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Mientras las mujeres en la iglesia aprenden y crecen juntas, siguiendo las instrucciones de Pablo a Tito de que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes “lo que es bueno” (Ti. 2:3), el llamado al evangelismo debe ser una parte crucial de las cosas buenas que se transmiten.  

El pueblo de Dios tiene el asombroso privilegio de transmitir las buenas nuevas de lo que Dios ha hecho por nosotros a través de la muerte de Cristo en nuestro nombre, y su resurrección de la tumba. Aunque es claramente la preocupación de toda la iglesia, tanto de hombres como de mujeres, el tema de compartir el evangelio es uno que las mujeres deben considerar seriamente juntas.

Déjame sugerir tres razones específicas de por qué.

1. Necesitamos un enfoque centrado en el evangelio.

Primero, las mujeres creyentes necesitan escuchar voces que nos llamen a un enfoque centrado en el evangelio, en lugar de centrarse en uno mismo, hacia el interior. Especialmente en contextos occidentales, donde muchos cristianos han vivido cómodamente durante mucho tiempo, a menudo hay una falta de pasión y claridad sobre la comunicación del evangelio a aquellos que no conocen a Cristo.

Regularmente encuentro una gran cantidad de pasión entre las mujeres debido a problemas personales, en medio de los desafíos de vidas relativamente acomodadas que nos pueden dejar estresados, perezosos, o preocupados por las apariencias físicas, o tentados por el entretenimiento impío disponible en todos lados.

A medida que nos esforzamos por estudiar la Palabra de Dios, podemos aspirar no solo a alimentarnos, sino también a alimentar a otros con la Palabra.

Es fácil para muchas de nosotras concentrarnos en preguntas orientadas hacia el interior, las cuales son importantes, pero pueden consumir nuestros pensamientos. Preguntas sobre la imagen propia, identidad, salud emocional, encontrar el trabajo correcto, y encontrar satisfacción en ese trabajo. Cuando nos dirigimos hacia asuntos y acciones sociales y, afortunadamente, cada vez más lo hacemos, la tentación es recurrir con pasión a las necesidades físicas y emocionales que mueven nuestros corazones.

¿Por qué es que no nos sentimos igualmente conmovidas, o incluso más movidas, a compartir las buenas nuevas de Jesús y cómo puede Él satisfacer las necesidades más grandes y eternas de cada ser humano necesitado?

2. Necesitamos modelos a seguir.

Segundo, hay grandes modelos a seguir que pueden enseñarnos bíblicamente y bien. Tanto hombres como mujeres comparten el llamado al evangelismo, pero las mujeres pueden de muchas maneras desempeñar un papel distinto y significativo en esta empresa familiar.

Una forma es ofreciendo modelos a la próxima generación, para ayudarles a imaginar cómo se ve en acción una mujer con corazón para compartir el evangelio; una mujer que simplemente sirve en los lugares donde Dios la pone, mostrando y compartiendo las buenas noticias de lo que Dios ha hecho para salvarnos a través de su Hijo.

Las mujeres que tienen un corazón para compartir el evangelio combinan una variedad de contextos, mezclando el hogar, el trabajo, la amistad, la hospitalidad, y el ministerio de la misericordia, en esa combinación a veces caótica que conforma la vida de muchas mujeres.

Ver a nuestro alrededor a mujeres que balancean múltiples participaciones nos puede estimular a percatarnos de esto: podemos compartir el evangelio en cualquier contexto de la vida; en una mesa de la cocina, en un podium frente a miles, o en un escritorio de oficina. Podemos ayudarnos a pensar creativamente sobre la posibilidad de llegar no solo a personas de todo el mundo, sino también a vecinos de la calle y personas de la ciudad.

No importa cuál sea nuestra participación, podemos estimularnos a aprender y compartir la Palabra que está en el corazón de nuestro testimonio continuo. A medida que nos esforzamos por estudiar cuidadosa y consistentemente la Palabra de Dios, podemos aspirar no solo a alimentarnos, sino también a alimentar a otros con la Palabra de verdad.

