El evangelio nos define

Hace unos meses celebré mi cumpleaños número 40. Con la llegada de esta edad tan temida por tantos llega una pequeña crisis de identidad. Con 40 años de edad y 8 años de ministerio, me hago la pregunta: ¿soy un pastor joven o un pastor maduro? Aquellos que me conocen saben que me gusta vestir casual, hacer muchas bromas y correr, lo que me ayuda a proyectar una imagen juvenil. Pero la realidad es que los años me están alcanzando, y debo de abrazar la idea de que mi identidad es una de un pastor maduro.

Para los creyentes es importante saber cuál es nuestra identidad. Es esencial que nuestra identidad esté basada en aquello que es de mayor importancia, porque de lo contrario elevaremos aspectos importantes de la vida cristiana por encima de aquello que es de mayor importancia. Siempre tenemos que luchar para que Cristo y su evangelio sean aquello que defina nuestra vida y defina nuestra iglesia. Aquí tenemos que aprender del apóstol Pablo:

“Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado” 1 Corintios 2:2.

“Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” 1 Corintios 15:1-3.

Vemos que Pablo centra su ministerio en el evangelio. No desea conocer nada más que a Cristo. Le da el primer lugar a aquello que era de mayor importancia.  La identidad de Pablo era el evangelio. Nuestra identidad y la de nuestras iglesias debe de ser el evangelio.

Evangelio ≠ Teología Reformada

Con esto llego a mi punto. Yo soy esencialmente Reformado, y creo que las doctrinas de la gracia son bíblicas y son doctrinas que protegen a la iglesia. Para ponerlo en forma más clara, soy Calvinista (aunque no me gusta el uso de este término y pienso que a Calvino no le hubiera gustado) y creo en los 5 puntos fundamentales de este sistema teológico. Estoy convencido de que esto es lo que enseña la Biblia. Habiendo dicho esto, la doctrina reformada protege a mi iglesia, no la define. El evangelio define a la iglesia. 

Con la llegada del renacer del movimiento reformado en los últimos 10 años ha nacido una pasión y un anhelo por ver la sana doctrina de las Escrituras siendo predicada en iglesia locales. Amo cómo es cada vez más común ver jóvenes pastores deseando predicar todo el consejo de Dios, centrados en el evangelio. De lo que debemos cuidarnos es de que nuestra pasión por un sistema teológico no sea mayor que nuestra pasión por Cristo y su evangelio.  

Yo predico expositivamente y en cada prédica me aseguro de que el evangelio salga a relucir en el pasaje que voy a predicar. El evangelio permea todo pasaje de la Biblia. En una ocasión, un pastor joven me comentó que en su pasión por los 5 puntos calvinistas, él los predicaba en cada sermón. Yo le comenté que yo predicaba el tema central de cada pasaje y que no trataba de forzar aspectos de teología sistemática en sermones. Esto es lo que significa que el evangelio nos define. El evangelio puede permear cada sermón, no así los 5 puntos.

Unidad en lo principal

En ocasiones veo a pastores jóvenes atacando posiciones teológicas que han sido aceptadas en la historia de la iglesia como ortodoxas, como si quienes creen estas posiciones no son hermanos en la fe. En especial estoy hablando de hermanos que creen en la soteriología Arminiana. Los Arminianos no son los enemigos de los Reformados. Ambos podemos estar centrados en el evangelio y tener diferencias en el nivel soteriológico. Entiendo la pasión de muchos en este tema. Yo creo profundamente que el ala Reformada es la teología más bíblica. Y eso no significa que estaremos trabajando juntos o colaborando todo el tiempo. Pero quisiera seguir el ejemplo de John Wesley y George Whitefield, que aunque diferenciaban en estas doctrinas y en ocasiones debatieron las mismas, pudieron tener una larga amistad. En una ocasión se le preguntó a Whitefield si iba a ver a Wesley en el cielo. Whitefield respondió “me temo que no, él estará tan cerca del trono eterno y yo tan distante que no podré verlo”.

Otro aspecto que muchas veces veo que está ausente en el mundo reformado joven es la predicación de la obediencia en nuestras vidas. Cuando un reformado me dice que no necesita predicar obediencia porque eso es legalismo, mi primera pregunta es “¿qué haces con todos los llamados de las Escrituras a obedecer?”. Pero luego le pregunto, “¿has leído los Institutos de Calvino?”. Pienso que un verdadero reformado debe leer este trabajo. Cuando uno lee los Institutos, se da cuenta que el énfasis de Calvino es el de aplicar la gracia en la vida para que vivamos vidas que reflejan el evangelio. Es cierto que en nuestros contextos hay mucho de legalismo, pero eso no nos debe llevar a huir de predicar todo el consejo de Dios. Cuando estamos centrados en el evangelio en la gracia, esto debe llevar a vidas de obediencia. No de perfección, pero sí de santidad. Y esto es parte del llamado del evangelio.

Resumiendo, soy Reformado y amo las doctrinas de la gracia. Pero estas doctrinas no me definen. Ellas me protegen de irme al error, pero lo único que me define es el evangelio. Yo creo que la doctrina reformada me ayuda a preservar el evangelio puro, pero al final no es el evangelio. Mi pasión es el trabajo completo de Cristo en su Encarnación, Vida Perfecta, Muerte, Resurrección, Ascensión y Promesa de Regresar. Y que este trabajo completo de Cristo trae salvación al que cree en Él y se arrepiente. Eso define mi iglesia y eso define mi vida. Es mi oración que sea el evangelio lo que defina nuestras vidas y cómo nos relacionamos con aquellos hermanos que están definidos por el evangelio pero con quienes diferimos en temas secundarios. 

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