Los 3 pilares de una verdadera iglesia

De acuerdo a los diferentes lugares y culturas donde se plantaron las primeras iglesias, cada iglesia del Nuevo Testamento tuvo sus peculiaridades. La iglesia de Corinto por ejemplo no era igual a la de Éfeso, ni a la de Roma. De seguro que cada una variaba en detalles secundarios de importancia, como el tiempo de duración de la reunión, el tamaño del lugar de reunión, la cantidad de asistentes, o el formato. Las Epístolas también nos dejan claro que cada congregación necesitaba un énfasis de enseñanza en diferentes momentos de su vida. Pero lo que sí queda fuera de duda es que el Nuevo Testamento dicta el modelo de una iglesia verdadera.

La iglesia en la historia

La iglesia nunca fue el lugar de reunión, sino las personas que se reunían para estudiar, compartir, y adorar a Dios. Estas congregaciones primeramente se reunían en casas (ver, por ejemplo, Hch. 5:42; 20:20). Los cristianos sufrieron una tremenda persecución por parte de los judíos y de los romanos. El cristianismo era estrictamente prohibido y considerado como peligroso dentro del imperio romano. Los cristianos eran considerados ateos por no creer en el panteón de los dioses griegos. Amenazaban al Emperador al negarle servicio de culto y devoción. Por estas y más razones, la iglesia se reunió por siglos en secreto y en casas.

Luego, con el surgimiento del emperador Constantino en el siglo IV, las circunstancias cambiaron para los cristianos. La azotada y perseguida religión cristiana escaló de sus escondites para convertirse en la religión oficial del imperio. Con esto, todo cambió. Ya no se necesitaban casas para las reuniones, ahora los cristianos tenían grandes templos y lujosos edificios. El imperio y su imponente economía estaban detrás del desarrollo y expansión de la cristiandad.

Hoy en día, desde mi perspectiva, veo una tendencia a encasillar cómo debe ser la iglesia cristiana. Puede ser una extrema culturalización por parte nuestra, como también puede ser una eclesiología fundamentada no en la Biblia sino en la tradición. Hemos modelado y se nos ha modelado cómo debe de ser una iglesia. Pero, pregunto: ¿Según quién? ¿La cultura? ¿El mundo? ¿El modelo occidental? ¿Oriental? ¿O el Bíblico?

Tres pilares

Como respuesta a esto se han minimizado los lineamientos mínimos que el Nuevo Testamento marca para una iglesia verdadera. Ciertamente se pueden añadir muchas otras cosas a las que mencionaré, pero estas son el común denominador de la iglesia neo-testamentaria. Son pilares en los cuales se debe construir y sostener cualquier congregación bíblica.

Ya sea en una casa, en un palacio, debajo de una palmera, con o sin aire acondicionado, todas contaban con la presencia de al menos tres características vitales: se practicaban los dos sacramentos; se predicaba la Palabra de Dios de una manera sana y completa; eran lideradas por obispos hombres, y servida por diáconos y diaconisas (Hch. 4; 1 Ti. 3; Ti. 1).

1. La práctica de los sacramentos

A diferencia de la iglesia de Roma, quien practica siete sacramentos, la iglesia del Nuevo Testamento fue fiel en practicar únicamente dos sacramentos u ordenanzas: el bautismo y la cena del Señor. Ciertamente ambos tenían un significado importante dentro de las celebraciones y la adoración. La cena del Señor era tomada con el fin de recordar y celebrar lo que Jesús hizo por nosotros, y el nuevo pacto por su sangre mediante la fe (I Co. 11:23). La frecuencia y los utensilios variaron a través del tiempo, sin embargo su significado y presencia siempre fueron una señal de suma importancia en el cristianismo bíblico.

La iglesia era compuesta mayormente por personas creyentes en Jesús y bautizadas en su nombre. El bautismo ha sido una señal fundamental de la iglesia cristiana a través de la historia. Ciertamente su simbolismo y valor ha sido distorsionado por la iglesia romana, pero la Biblia es clara: el bautismo es un símbolo de la realidad espiritual de la muerte a la antigua vida, y el nacimiento hacia una nueva vida en Cristo (Ro. 6:4).

