La voluntad de Dios para tu vida es más obvia de lo que piensas

¿Alguna vez te has preguntado cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Me atrevería a adivinar que todos nos hemos hecho esa pregunta en algún momento. Para la mayoría de nosotros, la pregunta surge en alguna decisión crítica: elegir un cónyuge o un trabajo, elegir a qué escuela asistir o qué casa comprar. Estos son los momentos en que tendemos a gritar: Señor, ¡muéstrame tu voluntad!

Cuando buscamos conocer la voluntad de Dios, a menudo sentimos tensión. En un sincero deseo de complacerlo, a veces podemos caminar con miedo de tomar una decisión equivocada sobre los detalles de nuestras vidas. Giramos en círculos, preguntándonos dónde quiere Dios que tomemos café, cuánto quiere que gastemos en comestibles, o si estaría feliz si fuéramos a Disney de vacaciones. Cada elección se convierte en una decisión paralizante: descubrir lo que Dios quiere o hacer una elección que podría arruinarlo todo. Para algunos, obsesionarse con los detalles de la vida los lleva a tomar decisiones de maneras claramente no bíblicas, llevando a cabo sus elecciones basadas en señales y coincidencias.

Otros se mueven hacia el extremo opuesto, pensando que a Dios realmente no le importan los detalles de nuestras vidas y que no tiene una “voluntad” para nada de lo que hacemos.

También podemos asumir que la voluntad de Dios se aplica solo a ciertos aspectos de la vida, como con quién nos casamos o qué trabajo tomamos; pero fuera de esas grandes cosas, básicamente podemos creer que controlamos los momentos de nuestros días.

Santiago dice que este tipo de actitud es arrogante y malvada (Stg. 4:16). En todas las cosas, debemos reconocer nuestra total dependencia del plan soberano de Dios, diciendo: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Stg. 4:15).

Pero ¿cómo podemos saber si el Señor ha querido algo o no?

Una voluntad, dos ángulos

Los teólogos hablan de la voluntad de Dios de dos maneras principales: su voluntad secreta y su voluntad revelada. Su voluntad secreta (a veces llamada su voluntad oculta o de decreto) se refiere a que Dios es soberano y gobierna meticulosamente sobre todos. Nada sucede fuera de su perfecta voluntad. Se llama “oculta” o “secreta” porque no conocemos su voluntad hasta que se cumple:

“Porque Yo soy Dios, y no hay otro;
Yo soy Dios, y no hay ninguno como Yo,
Que declaro el fin desde el principio,
Y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho.
Yo digo: ‘Mi propósito será establecido,
Y todo lo que quiero realizaré’”, Isaías 46:9-10.

Esta es la soberana, pero oculta, voluntad de Dios. Y nada la frustrará.

Por el contrario, la voluntad revelada de Dios es lo que nos ha dado a conocer en las Escrituras. Por ejemplo, sabemos que es la voluntad de Dios que amemos a nuestro prójimo, frenemos nuestras lenguas, actuemos con justicia, amemos la misericordia, y caminemos humildemente. Sabemos que es la voluntad de Dios que no matemos, robemos, engañemos, mintamos, calumniemos, chismeemos, ni nos jactemos. ¿Cómo lo sabemos? Porque nos lo ha dicho en su Palabra.

A menudo queremos conocer la voluntad oculta de Dios para el futuro, mientras caminamos en contra de su voluntad revelada en el presente.

Concéntrate en la voluntad revelada de Dios

Irónicamente, somos propensos a pasar por alto la voluntad revelada de Dios y a concentrarnos en su voluntad secreta. A menudo queremos conocer la voluntad oculta de Dios para el futuro, mientras caminamos en contra de su voluntad revelada en el presente.

En cambio, debemos estudiar diligentemente y tratar de comprender la voluntad revelada de Dios. Mientras nos sentamos bajo buena predicación y enseñanza, leyendo y estudiando y memorizando nuestras Biblias dentro de una comunidad de pacto, creceremos en nuestra capacidad de conocer la voluntad revelada de Dios. Y a medida que renovamos nuestras mentes, el Espíritu de Dios nos ayudará no solo a discernir la voluntad de Dios (Ro. 12: 2), sino que también la aplicará a las circunstancias y momentos de nuestros días.

Confía en la voluntad secreta de Dios

Si bien obedecemos la voluntad revelada de Dios, podemos confiar en la buena providencia de Dios: que a medida que se desarrolle su secreto, Él está obrando en todas las cosas para el bien de los que lo aman (Ro. 8:28). Independientemente de lo que nos depare el día, podemos confiar en que los detalles están diseñados por un Dios amoroso para el bien de nuestras almas.

Podemos confiar en la voluntad de Dios incluso durante las pruebas.

Ya sea que la decisión del momento implique elegir un cónyuge o elegir un piso nuevo, podemos confiar en que nuestro Dios soberano ordenará nuestras vidas para su gloria y nuestro bien. Hoy y todos los días, la verdad es clara: “Porque esta es la voluntad de Dios, su santificación” (1 Ts. 4:3).

Esto significa que podemos confiar en la voluntad de Dios incluso durante las pruebas. A veces pensamos que el sufrimiento no puede ser la voluntad del Señor. Pero olvidamos que nuestra salvación se ganó cuando Jesús se sometió por completo a la voluntad de Dios en el momento de su mayor sufrimiento.

Después de vivir en perfecta obediencia a la voluntad revelada de Dios, Jesús, la noche antes de su crucifixión, le preguntó a su Padre tres veces si había alguna otra forma de lograr el plan que Dios tenía de salvar a un pueblo para sí mismo. Todo dependía de cómo Jesús respondería a la perfecta voluntad de Dios. Y, ¡gloria y alabanzas sean a Cristo!, se sometió diciendo: “Hágase Tu voluntad” (Mt. 26:42).

Por lo tanto, busca conocer la voluntad revelada de Dios. Sé diligente en obedecerla. Camina en santidad, busca la santificación, ama a tu prójimo, sé generoso con tus recursos, refrena tu lengua, y adora a Dios. Confía en que Dios, en su providencia, está obrando en todas las cosas juntas para tu bien, y recuerda que lo que está actualmente oculto algún día se revelará en gloria.

Y mientras esperas con firme esperanza ese día, agradece al Señor que su voluntad siempre es buena.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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