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El amor tiene un alto precio y el romance es arriesgado. Cuando caminamos guiados por el Espíritu y obedeciendo el consejo de Cristo, el riesgo es justificado y el precio vale la pena. Pero cuando seguimos los engaños de nuestras pasiones e ignoramos el camino de la sabiduría, abrazamos la necedad y ponemos en peligro nuestras almas.

Después de servir en el ministerio con adolescentes y universitarios durante casi una década, he visto a demasiadas parejas jóvenes jugar con fuego. Yo no soy la excepción; a pesar de la excelente formación que recibí de mis padres, de mi preferencia por el «cortejo» serio frente a la cultura frívola de las «citas amorosas» que me rodeaba, y de mi sincero deseo de mantener la pureza, yo también tropecé. En mis propios días de soltero, me acerqué demasiado a la impureza y chamusqué mi propia alma. Además, cuando me di cuenta de que tal o cual joven no era la esposa para mí, y de que era hora de apagar los fuegos del afecto, mis torpes intentos por controlar el daño a menudo hirieron los corazones de mis hermanas en Cristo.

Las relaciones de noviazgo pueden ser un juego peligroso. La búsqueda de un buen cónyuge es la búsqueda de un tesoro. Pero no debemos perseguir «lo bueno» (Pr 18:22) a costa de lo mejor (Lc 10:42, NVI). Por eso, permíteme ofrecerte tres advertencias para ayudarte a manejar las relaciones románticas en beneficio de tu alma.

1. Cuidado con el amor que despierta

La pastorcilla del Cantar de los Cantares da una solemne advertencia a las jóvenes doncellas de Jerusalén. La declaración enmarca el Cantar, subrayando su función didáctica en el libro:

Quiero que juren, oh, hijas de Jerusalén;
Que no despertarán ni levantarán a mi amor,
Hasta que quiera (Cnt 8:4; ver 2:7).

Espero que puedas sentir la mirada de la pastora que te observa a través de esas líneas. Si eres soltero (es decir, si aún no te has casado), estas palabras van dirigidas a ti. Ten cuidado de no despertar el amor antes de que sea el momento adecuado. Sé disciplinado para protegerte emocional, física y espiritualmente. «Porque fuerte como la muerte es el amor, / Inexorables como el Seol, los celos» (Cnt 8:6).

Piensa en los incendios que asolaron California a principios de 2025. Se advirtió al público de que, en las condiciones adecuadas, incluso tirar una colilla podría provocar la devastación. Del mismo modo, los actos de «amor» aparentemente inocentes pueden destrozar tu corazón y tu alma —o los de otra persona— si se expresan en el momento inadecuado o de la forma inadecuada.

Ten especial cuidado de no despertar el amor con el contacto físico. Cuando empecé a salir con la joven que ahora es mi esposa, le dije que no nos besaríamos hasta que estuviéramos comprometidos. Más tarde cambié esto a «hasta que nos casemos». Me alegro mucho de haberlo hecho. Ojalá hubiera hecho ese mismo compromiso en relaciones anteriores. Besarse románticamente es soplar sobre una brasa de afecto. Dentro del matrimonio, avivará las brasas y calentará el hogar. Fuera del matrimonio, será como el viento sobre un cigarrillo en la sequía de California.

La forma en que llevas a cabo tu relación de noviazgo hoy te está preparando para el tipo de cónyuge que serás mañana

Además, ten cuidado de no despertar el amor con tus promesas. Mide tus palabras. Esto va dirigido especialmente a los jóvenes, ya que las jovencitas a menudo no interpretan las cosas de la misma manera que los varones. Si un hombre joven oye a una muchacha decir «te amo», probablemente lo tomará como una expresión de emoción. Pero si una joven oye lo mismo, probablemente se sentirá tentada a interpretarlo como una declaración de intenciones, una promesa sobre el futuro. Cuando era joven, me comprometí a decir «te amo» (en el sentido romántico) solo a la mujer con la que me casara. Me alegro de haber cumplido ese compromiso. Cuando le dije a Brooke que la amaba, ella supo que estaba a punto de pedirle matrimonio (y así fue).

Joven, por el bien del corazón de tu novia, refrena el torrente de tus emociones. El hecho de que lo sientas no significa que tengas que decirlo. Si es necesario, escríbelo y guárdatelo. Si ella es la persona con la que vas a casarte, mejor: tendrás un regalo que ofrecerle el día de su compromiso. Si no es así, mejor: tendrás algo que quemar en tu despedida de soltero.

Por último, ten cuidado de no despertar el amor con tus prácticas espirituales. Entrelazar hábitos de gracia individuales durante el noviazgo puede llevar a la codependencia espiritual. No hagas que tus ritmos más básicos de discipulado cristiano dependan de la otra persona o se identifiquen con ella. Necesitas tener hábitos de oración, estudio de las Escrituras y adoración que se mantengan separados de tu interés romántico. Hombre joven, recuerda que no eres su líder espiritual hasta que te cases con ella. La mejor manera de apoyar su salud espiritual no es siendo su mentor o su compañero de rendición de cuentas, sino animándola a depender de Cristo y a buscar rendición de cuentas con mujeres espiritualmente maduras en su iglesia.

2. Ten cuidado con dar por sentado un pacto

¿Qué fue primero: el estado de relación en Facebook o las suposiciones de pacto que lo sustentan? La respuesta probablemente sea irrelevante, ya que la generación actual que sale en pareja no usa Facebook, pero es probable que des por sentadas las mismas cosas. Me hace sonreír cuando pregunto a un grupo de estudiantes universitarios cuántos de ellos están solteros, y los que están saliendo con alguien no levantan la mano. A menudo pregunto: «Ah, ¿entonces estás casado?».