Ambos sacramentos son representaciones y celebraciones de realidades espirituales. Ninguno de los dos tiene poder adherido en cuanto a la salvación. En el Nuevo Testamento jamás fueron practicados con el fin de, por así decirlo, ganar puntos con Dios. La salvación de nuestra alma es por fe en Cristo Jesús y no por ninguna obra (Ef 2:8-9).

2. La sana y completa predicación de la Palabra de Dios

La predicación de la Palabra de Dios siempre ha sido central en la iglesia del Señor. Lo vemos en Jesús, proclamando sin cesar la palabra divina, pasando por Pablo, dando sus discursos y escribiendo sus cartas llenas de teología, doctrina, e historia.

La enseñanza y la exposición de la Palabra de Dios era central en la mente de los padres de la Iglesia, como en los reformadores y puritanos. De hecho, toda la ceremonia del culto giraba alrededor de la Palabra de Dios. Ellos creían fielmente que era el poder de Dios para salvar al mundo perdido.

En el Nuevo Testamento observamos que la teología de Pablo y de los apóstoles es una teología teocéntrica: centrada en Dios. Sus escritos y predicaciones buscaron siempre exaltar al Señor, darle gloria, adorarlo, y darlo a conocer. Nunca fue antropocéntrica, o sea, centrada en el hombre. La razón principal de sus sermones no gravitaba alrededor del hombre, sino alrededor de la gloria de Dios.

La Iglesia del Nuevo Testamento tenía una meta en común: Adorar a su salvador y darlo a conocer. El auge del antropocentrismo ha dado camino al sistema de predicación temática, donde a diferencia de la exposición, casi nunca se es fiel al significado y aplicación real del texto. La esposa del Cordero debe siempre buscar como alimento principal la Palabra de Dios.

3. El liderazgo de ancianos y diáconos.

Veo a la Iglesia del Nuevo Testamento liderada primeramente por doce apóstoles hombres, y en cada iglesia plantada Pablo comisionaba a obispos o ancianos para tomar el liderazgo. Varios términos griegos se usan en el Nuevo Testamento para hacer referencia al mismo oficio, el de los ancianos, obispos, o pastores. Su tarea era supervisar, dirigir, y cuidar el rebaño. Pablo en 1 Timoteo 3 y Tito 1 da instrucciones de las calificaciones de estos supervisores, y claramente Pablo se refiere a hombres. No existe la dirección en el Nuevo Testamento hacia ninguna mujer para tomar dicho rol dentro de la Iglesia.

La Iglesia siempre ha sido liderada y pastoreada por hombres llamados por Dios para dicha tarea. Es un cargo muy importante y de mucha responsabilidad. Ya sea que sean nombrados por otros ancianos o por la iglesia misma, éstos han sido el instrumento que Dios ha escogido para liderar su Iglesia.

Por otro lado vemos en Romanos 16:1 a Febe, diaconisa de la iglesia del Señor. La palabra diakonos tiene el significado de servidor. Tanto hombres como mujeres han sido servidores en la iglesia. Este es un cargo diferente al de los ancianos o pastores, en el cual no hay requerimiento de liderazgo ni autoridad sobre el rebaño, mas es igualmente un llamado de suma importancia y honor en la iglesia.

Cualquier iglesia ya establecida, o cualquiera que tenga en mente ser plantada, debería considerar seriamente en tener por lo menos estas tres cualidades bien claras y establecidas. Una mera reunión de personas cristianas no es una iglesia. Las personas se vuelven la iglesia del Señor cuando hacen lo que el Señor manda que hagan. Es necesario que tomemos con mucha seriedad los pilares anteriores en nuestra eclesiología, y no prestemos tanta atención a los elementos secundarios.

Bien lo dijo Juan Calvino: “Dondequiera encontremos que se predique y escuche la Palabra de Dios, y se administren los sacramentos de acuerdo a la institución de Cristo, ahí, sin lugar a dudas, hay una iglesia de Dios”.


Imagen: Lightstock. 
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