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El coronavirus vino a remover algunos cimientos tradicionales de nuestras iglesias.

Me refiero a que nuestras metodologías ministeriales actuales parecen insuficientes para afrontar las consecuencias de esta pandemia: suspensión de cultos, reuniones familiares, grupos pequeño, etc. Esta realidad genera dudas sobre cómo obedecer a Dios y tomar las medidas necesarias para no propagar el coronavirus.

Los líderes y pastores tienen que evaluar sus métodos ministeriales frente a esto. Al mismo tiempo, deben buscar soluciones innovadoras en medio de la pandemia.

El desafío principal

Si no fuese por esta crisis, pensaríamos que el concepto “distanciamiento social” resulta egocéntrico y antibíblico. Sin embargo, en estos momentos “distanciarme” es el mayor acto de amor que podría hacer por mi prójimo. Como escuché en una llamada a mi agencia misionera: “El distanciamiento existe para aislar al virus, no a las personas”.

Aunque muchas voces ofrecen versiones de “iglesia en línea” desde mucho antes del coronavirus, la naturaleza de la iglesia demanda el contacto social, ya que es difícil cumplir con los mandatos “los unos a los otros” por medio de una pantalla.

Por tanto, es imperativo que pensemos clara y creativamente sobre nuestra responsabilidad eclesiástica en medio del coronavirus. Analicemos tres preguntas claves para este tiempo:

1. ¿Cómo nos congregaremos?

La Biblia nos llama a no dejar de congregarnos (Heb. 10:24-25). Sin embargo, nos encontramos en un momento donde ya es prohibida toda reunión pública en varios países. ¿Cómo podemos proceder? Todavía tenemos varias opciones.

Transmisión en vivo

La tecnología nos brinda la oportunidad de transmitir en vivo la predicación de la Biblia los domingos y llenar los hogares de la Palabra. Cualquiera con un teléfono inteligente y una conexión a Internet puede hacer una transmisión por medio de las redes sociales desde cualquier lugar. Aprovechemos este recurso para honrar a Dios.

Estamos frente a una oportunidad para que todos los creyentes ejerzan sus dones

Liturgia familiar

Esta crisis enfatiza el rol que tenemos en la formación espiritual de nuestra familia. En la medida en que la iglesia ha profesionalizado sus programas, menos padres asumen el rol de formadores espirituales y dejan a sus hijos bajo la responsabilidad de la escuela dominical. Este es un excelente momento para volver a cultivar las devociones familiares.

Videollamadas

Las iglesias pequeñas podrían aprovechar plataformas digitales para hacer videollamadas y estudios bíblicos desde casa.

Con una cuenta en Zoom, por ejemplo, puedes tener una llamada de 40 minutos con hasta 100 personas. También puedes pagar por una suscripción que te permite más tiempo de llamada con más participantes.

Para grupos menores de 10 personas con cuentas en Google, se podría usar Google Hangouts. Si tienen una cuenta corporativa, pueden usar Google Meet, que permite hasta 25 personas. Considera también la opción que presenta Google Classroom. Estas son solo algunas de las herramientas que podemos usar.

2. ¿Cómo nos cuidaremos entre nosotros?

En días como estos, cuando estamos distanciados por la cuarentena, debemos pensar cómo nos cuidaremos mutuamente, tanto en lo espiritual como en lo material.

El cuidado espiritual en la iglesia

En este tiempo habrán retos particulares en el caminar de la gente con Dios. En casa muchos serán más propensos a la haraganería o quedarán más expuestos a la tentación. ¿Cómo deben actuar los pastores y miembros de la iglesia en esta situación?

a) La labor del pastor

Richard Baxter, en su famoso libro El pastor reformado cita al Directorio de la Asamblea de Westminster que dice: “La obligación del ministro no es tan solo enseñar públicamente a la gente que está bajo su cargo, sino también [hacerlo] privadamente; y particularmente en amonestar, exhortar, reprender, y consolarlos, en toda ocasión apropiada, según su tiempo, fuerza, y seguridad personal se lo permita”.

