Hace un tiempo vi en las noticias a un pastor que, en medio de uno de sus servicios congregacionales, invitó al escenario a un candidato a la presidencia de nuestro país y animó a los miembros de su iglesia a apoyarlo con su voto. El candidato firmó un documento, aparentemente asumiendo algún compromiso, y luego el pastor oró por él.
Fue una imagen impactante que me hizo pensar: ¿Cuál es el rol de un pastor durante la época electoral en su país? ¿Qué debería hacer en un tiempo de tensión política que despierta susceptibilidades?
Lo que no deberíamos hacer me parece más claro: no deberíamos ser partidarios. La prioridad es el cuidado pastoral y la edificación de la iglesia, no el respaldo a una candidatura, por más atractiva que parezca o por mayor afinidad que muestre con el pueblo evangélico.
Entonces, ¿qué debe hacer un pastor durante la época electoral?
Formar el discernimiento
La época electoral es un tiempo desafiante para cualquier iglesia. Corremos el riesgo de perder de vista nuestro enfoque principal: Cristo es el centro de la iglesia y de su misión. La iglesia no está llamada a promover candidaturas, sino a proclamar a Cristo, Señor sobre todas las cosas (Col 1:13-27).
Para los pastores, esto implica la tarea de instruir a la congregación para que tome decisiones con discernimiento y no movida por la emoción, la presión o el favoritismo.
Debemos advertir con claridad que el voto no debe estar guiado por las emociones. El corazón humano es engañoso y poco fiable (Jr 17:9). Por eso resulta preocupante ver a muchos cristianos dejarse arrastrar por el afecto, la ira, el miedo o el entusiasmo, hasta el punto de poner en riesgo sus relaciones personales e incluso dañar el testimonio de la iglesia.
Los pastores tienen la tarea de instruir a la congregación para que tome decisiones con discernimiento y por la emoción o el favoritismo
Además, durante la época electoral, debemos recordarle a nuestra iglesia que la mayoría no siempre tiene la razón ni posee automáticamente la verdad. Por lo tanto, no debemos dejarnos arrastrar por la opinión predominante. Las Escrituras ofrecen varios ejemplos que ayudan a formar este criterio:
- El pueblo de Israel se dejó llevar por el informe de diez espías y reaccionó sin fe a la promesa de Dios (Nm 13).
- Pablo advirtió sobre creyentes inmaduros que son arrastrados por todo viento de doctrina (Ef 4:14).
- Los atenienses buscaban constantemente novedades aunque no estuvieron dispuestos a escuchar la verdad divina (Hch 17).
En definitiva, necesitamos ayudar a nuestras congregaciones a votar con discernimiento: un voto que exprese temor y honra al Señor. Que no busque solo el interés personal, sino también el bien del prójimo, conforme al segundo gran mandamiento (Mt 22:37-40).
Nuestra tarea como pastores es enseñar a los miembros de nuestra iglesia a formar criterio antes de tomar partido
Nuestra tarea como pastores es enseñar a los miembros de nuestra iglesia a formar criterio antes de tomar partido; a evaluar con cuidado a los candidatos, su carácter, sus antecedentes, sus propuestas y la viabilidad real de sus promesas. Debemos animarlos a observar, preguntar, comparar, evaluar y considerar las posibles consecuencias de su decisión. Es necesario enseñar a actuar con buen juicio y sensatez, mirando no solo lo que está delante de los ojos, sino también el rumbo al que conduce cada elección.
Cultivar la prudencia
Las Escrituras muestran ejemplos de cómo el discernimiento acompañado de la prudencia puede librarnos de errores serios y ayudarnos en tiempos difíciles:
- José previó la hambruna en Egipto y se preparó con anticipación, evitando el sufrimiento de muchas personas (Gn 41:33-35).
- Abigail intervino con rapidez, humildad y sabiduría en un conflicto provocado por Nabal, y evitó una tragedia mayor (1 S 25).
- Nehemías, antes de reconstruir, observó el terreno y reunió información antes de actuar (Neh 2:11-16).
- El mismo Señor Jesús enseñó a evaluar los costos y las consecuencias antes de asumir compromisos (Lc 14:28).
Los pastores somos llamados a enseñar que el voto del cristiano no debe ser tomado a la ligera, sino que debe ser prudente. La prudencia y el discernimiento, que son expresiones de la sabiduría, no se obtienen de manera automática. El punto de partida de una vida sabia es el temor al Señor (Pr 1:7). Sin ese fundamento, la verdadera prudencia y el verdadero discernimiento son inalcanzables.
En ese sentido, el voto del creyente debe ser una decisión que honre al Señor y debe estar fundamentado en un corazón que tema y dependa del Señor (Jn 15:5). Como enseñó el apóstol Pablo, todo lo que hagamos debe hacerse para la gloria de Dios (1 Co 10:31), no para la gloria de un candidato ni para la nuestra.
Nuestra labor pastoral no consiste en mover el corazón de la congregación en favor de uno u otro candidato, sino en recordar que cualquier elección debe ser evaluada a la luz del carácter de Dios y Su voluntad revelada en Su Palabra.




