¿Cómo podemos ayudar a otros cristianos a crecer en su fe?
En medio de una abundante oferta de estrategias y recursos, lo que la Biblia responde puede resumirse en hacer discípulos y enseñarles a guardar las palabras de Jesús (Mt 28:19-20). Se trata de un modelo enfocado en la Palabra de Dios y en el corazón de las personas. El apóstol Pablo describió su ministerio en esos términos: «Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedes nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa, testificando solemnemente… del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo» (Hch 20:20-21).
En ese sentido, la práctica de leer la Biblia «uno a uno» resulta ser una excelente manera de hacer discípulos. Me refiero a la sencilla actividad de sentarse a leer una porción o un libro completo de la Biblia con otra persona, ya sea para explicarle el evangelio por primera vez o para ayudarle a crecer en su fe (puedes aprender más sobre el tema en esta reseña). Considero que esta práctica trae enormes beneficios en el ministerio, si aprendemos a hacerlo de manera adecuada.
A partir de mis experiencias leyendo la Biblia con otras personas durante varios años, unas veces como aprendiz y otras como maestro, quisiera reflexionar sobre dos errores comunes que debemos evitar para que la lectura uno a uno resulte provechosa.
El error de crear lectores dependientes
Es muy probable que la persona con quien leamos la Biblia necesite, en alguna medida, aprender o refrescar cuestiones básicas de la lectura. La triste realidad es que, en América Latina, la educación sufre de muchas falencias.
En el caso de Argentina, país donde vivo, un informe reveló que el 52 % de los estudiantes que terminan el nivel secundario no han adquirido suficientes habilidades para comprender un texto. El resto de países de la región obtuvieron resultados similares. En este contexto, sentarnos a leer la Biblia uno a uno significa que tendremos que enfrentar desafíos relacionados con la comprensión lectora.
Enseñarle a otros a guardar los mandamientos de Jesús implica enseñarles a que puedan hacerlo sin depender constantemente de nosotros
Es aquí donde nuestra intervención puede ser de ayuda o no. Podemos desarrollar creyentes que sean buenos lectores de la Palabra o podemos desarrollar creyentes dependientes de quien les enseña.
Imagina que estás leyendo la Biblia con alguien que no logra entender el texto. Entonces, al notar su dificultad, le dices: «Bueno, mira, el texto significa esto…» o algo por estilo. El problema de intervenir de esta manera es que no ayudamos a la persona a procesar y reflexionar en lo que lee. No le estamos dando la oportunidad de que mejore su lectura, solo estamos fomentando un lector dependiente de nosotros.
Para ayudar a otros a entender mejor la Escritura, podemos utilizar, por ejemplo, el recurso de las preguntas. Antes de encontrarse para leer juntos, piensa en algunas preguntas que sirvan de guía y sean útiles para arribar a conclusiones adecuadas. Existen muchas estrategias para ser un mejor lector que puedes aprender y compartir. También debes dar espacio y oportunidad para equivocarse y volver a intentarlo. En todo el proceso, sé amable y muestra que valoras su compromiso por aprender. Cuando las personas se esfuerzan por entender el texto bíblico, suelen fijar los conocimientos mucho mejor que si solo les diésemos las respuestas sin mayor esfuerzo de su parte.
Entonces, ¿qué quieres lograr? ¿Un discípulo de Jesús, dependiente de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo? ¿O alguien que dependa constantemente de ti para entender su Biblia? La respuesta a esta pregunta, según la gran comisión, debería ser la primera, pues enseñarle a otros a guardar los mandamientos de Jesús implica enseñarles a que puedan hacerlo sin depender constantemente de nosotros. No debemos buscar solo «respuestas correctas», sino que aprendan a captar y atesorar el sentido de la Biblia, en dependencia del Espíritu, aún cuando no estamos físicamente presentes con ellos (cp. Fil 2:12).
Con esto no estoy tratando de fomentar cristianos autónomos de la iglesia, pues necesitamos de ella para nuestro crecimiento espiritual. Más bien, lo que debemos buscar es animar a todo creyente a tener un compromiso personal con la Palabra de Dios.
