5 razones por las que soy un cristiano reformado

No cabe duda de que, tanto dentro como fuera de los círculos cristianos evangélicos, el término “reformado” es uno malentendido que sigue dando lugar a dudas, interrogantes, confusión, ¡y no pocas representaciones falsas! Una de las preguntas más frecuentes que me han hecho es: “¿Qué significa, en el nombre de una iglesia, la palabra ‘Reformada’?”.

Hay más de una manera de responder a esta pregunta:

  • Definir el término “reformado” a partir de la Reforma del siglo XVI.
  • Decir que ser reformado es ser “calvinista” (aunque esto suele crear más preguntas de las que contesta).
  • Definir ser reformado como suscribirse a “los cinco puntos del calvinismo” y alguna de las grandes confesiones de fe reformadas.
  • Decir que ser reformado es tener un concepto muy alto de Dios como Rey soberano, es dejar que Dios sea Dios, es darle a Dios el lugar y la gloria que le corresponden, es no permitir que el ser humano desplace a Dios en el centro del escenario del universo, es insistir que la gloria de Dios y no la felicidad del hombre es lo que más importa, es buscar glorificar y honrar a Dios en todas las áreas de la vida y de la vida de la iglesia, etc.

Pero ¿por qué ser reformado? Quisiera dar varias razones.

1. Porque es verdad

En estos tiempos posmodernos en los que lo que prima es lo que se siente, hay que decir en voz alta que si algo no es verdad, no vale para nada. Si no es verdad, no me interesa. Si yo creyese que el cristianismo no es verdad, no sería cristiano, aunque el serlo me hiciera sentirme muy feliz.

Pues es lo mismo con el ser reformado. Yo no era reformado. Era, de forma inconsciente pero muy clara, antireformado. Me sabía todos los argumentos en contra de las ideas reformadas, aunque fuera sin haber oído jamás la palabra “reformado”. Pero al seguir leyendo, escuchando, estudiando, y orando, llegué a conocer, a entender, y a creer “las doctrinas de la gracia”. Y no sin cierta lucha me postré ante el Dios soberano con lágrimas de gozo. No pude resistir lo que me parecía clarísimamente la pura verdad de la Palabra de Dios. Decidí someter mi falta de entendimiento, mi resistente voluntad, y mi vida a partir de entonces, a lo que vi que decía y enseñaba Dios en su Palabra.

2. Porque exalta a Dios

Una manera de entender la Biblia que humilla al hombre y exalta a Dios me parece irresistiblemente convincente.

Una manera de entender la Biblia que humilla al hombre y exalta a Dios me parece irresistiblemente convincente. No es eso lo que el hombre por sí solo habría diseñado; ¡es algo antinatural! Para mí, la manera reformada de entender la teología bíblica hace eso: humilla al hombre y exalta a Dios. Afirma de forma innegociable la soberanía absoluta de Dios en todo: en la creación, en la providencia, en la salvación, en la consumación, en todo.

Y cuando el hombre, a fin de cuentas solo un orgulloso trozo de barro, se atreve a dirigir sus mejores argumentos contra el divino Alfarero, se encuentra respuestas tan poco satisfactorias como incontestables: “Dios lo hizo así porque quiso, y punto” (Ef. 1:5); “Dios lo hizo así para su propia gloria” (Is. 43:7); y “¿Quién eres tú para que alterques con Dios?” (Ro. 9:20).

3. Porque exalta a Cristo

Hay dos maneras en que se predica el evangelio: una de ellas pretende decirnos que el Hijo de Dios encarnado no salvó a nadie, solo hizo posible la salvación de todo el mundo y derramó su sangre por los millones de condenados al infierno. ¡Poco consiguió su sangre en el caso de ellos! Y presentan a un pobre Jesús que hizo todo lo que pudo, pero que, vamos, el factor determinante no está en sus manos, sino en las de cada muerto espiritual.

Y la otra manera de predicar el evangelio es presentando a un Cristo que realmente vino para salvar y salvó, un Cristo no impotente sino todopoderoso, abriendo, vivificando, transformando el duro corazón humano. A mí me parece que esta segunda manera de enfocarlo exalta más al Señor Jesucristo, además de que está claro en la Escritura.

4. Porque satisface

Estoy seguro de que un marco bíblico-teológico sin problemas y que satisfaga plenamente no existe, ni va a existir a este lado de la gloria. Y creo que todo el mundo sabe que en la Biblia hay aparentes contradicciones, diferencias de perspectiva y de énfasis, y tensiones entre dos o más principios que parecen casi incompatibles. Pero en mi experiencia, el marco reformado es el que menos problemas tiene o crea, y el que mejor explica la Biblia como un todo.

5. Por la nube de testigos

Es triste, pero desde la superficial perspectiva del cristianismo evangélico de hoy, centrado en sí mismo y con poco interés en el pasado —o sea, en las raíces del pueblo de Dios—, la “versión” reformada es la que parece rara, increíble, y tan minoritaria como para parecer de un sector de la iglesia extremista, sectario, y herético. Pero los que han estudiado la historia de la Iglesia saben que desde el gran despertar que fue la Reforma protestante del siglo XVI y hasta muy entrado el siglo XVIII, esa “versión” reformada fue la normal y una que produjo todo un ejército de predicadores, pastores, misioneros, y teólogos cuya estatura, a mi entender, todavía no se ha superado.

Y todas esas otras “versiones” que hoy nos parecen tan normales son relativamente jóvenes. Es más, ¡me atrevería a decir que la inmensa mayoría de los cristianos evangélicos hoy día comparten, pero sin darse cuenta de ello, la posición semipelagiana de la Iglesia católica romana, una posición tan eficazmente criticada y herida de muerte por Agustín de Hipona hace nada menos que mil seiscientos años!

De acuerdo, lo que importa es la enseñanza de la Biblia, nuestra única fuente de autoridad absoluta, y aun la mayoría puede estar equivocada. Pero si creemos que la teología bíblica ha de hacerse dentro de la comunidad de la fe, tampoco debemos descartar casi sin más a uno de los sectores de la Iglesia cristiana que a lo largo de los siglos más ha aportado al bienestar de la Iglesia y a la defensa y proclamación del evangelio: a saber, el sector reformado.

¿Por qué ser reformado? Estas son algunas de las razones que tengo. Habrá otras, y seguramente tan buenas o mejores. Y sin duda habrá también razones para no ser reformado, entre ellas los errores, pecados, incoherencias, y orgullo teológico de muchos cristianos reformados. Todo esto nos lleva a una doble llamada: a todos los cristianos reformados, que examinemos y corrijamos el flaco favor que hemos hecho y hacemos a nuestra propia causa, y a todos los cristianos todavía no reformados, que hagan un mayor esfuerzo por entender y saber valorar en su justa medida la aportación que pueda hacer a la causa de Cristo tanto el pensamiento como el pueblo reformado.


Adaptado de un artículo publicado en www.reformados.es.
Imagen: Unsplash.
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