¡Cuidado! ¡Tus hijos te están viendo!

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La Biblia enseña que Dios ha creado un vínculo tal entre los padres y los hijos que es inevitable que los primeros ejerzan una gran influencia sobre los segundos. Los padres influirán inevitablemente en la vida de sus hijos, para bien o para mal. Veamos los siguientes pasajes de las Escrituras.

Jn.8:30-33, 37-41a, 44. Cuando Dios habló a Abraham éste creyó a Dios y le fue contado por justicia; pero éstos judíos, que eran descendientes físicos de Abraham, no tenían la menor intención de creer a Jesús, el Hijo de Dios encarnado, sino que más bien procuraban matarle. Eran unos mentirosos y unos homicidas, y por lo tanto, el padre de ellos no podía ser Abraham; sus obras revelaban c1aramente quien era el padre de ellos (vers. 44a). El diablo es un mentiroso, ellos eran mentirosos; el diablo es un homicida, ellos eran homicidas. ¿Conc1usion? Eran hijos del diablo y no de Dios. Nuestro comportamiento revela nuestra paternidad, porque los hijos imitan a sus padres.

1Cor. 4:14-16. Pablo está dando por sentado el mismo principio. “Los hijos tienden a imitar a los padres, eso es lo natural; y dado que yo os engendré por el evangelio, y Uds. son mis hijos espirituales, les ruego que me imiten”. Ef. 5: 1-2. Una vez más el apóstol está aplicando este principio del reino físico a la vida espiritual. “Vosotros decís que sois hijos de Dios, y lo natural es que los hijos imiten a los padres. Si sois hijos de Dios debéis imitarle, sobre todo en el aspecto del amor, la benignidad, la misericordia” (noten el contexto – Ef. 4:31- 32).

Este principio de imitación lo podemos ver ejemplificado en algunas relaciones naturales que encontramos en las Escrituras. Ahí tenemos, por ejemplo, el caso de Abraham y su hijo Isaac. Abraham fue indudablemente un gran hombre de fe, pero en dos ocasiones consecutivas cometió el grave error de resolver un posible problema a través de la mentira (comp. Gn.12:11-13; 20:1-5). La Escritura no oculta las debilidades de sus héroes, y están puestas allí como una lección para nosotros.Ahora bien, noten las repercusiones de esto en la vida de Isaac el hijo de Abraham (comp. Gn. 26:6-7). El mismo patrón de conducta, la misma forma pecaminosa de resolver sus problemas. Seguramente Abraham nunca enseñó a Isaac a hacer las cosas de esa manera; seguramente nunca le enseñó a mentir en una forma deliberada; pero su ejemplo en esa área fue fatal para su hijo.

Antes de proseguir es importante hacer una aclaración. Estas historias no están en la Escritura para que excusemos con ellas nuestro pecado: “Si estos hombres tan piadosos y santos cometieron esos pecados, ¿cuál es el problema de que yo los cometa también?”. No; solo una mente carnal, no regenerada toma la Escritura como una fuente de tropiezo. Esas historias están allí como una advertencia a nosotros de lo que puede sucedernos si nos descuidamos, y de las trágicas consecuencias que producirán esos descuidos en nuestras vidas y en las vidas de otros.

En vez de tomar esos textos como una excusa para pecar, la sabiduría nos mueve más bien a correr en la dirección opuesta al ver los terribles frutos que estos hombres cosecharon, a corto y a largo plazo. Todavía en la vida de Jacob, el nieto de Abraham, podemos ver algunos de los estragos de este patrón de conducta pecaminoso. Los hijos tienden a imitar a sus padres, y eso será una fuente de bendición o maldición para ellos. Ellos imitarán vuestros buenos y malos hábitos; y lo que es más trascendental aún, imitaran vuestras idiosincrasias. Si un niño crece en un hogar donde las cosas de Dios obviamente son tomadas en serio, es probable que el también las tome en serio.

Pero si crece en un hogar donde sus padres solo hablan del trabajo, de lo que desean tener, de lo que desean comprar; en un hogar donde la madre vive frustrada porque no tiene esto, y porque no tiene aquello; donde rara vez se ve al padre o a la madre con un buen libro en la mano; donde se escuchan criticas continuas de los demás, donde rara vez se escucha a los padres alabar a Dios y expresar su agradecimiento por las bendiciones recibidas; si ese es el clima en el que crece un niño, ese es e1 estilo de vida que muy probablemente imitará.Él está captando a través del ejemplo de sus padres un sistema de valores, una percepción de la vida. Y aunque le den una buena instrucción en el devocional familiar o en la iglesia, lo que está impregnando mayormente la mente y el corazón de ese niño es el ejemplo de sus padres.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

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