El error de caer en una lectura ansiosa
Otro error frecuente que cometemos al leer la Biblia con otra persona consiste en lo que llamo «lectura ansiosa», aquella que no respeta el desarrollo del libro. Quisiera explicar con un ejemplo a qué me refiero.
Lo mejor que podemos hacer, al leer la Biblia con otro, es seguir el ritmo del autor, pues respetar el orden del libro significa respetar el argumento del libro
Hace un tiempo atrás comenzamos a leer el Evangelio de Marcos en el grupo de adolescentes de nuestra iglesia local. En el primer encuentro, aprendimos lo que Marcos quiere enseñar con sus primeros párrafos: Jesús es el Mesías, el Rey prometido. Los chicos se fueron a sus casas sabiendo esta verdad, pero sin conocer todos los detalles. ¿Qué clase de Rey es Jesús? ¿Cuál fue Su principal propósito al venir a este mundo? Estas y muchas otras preguntas son válidas y el Evangelio de Marcos las responde, pero no encontraremos todas las respuestas en los primeros párrafos. Nuestra tarea es seguir el ritmo del autor y ofrecer el alimento bíblico un bocado a la vez.
La lectura ansiosa puede lucir de diferentes formas. A veces queremos que las personas entiendan todas las pistas que hay en el texto o que capten la idea principal con una sola lectura. Otras veces puede suceder que el texto deja algunos cabos sueltos con la intención de resolverlos en capítulos siguientes, pero en nuestro apuro vamos saltando por el relato, dejándole una imagen mental confusa a nuestro compañero de lectura. En otras ocasiones, y esto me acontece mucho, pensamos que el texto que leímos no es demasiado relevante, y entonces tratamos de forzar una conexión con otro pasaje que nos viene a la mente. Nos cuesta quedarnos con la verdad de la porción que acabamos de leer y reflexionar en ella hasta que haga mella en nuestro corazón, en vez de adelantarnos hasta las partes que nos parecen más relevantes.
Lo mejor que podemos hacer, al leer la Biblia con otro, es seguir el ritmo del autor, pues respetar el orden del libro significa respetar el argumento del libro. Por ejemplo, Dios quiere —y Pablo también— que antes de escuchar sobre la justificación por fe (Ro 3), escuchemos sobre la depravación humana (Ro 1 – 2). Esto no quiere decir que no existan otras formas de abordar la Biblia que también sean útiles, pero un creyente que quiere entender el mensaje de la Biblia debe confiar en cómo Dios la dispuso.
La actividad de leer la Biblia con otra persona propicia un crecimiento duradero y exalta la suficiencia de la Palabra de Dios
Además, debemos considerar que el cambio en las personas lleva tiempo. En un mundo acelerado y acostumbrado a soluciones rápidas, nos cuesta mucho aceptar que llevará varios encuentros hasta que una persona entienda una verdad bíblica y la aplique a su vida. Debemos recordar que estamos corriendo una carrera que demanda paciencia (Heb 12:1). Por lo tanto, para lograr una lectura provechosa de la Biblia con otra persona, no debemos apresurarnos en llenarla de información ni pretender ver cambios de la noche a la mañana. Más bien, esforcémonos por mostrarle con claridad una verdad a la vez y ayudémosle a que aplique esa verdad a su corazón.
En el mundo cristiano, el crecimiento de las iglesias se mide de maneras tan diversas y cada tanto aparece una nueva estrategia de «éxito ministerial». Pero la sencilla actividad de leer la Biblia con otra persona propicia un crecimiento duradero y exalta la suficiencia de la Palabra de Dios. Si nos esforzamos en ayudar a más creyentes a que aprendan a leer sus Biblias para sacarle el máximo provecho y atesorar las palabras de Jesús, estaremos cumpliendo con la gran comisión que nuestro Señor nos encomendó. Dejemos que la Palabra de Dios corra y transforme el corazón y la vida de las personas.




