable de Jesús. La misma necesidad que el peor pecador tiene de Jesús, también la tengo yo.

Me esforzaba tanto por tener buenas obras, que dejaba de depender totalmente de Jesús y lo perdía de enfoque. De nada sirven las buenas obras que no tienen una relación con Dios. De nada sirven las buenas obras, si no reflejo a Cristo. Nunca se ha tratado ni se va a tratar de qué tan buena puedo ser, sino de qué tan bueno ya es Él. Se trata de mi constante dependencia de Él, entendiendo que fuera de Él no hay nada. Que todos los méritos y obras «buenas» son un trapo sucio para Él. La plenitud y satisfacción vienen de Él únicamente. Entonces, en lugar de estar en una constante presión de «ser», tengo que recordar lo que Él ya es.

Quisiera aclarar que no es mi intención decir que no tenemos que esforzarnos por obedecer y vivir en santidad. Hablo de que muchas veces nos apoyamos más en nuestras obras y en nuestra supuesta bondad natural, al punto de que quitamos la mirada totalmente de Jesús y buscamos méritos humanos. No hay absolutamente nada que podamos hacer sin Dios y, tal vez, a veces luchamos con ese concepto porque lo que más queremos es tener independencia y control.

Recibir el perdón de Dios no es únicamente para librarnos del castigo de la muerte y poder vivir la mejor vida posible. Debemos recordar que cuando somos perdonadas, también el Señor nos reconcilia consigo mismo para poder tener comunión con Él. Cuando estábamos muertas en nuestro pecado, no teníamos acceso a Él, estábamos alejadas de Su gloria y éramos realmente Sus enemigas. Hemos sido rescatadas y se ha pagado un enorme precio por nuestra salvación para que vivamos en comunión con Él por el resto de la eternidad.

2) Permanece en la vid

Debemos tener una mejor comprensión del término «permanecer» para entender mejor la dependencia que tenemos de Dios. Dejamos de vivir una vida en dependencia total de Jesús cuando nos enfocamos tanto en nosotras mismas. El problema es que creemos poder solas sin reconocer que no podemos hacer nada sin Él, como lo explica Jesús mismo (Jn 15:1-5).

La manera en que permanecemos en Dios es al tener una intimidad incomparable con Él. Permanecer no es algo pasivo, sino que requiere acción de nuestra parte, como cuando leemos Su Palabra, tenemos tiempos de oración y buscamos hacer Su voluntad por sobre todas las cosas. Es fácil tropezar y querer volver a las viejas fuentes de satisfacciones engañosas, especialmente cuando nos enfrentamos con la decepción, soledad e insuficiencia que el mundo provoca. Sin embargo, si vivimos en intimidad diaria con el Padre, entonces Él mismo nos ayuda en nuestra debilidad.

Quisiera que esto quede grabado en tu mente y corazón: Nuestra vida como cristianas no puede vivirse separada de Dios. Jesús dijo que no hay nada que podamos hacer separadas de Él. Hay una necesidad en nosotras que apunta solo a Él. De todo corazón, te invito a que no veas esto como una carga añadida a tu manera de vivir, sino como un enorme privilegio y descanso en el Señor. Con tan solo leer las palabras de Cristo, podemos ver cómo la obediencia a Dios y dependencia de Él terminan siendo de enorme beneficio para nuestras vidas:

Si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor. Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto (Jn 15:10-11).

El gozo que tanto anhelamos y que parece no estar por ninguna parte se encuentra en vivir para Cristo. Entre más buscamos obedecerlo, glorificarlo y reflejarlo, más satisfacción encontramos, porque ese es nuestro diseño. No hay nada más en esta tierra que pueda satisfacernos que vivir una vida en Cristo y para Cristo. Esa vida es vivida bajo Su voluntad y mandamientos y no bajo los estándares del mundo. Por eso la importancia de permanecer en Él y no regresar a los caminos de donde nos rescató.

3) Identifica el norte de tu brújula

Es demasiado importante que cada día nos aferremos más y más a Dios, que sea también una prioridad en nuestras vidas comer el pan espiritual de la Palabra de Dios, porque así nos mantendremos alineadas a la verdad ante todo tipo de ataques.

Mantener el evangelio como nuestro punto de referencia siempre nos ayudará a dejar de mirarnos a nosotras y voltear nuestra mirada a Dios. Comparemos esto con lo que hacen las bailarinas al girar. Ellas tienen la capacidad de dar unos giros increíbles y continuos sin perder el equilibrio, porque simplemente tienen un punto de enfoque. Sin importar qué tanto giran, mantienen la estabilidad porque su mirada siempre vuelve al mismo lugar. De la misma manera, Dios nos ha dejado Su Palabra que sirve como la brújula que nos apunta siempre en la dirección correcta.

Como cristianas, tendremos esos momentos en nuestro diario vivir donde quizá comenzamos a caminar en dirección equivocada. Es más, hay momentos en los que la vida se puede poner tan confusa que ya no sabemos qué dirección tomar. Como vemos en la Biblia, hay un enemigo que desde el comienzo ha tratado de hacer de las suyas para desviar nuestro enfoque, y es producto de esas batallas por nuestra adherencia y enfoque que podemos decir que estamos bajo una guerra constante. Sin embargo, hay una manera de apuntar nuestra brújula en la dirección correcta. Jen Oshman dice lo siguiente:

Entonces, si nuestros corazones son como una brújula y naturalmente se alinean con lo que sea que vivimos, entonces la pauta del cristiano es constantemente girar la brújula hacia nuestro verdadero norte, a Dios mismo, el único que puede realmente satisfacernos a ti y a mí.1

Estamos tan acostumbradas a consumir todo lo que el mundo nos arroja por las redes sociales que quizás ya es tiempo de cambiar nuestra dieta y poner atención al alimento con el que estamos llenando nuestras mentes. Ya hablamos de permanecer, pero ¿cómo permanecemos firmes ante tantas voces y movimientos? ¡Conociendo la verdad de Dios! Pablo dio la siguiente advertencia a los de la iglesia de Colosas:

Miren que nadie los haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo (Col 2:8).

La conclusión final de todo lo que hemos venido dialogando es que cada pensamiento, sentimiento, idea, sueño y cada área de nuestra vida deben ser llevados a la luz de la Palabra de Dios. Si algo no va de acuerdo con el evangelio de Jesús, entonces debemos desecharlo sin miramientos. Solo nos podremos cuidar de tanta falsa enseñanza que circula en grandes cantidades por todas partes conociendo lo que dice Dios en la Biblia.

El enemigo constantemente te tentará a regresar a las mismas fuentes engañosas y te mostrará todo aquello que aparentemente te estás perdiendo, pero si para ti lo más valioso es Dios y la salvación a través de Jesucristo, nada de esto te hará moverte, porque podrás regresar al verdadero norte.


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1  Jen Oshman, Enough about Me, p. 101.
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