Cuando hablamos de estar «en» o «fuera» de una relación, estamos tomando prestado un marco de pacto, aunque no nos demos cuenta. La implicación de un pacto es que hay ciertos términos que hemos acordado. Hay compromisos, expectativas, responsabilidades y, sí, derechos. Por eso algunos se enojaron cuando leyeron mi sugerencia de no besar a su novia. Quizá pienses que tienes derecho a su cuerpo, aunque sea solo a la parte más pequeña.

Pero aquí va una pregunta: ¿Qué tipo de relación es la relación de noviazgo? ¿Es una subcategoría del matrimonio o de la soltería? Creo que estarás de acuerdo en que se parece más a la soltería. Hasta que no te cases, no tienes derechos, responsabilidades ni privilegios fundamentalmente diferentes simplemente por el hecho de estar saliendo con alguien. No tienes derecho a exigirle su contacto físico, su afecto o sus planes para el futuro. Tu pareja puede ser importante para ti, pero su cuerpo sigue siendo ajeno, es decir, no es tuyo.

Lo que tienen juntos es la responsabilidad pactada de amar y servir, que es común a todos los que están unidos en Cristo. También comparten una pregunta de investigación: ¿Sería el matrimonio una elección acertada para nosotros? Esta pregunta pronto debería convertirse en una hipótesis (que podría ir acompañada de un cambio en el casillero de «relación»), que con el tiempo debería convertirse en una teoría y, finalmente, en un pacto. (No recomiendo las relaciones de noviazgo prolongadas ni los compromisos de boda alargados; ambos suelen dar por sentado un pacto que aún no existe).

3. Ten cuidado con el aislamiento 

Proverbios 18:1 dice: «El que vive aislado busca su propio deseo, / Contra todo consejo se encoleriza» (énfasis añadido). Por lo tanto, no salgas con alguien a puerta cerrada. Al leer el Cantar de los Cantares, te darás cuenta de que «otros» siguen apareciendo en la historia. Estos otros apoyan a la pareja, la animan y la ayudan a volver al buen camino durante los momentos difíciles del matrimonio. Estos «otros» sirven como responsables ante la pareja piadosa. Escúchame, cristiano: necesitas a otros en tu proceso de noviazgo.

Hoy en día tenemos una comprensión superficial de las obligaciones familiares. Creo que sería sabio que los padres, especialmente el padre de la mujer, se implicaran mucho en la relación de noviazgo de una pareja joven. Cuando el chico pida la bendición para casarse, su padre no debería tener que improvisar al disparar (metafóricamente o de cualquier otra forma) una respuesta. Un buen padre busca opciones piadosas y pone a prueba a quienes vienen a conocer a su hija. La joven pareja piadosa no se resiente por ello.

Al mismo tiempo, no todas las jovencitas tienen un padre que comprenda, acepte o sea competente para cumplir con sus obligaciones paternas de esta manera. En este caso, la joven pareja debe seguir buscando honrar a los padres de ella, pero en lo que respecta a la protección, la ayuda y el consejo, es posible que tengan que depender en mayor medida de su iglesia local. No hace mucho, una de las universitarias de nuestra iglesia nos dijo a mi esposa y a mí que, cada vez que un chico quiera salir con ella, le hará sentarse conmigo para una entrevista. No podría pedir un mayor honor (y ya he empezado a recopilar las preguntas que pienso hacerle).

Ya sea que vivamos o muramos, salgamos con alguien o nos casemos, Cristo sigue siendo la mejor parte. Disfruta de Él por encima de todo

Por lo tanto, involucra a otros cristianos sabios en tu proceso de noviazgo. Invita a padres y madres espirituales, y pregunta a algunos amigos de confianza si estarían dispuestos a asumir el don espiritual de ser el faro observador de la relación. Doy gracias a Dios por mi amigo y compañero de habitación, Michael, que me amó con el don de la presencia y la rendición de cuentas (¡aunque en esa época no siempre lo disfruté!).

Sé consciente de la mejor parte

Las exhortaciones que he ofrecido en este artículo son invitaciones a morir a ti mismo por tu propio bien y por el bien de la persona con la que sales. No se trata simplemente de un requisito para salir con alguien; es tu responsabilidad diaria una vez que te casas. La forma en que llevas a cabo tu relación de noviazgo hoy te está preparando para el tipo de cónyuge que serás mañana.

Cuando era soltero, me engañé a mí mismo. Pensaba que, si me mantenía virgen, y sobre todo si me casaba con una virgen, y ambos fuéramos cristianos comprometidos, entonces, una vez casados, ya no tendría que ejercer el autocontrol. Mi esposa colmaría todos mis deseos sexuales y me satisfaría por completo. En otras palabras, reprime tus pasiones hasta el matrimonio y luego (en palabras de Bárbol en la batalla de Isengard): «¡Libera el río!».

Bueno, noticia de última hora: nadie puede satisfacer todos tus deseos. Hay al menos cinco razones para ello.

  1. Eres pecador.
  2. Estás corrompido.
  3. Él/ella es pecador/a.
  4. Él/ella está corrompido/a.
  5. Hay otras cosas que hacer. (Esto aumenta en proporción al número de hijos que tengas).

La cuestión es la siguiente: incluso en un matrimonio sano que honra a Cristo, tendrás que lidiar con mucha ansiedad y frustración. Así que no tardes en aprender a morir a ti mismo y a estar satisfecho en el Señor. Ya sea que vivamos o muramos, salgamos con alguien o nos casemos, Cristo sigue siendo la mejor parte. Disfruta de Él por encima de todo, incluso mientras buscas Sus buenos dones. Si lo haces, no puedo prometerte que no habrá riesgos ni sacrificios en el noviazgo y el matrimonio, pero los riesgos serán los correctos y los sacrificios valdrán la pena.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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