En cada contexto de la vida, los pensamientos y las palabras de una mujer con el corazón del evangelio están llenos de las Escrituras.

En cada contexto de la vida, los pensamientos y las palabras de una mujer que tiene un corazón para el evangelio están llenos de las Escrituras. Sus articulaciones de clara apologética del evangelio crecen desde la lógica y el flujo del Antiguo y Nuevo Testamento, con Jesús en el centro de la historia. Mientras nos animamos, llegamos a ver nuestro estudio de la Palabra no tanto como una comida privada de rutina, sino más bien como una mesa cada vez más grande, donde compartimos un banquete increíble.

3. Necesitamos captar la urgencia de las Buenas Nuevas.

Finalmente, las mujeres deben considerar profundamente el tema del evangelismo personal debido a la urgencia de enseñarnos unas a otras esta parte de “lo que es bueno”. La gran razón de todas las instrucciones la vemos en el párrafo que sigue inmediatamente a las instrucciones de Pablo a Tito con respecto a los diversos grupos dentro de la iglesia:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús. Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Si un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras”, Tito 2:11–13.

El énfasis en este pasaje es la obra redentora de Dios a través de Jesucristo, quien ha venido para “todas las personas”, y eso sucede en un cierto marco de tiempo, un marco de tiempo que culminará en la segunda venida del Señor Jesús a la tierra, en toda su gloria.

Lo que Pablo llama la “era presente” es el mismo período al que también se hace referencia en las Escrituras como los “últimos días” (Hch. 2:17; He. 1:2). Estos términos describen el tiempo en que vivimos ahora, el tiempo entre la primera y la segunda venida de Jesús.

Es momento de llevar la salvación a todas las naciones, mientras los creyentes difunden las Buenas Nuevas hasta el regreso de Jesús. De acuerdo con su claro mandato antes de abandonar la tierra, el llamado de los creyentes durante este tiempo es “ir… y hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que te he mandado” (Mt. 28:18-20).

Ese mandato fue dado a los discípulos de Jesús y se transmite a través de ellos a la iglesia, con sus predicadores, maestros, y evangelistas que guían a la iglesia para hacer y enseñar a los discípulos de cerca y de lejos. Esto debe alentar a las mujeres de la iglesia a sentir la urgencia de este llamado, al igual que las mujeres en la iglesia primitiva. Piensa en todas las compañeras en la obra mencionadas por Pablo: Febe, Priscila, María, Junias, Trifena y Trifosa, Pérsida, la madre de Rufo, Julia, y la hermana de Nereo (ver Romanos 16).

En las personas que disfrutan de todo el progreso económico y la iluminación tecnológica del siglo XXI, en lugar de la urgencia, puede haber incluso una ligera vergüenza sobre la simple verdad de que la Biblia ilumina el camino de la salvación a través de Jesús. Que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios que murió por nosotros, soportando nuestros pecados y sufriendo la ira de Dios en nuestro lugar, y que se levantó de la tumba, proporcionando vida eterna a todos los que creen en Él.

Esta es la noticia buena y relativamente simple que la Biblia enseña y que los cristianos comparten. Lo compartimos hoy en un momento en que la iglesia está creciendo rápidamente en todo el mundo, incluso en naciones que están políticamente “cerradas”, pero donde el Rey Jesús está trabajando a través de su gente y su Palabra. Son noticias urgentes, ya que la esperanza de la venida de Jesús se acerca cada vez más.

Todos necesitamos voces que nos llamen a un enfoque externo centrado en el evangelio. Necesitamos modelos fuertes llenos de la Palabra. Y necesitamos un sentido de urgencia de este mensaje, este mensaje que llama a las personas de la muerte a la vida a través del poder del evangelio. Este es el pan de vida que dura para siempre, y necesitamos compartirlo.


Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Patricia Namnún.
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