La presencia constante de Dios en medio de nuestro dolor

La presencia constante de Dios en medio de nuestro dolor

Aun en medio de lo cotidiano, el sufrimiento tocará nuestras puertas.

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de Destellos de gracia: Cómo atesorar el evangelio en tu hogar (Poiema Publicaciones, 2017), por Gloria Furman.

Todos llevamos algún tipo de carga, tal vez la pérdida de un amor o de un hijo, una amistad rota, o un hogar destruido. Todos cojeamos en nuestro caminar por la vida, y a veces el dolor es tan profundo que apenas podemos estar de pie.

Hace casi un año, unos amigos muy amados perdieron a su hijo de dos años de edad en un accidente de tránsito. No existe un momento en el que no seamos conscientes de su pérdida. Ellos añadirían que no existe un momento en el que el Señor no sea consciente de su dolor. La presencia constante de Dios es una gracia para sus corazones afligidos.

Dios es bueno todo el tiempo

Decimos: “Dios es bueno”, cuando nuestros hijos son obedientes, cuando no sentimos ningún dolor, o cuando la casa está en orden. Pero Dios es bueno por razones más profundas que nuestra experiencia de alivio temporal en medio de nuestras circunstancias.

Cuán rápido cambia nuestra perspectiva cuando nos enfrentamos a las dificultades. Hay un dicho que aprendí cuando estuve de visita en una iglesia en Kenia. Cuando alguien dice: “Dios es bueno”, todo el mundo responde: “Todo el tiempo”. Nosotros afirmamos el carácter de Dios y decimos que “Dios no cambia”.

Pero ¿cómo afecta el carácter inalterable de Dios la forma en que vemos la vida cotidiana? Si Dios no cambia, ¿cómo debemos responder cuando nuestras circunstancias cambian? Gozarse en el carácter inalterable de Dios es mucho más difícil cuando sientes que tu vida es una tormenta de arena girando a tu alrededor y no puedes ver hacia dónde ir, mucho menos algún rastro del camino.

Peticiones de oración atrevidas

Martín Lutero dijo: “A pesar de que nos duele cuando Él nos quita aquello que es suyo, para nosotros su buena voluntad debe ser un consuelo mayor que todos sus otros dones, pues Dios es infinitamente mejor que todos sus otros dones”.[1]

Cada vez que Dios obra, obra con justicia y gracia. Cuando le pides gracia a Dios, no te dará algo inferior a Él mismo.

Cuando Dios responde nuestras oraciones, siempre responderá de acuerdo a su voluntad para nuestras vidas, es decir, conforme a su voluntad de que seamos santificados (1 Ts. 4:3). Cada vez que Dios obra, obra con justicia y gracia. Cuando le pides gracia a Dios, ese Dios que es infinitamente mejor que todos sus dones no te dará algo inferior a Él mismo.

Es un Padre bueno que no le da piedras ni serpientes a sus hijos, sino el pan para sustentar sus vidas y darles gozo.

Dios no les da chupetes a sus hijos

Dios tampoco está acostumbrado a darle chupetes a sus hijos con tal de mantenerlos callados hasta que se olviden de lo que necesitan, y luego lo dejen en paz.

Por desgracia, a veces oramos y pensamos que Dios debería darnos el chupete que le hemos pedido. Sabemos que lo que estamos pidiendo es inferior a Dios, pero todavía lo queremos porque nos hará felices por un tiempo.

Oh, ¡cuántas veces he pedido chupetes! Estas oraciones suelen comenzar así: “Señor, si tan solo pudieras ____________ por mí, entonces todo estaría bien”. Tengo una idea de lo que quiero o necesito, y le paso la solicitud a Dios, en mi nombre. Las oraciones de ese tipo usualmente tienen que ver con mi comodidad y no con la gloria de Dios.

Si Dios le da a los hijos que tanto ama una solución insuficiente y temporal, sería contrario a su deseo de satisfacer nuestras almas eternamente.

Sé que puede parecer imposible que tu gozo esté puesto en la persona de Dios y no en las circunstancias, o incluso en los dones que Dios te ha dado. Sé que es difícil. Es por eso que necesitamos fe para poder hacerlo. Necesitamos fe para saber que Dios no se limita a “saber lo que es mejor para nosotras”, sino que Él es lo mejor para nosotras, independientemente  de cuáles sean nuestras circunstancias.

“‘Esta es la obra de Dios, que crean en Aquel a quien Él envió’, les respondió Jesús” (Jn. 6:29). Cuando creemos que Jesús nos provee todo lo que necesitamos para la vida y la piedad, podemos confesar con alivio y con lágrimas de gozo: “Porque todas las cosas proceden de Él, y existen por Él y para Él. ¡A Él sea la gloria por siempre! Amén” (Ro. 11:36).


1. Martín Lutero, citado en Luther: Letters of Spiritual Counsel [Lutero: Carta con consejos espirituales], trad. y ed. Theodore G. Tappert, (Vancouver, BC: Regent College, 2003), 54.

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