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Si somos salvos por gracia, ¿tenemos que hacer buenas obras y obedecer la Palabra de Dios?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018), editado por Collin Hansen. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Si somos salvos por gracia, ¿tenemos que hacer buenas obras y obedecer la Palabra de Dios?

Sí, porque Cristo, habiéndonos redimido por Su sangre, también nos renueva mediante Su Espíritu; para que nuestras vidas puedan mostrar amor y gratitud a Dios; para que seamos afirmados en nuestra fe por los frutos; y para que otros sean ganados para Cristo por nuestro comportamiento piadoso.

1 Pedro 2:9-12: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido. Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación” (NVI). 

Si la salvación es solo por gracia, solo por medio de la fe, solo en Cristo—si somos salvados y perdonados y aceptados por lo que Jesús hizo por nosotros, y no por nuestras buenas obras—¿hay aún lugar para las buenas obras y la obediencia en la vida cristiana? La Biblia nos da una enfática respuesta: sí. 

En la salvación, somos salvados no solo del castigo por el pecado, sino también del poder del pecado

Primero, hay lugar para las buenas obras porque, en la salvación, somos salvados no solo del castigo por el pecado, sino también del poder del pecado. En la salvación, a través de la obra de Jesucristo, no solo encontramos perdón sino que también encontramos transformación. Somos hechos nuevas criaturas en Jesucristo. Él nos libera del dominio del pecado en nuestra vida. Y, por tanto, la salvación por gracia no significa que el cambio o el crecimiento sean innecesarios en la vida cristiana. Significa que el cambio y el crecimiento ahora son posibles porque Dios está obrando en nosotros por medio de Su Espíritu Santo.

Así que ¿cuál es papel que juega la obediencia a la Palabra de Dios, la ley de Dios, en la vida cristiana? Gratitud, seguridad y testimonio.

En la vida cristiana, toda nuestra obediencia es un acto de gratitud a Dios por la gracia que Él nos ha mostrado en Jesucristo. Recuerda lo que Pablo dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (Ef. 2: 8-10, NVI). ¿Viste lo que Pablo dijo aquí? No dijo que fuimos salvados por buenas obras. De hecho, dijo claramente que no es el caso. Pero sí dijo que fuimos salvados para buenas obras. Así que el papel de las obras en la vida cristiana no es salvarnos. No son para lograr que Dios nos ame. Es para expresar nuestra gratitud a Dios por el amor que nos ha mostrado en Jesucristo y por la salvación que nos ha dado libremente en Jesucristo. Así que toda nuestra obediencia a la Palabra de Dios en la vida cristiana es un acto de gratitud.

Aunque somos salvos por gracia, somos salvos para vivir una vida de buenas obras y de obediencia

En segundo lugar, las buenas obras hechas en fe también nos dan seguridad. En su primera carta a los tesalonicenses, Pablo explica que él sabe que ellos son los escogidos de Dios (1Ts 1:3-5). Eso es asombroso. ¿Cómo sabrías tú quiénes son los escogidos de Dios? En el versículo 3, Pablo habla de las obras de fe de los tesalonicenses, de su trabajo de amor y de su constancia sostenida por la esperanza. Esencialmente está diciendo: “Veo la obra del Espíritu Santo en sus vidas y eso me hace saber que ustedes son hijos de Dios”. Y después explica cómo eso sirve para darles seguridad (v 5). Se nos da seguridad en la vida cristiana cuando vemos a Dios obrando en nosotros para transformarnos, y eso se expresa en nuestra obediencia a los mandamientos de Dios.

Una tercera forma en que la ley, las buenas obras y la obediencia obran en la vida cristiana se relaciona al área del testimonio. Cuando obedecemos la Palabra de Dios, cuando hacemos buenas obras, glorificamos a nuestro Padre celestial. Y le damos a aquellos que nos observan una razón para glorificar a nuestro Padre celestial. Pedro explica esto cuando nos dice que quiere que vivamos ejemplarmente frente al mundo para que nos observen y glorifiquen a nuestro Padre celestial, quien nos amó y nos salvó por gracia (1P 2:12).

Así que, aunque somos salvos por gracia, somos salvos para vivir una vida de buenas obras y de obediencia. No para que Dios nos ame, sino porque Dios nos ama y porque queremos ser como Su Hijo, quien dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar Su obra” (Jn 4:34, NVI).

Oración: Padre celestial, Tú nos has salvado del pecado. Permite que no continuemos en él como si fuéramos todavía sus esclavos. Tú nos has dado mandamientos que son la senda de la vida. Permítenos atesorar esos mandamientos. Que todos los que nos conozcan vean nuestras buenas obras y te glorifiquen por ellas. Amén.


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