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El día lunes 19 de julio, después de más de cuarenta días de larga y tensa espera, y a solo nueve días de celebrar doscientos años de nuestra independencia nacional, el Jurado Nacional de Elecciones de Perú finalmente proclamó como Presidente de la República, por un periodo de cinco años, al profesor Pedro Castillo Terrones.

La situación del país y esta proclamación presidencial me llevan a reflexionar como ciudadano de esta bella nación en la cual nací, pero sobre todo como ciudadano del Reino de los cielos, del cual soy parte por la gracia de Dios y la fe en Jesucristo. 

El panorama actual

Esta proclamación se realizó en medio de un clima de polarización política, una crisis de salud, un gran deterioro económico y una profunda incertidumbre con respecto al futuro que le espera, no solo al recién proclamado gobierno, sino a todo el país.

Estamos inmersos en una pandemia sanitaria, cuya administración ha sido catalogada por algunos como la peor en todo el mundo. La cifra de muertos por el COVID-19 ha sido de las más altas en el mundo, el proceso de vacunación ha sido lento y aún seguimos muy restringidos en nuestros movimientos. La inestabilidad política y la pandemia nos hundieron en una crisis económica que ocasiona un alza en los índices de pobreza y desempleo, provocando que todo lo avanzado en los últimos años se haya perdido en tan solo unos meses.

La crisis se extiende por la profunda división política del país. Los dos candidatos para la segunda vuelta presidencial obtuvieron 50,126% y 49,874% con solo 44,000 votos de diferencia en un país con más de 33 millones de habitantes.

El nuevo gobierno entra debilitado y sin una mayoría en el congreso que le permita asumir la dirección del país con la libertad y capacidad necesaria para poder gobernar. Lo hará en medio de un clima rodeado de denuncias, fraude y corrupción, de dudas con respecto a si el sesgo ideológico los llevará a ir en contra de la democracia o si establecerá un sistema económico que terminaría de hundir al país. Los poderes del Estado en los últimos años han sido muy cuestionados y acusados de corrupción, de seguir solo intereses particulares, y muchas de sus autoridades han sido denunciadas por falta de integridad.

Sin duda, Perú vive un clima de polarización y agitación nacional, al punto en que desde hace varias semanas es común escuchar noticias de enfrentamientos violentos entre grupos afines a ciertos grupos o partidos políticos; violencia desatada que buscaba ejercer justicia o defender un derecho con sus propias manos.

Este ambiente de desacuerdo y desunión nacional ha tenido un impacto en la Iglesia, la cual debe mantener sus ojos puestos en el Señor y ser congruente con su misión e identidad. Debemos orar para que la Iglesia y sus miembros no caigan en el error de enfrentar estas circunstancias más con pasiones mundanas que con convicciones basadas en el evangelio.

Cómo orar por Perú y la Iglesia

El apóstol Pablo nos exhorta a “que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador” (1 Ti 2:1-3).

Tomando como inspiración las palabras del apóstol, oremos:

  1. Por todos los peruanos sin distinción. El país está muy dividido en estos momentos, pero debemos recordar que somos una nación y estamos llamados a vivir en armonía. Ya hemos pasado por largos momentos de profunda división que nos causó mucho daño y dolor. Oremos por el bienestar del país.
  2. Por los peruanos que están asumiendo la autoridad del país. El presidente Pedro Castillo, la vicepresidenta, el futuro gabinete y el nuevo congreso deben ser cubiertos de oración. Pidamos que el Señor sea soberano sobre ellos y les conceda un fuerte sentido de justicia y sabiduría para gobernar por todos los peruanos.
  3. Con acción de gracias. Quizás esto sea difícil porque estamos en una crisis y no se avista en el panorama un mejor clima. Sin embargo, es la voluntad de Dios que demos gracias por todo, y eso incluye aun la situación actual. Si buscamos orar con gratitud, podremos descubrir la gracia y misericordia de Dios incluso en medio de lo que estamos atravesando como país.
  4. Para que los peruanos podamos vivir una vida tranquila y en paz. Esto es algo que le agrada al Señor y nosotros oraremos y actuaremos intencionalmente para que lo podamos disfrutar. Oremos para que se restablezca la calma y podamos vivir, trabajar, estudiar y servir al Señor con tranquilidad, prosperidad y en orden.
  5. Oremos por la Iglesia y sus miembros, para que reafirmen su identidad en el Reino de los Cielos y no se dejen llevar por las circunstancias. Que podamos dar testimonio como embajadores de Cristo, testigos del evangelio y siervos dispuestos a servir de acuerdo al ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Finalmente, que reconozcamos nuestra labor como agentes de reconciliación y no de división.

Invito a los cristianos peruanos a que vivamos estos tiempos con la expectativa de lo que Dios tenga para nuestra nación, para nuestras iglesias y para nuestras vidas. No dejemos que el temor y la incertidumbre nos gane, ni tampoco permitamos que el sentimiento de revancha o desesperanza tome territorio en nuestros corazones.

Pidamos al Señor que nos permita ver a nuestro país en paz y armonía nacional, sabiendo que lo único que puede hacer que este deseo sea una realidad es el evangelio que creemos, vivimos y testificamos.

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