Estas palabras nos recuerdan que nuestro deber pastoral sigue durante la pandemia. Este es un excelente momento, pastor, para llamar a cada familia miembro de tu iglesia. Podrías tomar notas de qué peticiones tienen, si están en una situación vulnerable, cuáles son sus necesidades materiales, o cómo está su relación con Dios en esta hora.

No podemos encerrarnos en nuestra burbuja evangélica y dejar de preocuparnos por nuestro prójimo

b) La labor de los miembros de la iglesia

Estamos frente a una oportunidad para que todos los creyentes ejerzan sus dones. Efesios 4:16 nos recuerda que la iglesia crece “conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro”. La tarea del cuidado pastoral no es solo de los pastores, sino de todos los miembros. Todos nos cuidamos, nos animamos, nos exhortamos.

De eso se tratan los versículos del Nuevo Testamento que nos llaman a servirnos “los unos a los otros”. Debemos animar a nuestros líderes, diáconos, y miembros a que tomen la iniciativa de ejercer sus dones para el bienestar del cuerpo de Cristo.

Es posible que esta crisis ayude a la iglesia a derribar el clericalismo, donde solo dependemos de los ministros “profesionales”. Toda la iglesia es responsable por toda la iglesia. Ahora tenemos una oportunidad clara de practicarlo.

El cuidado material en la iglesia

Este momento será difícil económicamente para muchas familias dentro y fuera de nuestras iglesias. Debemos ayudar al necesitado, especialmente al creyente (Gá. 6:10). ¿Cómo estarás al tanto de las necesidades materiales en tu congregación?

Aquí tienes una idea: en nuestra iglesia enviamos una encuesta a todos los miembros para saber cómo se encuentran. Así buscamos asegurarnos de estar pendientes de los más vulnerables. Es importante que el cuerpo de Cristo cuide de sus miembros.

3. ¿Cómo mantener el enfoque en la misión?

No podemos encerrarnos en nuestra burbuja evangélica y dejar de preocuparnos por nuestro prójimo. Esta es una oportunidad para que nuestra luz brille por medio de buenas obras como una ciudad situada sobre un monte (Mt. 5:16).

El hecho de que no podamos reunirnos los domingos no significa que la actividad de la iglesia está en pausa

Tenemos que ser creativos y ver cómo seguir haciendo discípulos en una situación de distanciamiento social. Quizá, si aún no se ha declarado la cuarentena en tu país, puedas caminar por tu vecindario y orar por las familias que te rodean, o dejarles notas bíblicas y enviarles mensajes donde les dices que estás orando por ellos.

El coronavirus también vino para exponer nuestro egocentrismo. Muchos de nosotros vivimos con más de lo que necesitamos. Tener en abundancia no es malo en sí mismo, pero para el cristiano es una oportunidad para compartir también en abundancia. Quizá tendremos que ver cómo compartir con otros de lo que hemos comprado, o aún ayudar a otros a hacer sus compras en el supermercado.

Al mismo tiempo, el coronavirus nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo nuestras acciones impactan a nuestro prójimo? Esta pregunta es válida en todo momento de nuestra vida, y en momentos como estos debe evidenciarse que somos llamados a ser ministros de reconciliación. ¿Estamos dispuesto a innovar para mantener nuestro corazón inclinado hacia nuestro prójimo y sus necesidades?

Conclusión

El hecho de que no podamos reunirnos los domingos no significa que la actividad de la iglesia está en pausa. Al contrario, la historia de la iglesia demuestra cómo ella siempre asume retos grandes en días de crisis. Como A. W. Tozer resumió bien: “Un mundo lleno de temor necesita una iglesia valiente. Iglesia, el mundo está observando. ¿Qué haremos?”.

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