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Instrumento de adoración: 3 verdades bíblicas sobre el cuerpo humano

Nota del editor: 

Este artículo es una adaptación de una charla para Noche de Teología, un ciclo organizado por el Seminario Bíblico William Carey. Puedes escuchar la charla completa aquí. Para conocer más del Seminario Carey y sus próximos eventos, visita su sitio web.

¿Qué tanto sabes sobre el cuerpo humano? Hay diversas perspectivas para responder esta pregunta, por ejemplo: la médica, la biológica o la filosófica, entre otras. La perspectiva desde la cual elijamos responder tendrá consecuencias en nuestra manera de vivir. Pero ¿qué tanto sabemos del cuerpo humano desde una perspectiva bíblica y teológica?

Para un cristiano, la perspectiva de la Palabra de Dios es la más importante y la que tendrá mayor repercusión en su vida. Muchos pasajes en la Escritura nos informan del carácter de Dios en relación con Su máxima creación, el ser humano, pero quiero enfocarme en unas palabras del apóstol Pablo a la iglesia de Corinto.

Estas son tres verdades sobre el cuerpo humano, según 2 Corintios 5:1-9.

1. El cuerpo humano es importante para Dios

Pablo utiliza la analogía de un tabernáculo o una tienda de campaña para referirse a nuestro cuerpo físico (2 Co 5:1), lo que resalta su carácter temporal. El cuerpo humano es frágil y puede ser destruido con facilidad. Sin embargo, es importante para Dios, en primer lugar, porque lo creó a Su imagen y semejanza. Pero las palabras de Pablo nos permiten entender algo más.

La esperanza cristiana no está en un alma liberada de la materia, sino revestida por un cuerpo sin las consecuencias del pecado

El apóstol contrasta la tienda temporal con un edificio firme, sólido y permanente que tenemos en Dios. Se trata de un reemplazo que ocurrirá en los cielos. Dios reemplazará nuestra «tienda» temporal por una «casa» eterna. Esto es definitivamente una alusión a un cuerpo físico nuevo y glorificado en el cual el creyente podrá cumplir el propósito por el cual Dios lo ha creado.

Cuando Pablo menciona su anhelo de ser vestido y no ser hallado desnudo (2 Co 5:3), por el contexto podemos entender que se refiere al deseo de recibir ese cuerpo nuevo. Esto nos enseña una verdad importante: la esperanza del cristiano no está en que su alma «sea liberada de su prisión» física. El dualismo platónico, común en aquella época, enseñaba que el alma es buena y la materia es mala. Desde esa perspectiva filosófica, era inconcebible que el alma vuelva a tener un cuerpo después de liberarse de él. Sin embargo, Pablo deja en claro que la esperanza cristiana no está en un alma liberada de la materia, sino revestida por un cuerpo sin las consecuencias del pecado. Un cuerpo glorificado con la facultad y el poder de glorificar más a Dios.

¡Qué esperanza tan gloriosa! Por eso Pablo dice: «Gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos» (2 Co 5:4). Esto debe animarnos a ver que todo lo que Dios hace, incluido nuestros cuerpos, tiene un propósito claro y particular: la adoración de Dios.

2. El cuerpo humano es un instrumento de adoración a Dios

Nuestro cuerpo fue creado como un instrumento de adoración a Dios. No solo el que esperamos en el cielo, sino el que tenemos en la tierra también, con todas sus debilidades e imperfecciones.

Hay muchas verdades bíblicas que sostienen esto, pero un elemento importante en las palabras de Pablo es que en nuestro cuerpo mora el Espíritu Santo, la garantía de nuestra salvación (2 Co 5:5). Es el Espíritu quien nos permite llevar vidas que adoren y glorifiquen a Dios.

El cuerpo físico es importante para Dios porque es un instrumento de adoración que lleva el sello de Su Espíritu

Saber que el Santo Espíritu de Dios reside en nuestros corazones es un motivo de alabanza. Es una verdad majestuosa que nos debe instar a temer a nuestro Dios y a vivir una vida a la luz de ese temor reverente. Cuánto más al entender que esta presencia de la tercera persona de la Trinidad es una garantía preciosa de que somos Suyos en alma y cuerpo.

A veces tenemos la tendencia de menospreciar el cuerpo. Decimos: «Lo que realmente importa es el alma, el ser interior» y usamos esto como excusa para el descuido de la salud, la mala alimentación o la falta de actividad física. Pero el cuerpo físico es importante para Dios porque es un instrumento de adoración que lleva el sello de Su Espíritu.

Esta verdad debe conducirnos al cuidado apropiado del cuerpo, de una manera sabia y diligente, sin caer en el extremo vanidoso que el mundo sin Cristo practica y promueve. El propósito no es «sentirse bien con uno mismo», evitar todo dolor e incomodidad, ni nada por el estilo. Debemos cuidar el cuerpo físico de una manera que nos permita vivir en adoración a Dios y obediencia a Su llamado.

Vale aclarar que Pablo no está ignorando que vivimos en un mundo marcado por el pecado. En esta vida no podremos alcanzar la perfección, no podremos adorar a Dios con nuestros cuerpos de la manera que quisiéramos. Seguimos cometiendo pecados y batallamos con este cuerpo de carne. Pero no debemos dejar que esto nos impida ver las bendiciones que ya disfrutamos gracias al poder del Espíritu Santo. Debemos andar por fe y no por vista (2 Co 5:7).

Debemos cuidar el cuerpo físico de una manera que nos permita vivir en adoración a Dios y obediencia a Su llamado

El apóstol nos anima a tener una perspectiva del cuerpo humano balanceada por la fe. Todos los cristianos quisiéramos «estar ausentes del cuerpo» afectado por el pecado, con el cual debemos luchar y al que debemos mortificar cada día. Quisiéramos estar en la presencia del Señor. Pero mientras estemos aquí, sabemos que este cuerpo frágil es morada del Espíritu y queremos vivir en coherencia con esta verdad.

3. La meta del cristiano es agradar a Dios

La conclusión de Pablo en este pasaje es que la meta final de todo nuestro ser, incluyendo el cuerpo físico, es agradar a Dios.

La razón por la cual distingo este punto del anterior es porque esta meta suprema no está reducida al cuerpo, sea temporal o eterno. Es decir, el cuerpo como instrumento de adoración es importante, pero no indispensable.

Por eso Pablo puede decir: «Ya sea presentes o ausentes, ambicionamos agradar a Dios» (2 Co 5:9). Esta meta no depende del cuerpo, porque debemos agradar al Señor con todo nuestro ser, con todo lo que somos. Nuevamente, este entendimiento bíblico y teológico adecuado sobre el cuerpo humano nos ayuda a no caer en extremos equivocados. Nos ayuda a no amar el cuerpo de una manera pecaminosa ni despreciar su valor, sino a tener una mirada equilibrada que nos ayuda a ser agradables a Dios.

Tenemos la esperanza gloriosa de que un día este cuerpo mortal será transformado y será un testimonio del poder redentor de Dios. Mientras tanto, queremos vivir esta vida, en este cuerpo, bajo la dirección del Espíritu para la gloria de Su nombre.

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